Confieso que a pesar de considerarme incondicional del terror y de cualquier cosa que proceda de Italia, nunca he sentido una gran pasión por
Confieso que a pesar de considerarme incondicional del terror y de cualquier cosa que proceda de Italia, nunca he sentido una gran pasión por Dario Argento. Quizás se salvan algunas pelis de psicópatas de su primera etapa, como L'uccello dalle plume de cristallo o Profondo Rosso, aunque lo que más me gusta son los títulos oríginales (eso de Profondo Rosso, siempre me ha sonado muy bien). En la famosísima Suspiria sólo me hicieron un poco de gracia las breves intervenciones de Miguel Bosé como amante bandido de la directora del internado. ¿Quién heredará su papel en el remake que prepara David Gordon Green?
Así las cosas, me temía lo peor cuando acudí a ver Drácula 3D, enésima revisión del mito del vampiro transilvano. Mis temores se acrecentaron aún más cuando comprobé que en los títulos estaba acreditado como guionista nada menos que Enrique Cerezo, ¡el presidente del Atlético de Madrid!
Se trata de un Drácula pobre, cual aristócrata en decadencia de Luchino Visconti, con una estética robada de las películas de Paul Naschy, y que en lugar de adaptar la novela parece que mezcla elementos de diversa procedencia al tuntún. Por ejemplo, Mina Harker resulta ser el vivo retrato de su amada, como en la cinta de Francis Ford Coppola. Jonathan Harker esta vez no ejerce como en el libro de agente inmobiliario que acude a venderle al vampiro propiedades en Londres, pues el presupuesto no da para cambiar de localización. Así que ha devenido en bibliotecario, al que el conde llama para que le ordene los libros, no se sabe muy bien por qué.
Pero sobre todo es un film aburrido que provoca más de un bostezo y durante cuya proyección uno se pregunta constantemente, ¿qué aporta este truño si ya existen joyas como Nosferatu, la versión de Tod Browning, y la que rodó Terence Fisher, que siempre será mi favorita? Supongo que sus responsables dirán que ésta es en 3D, pero es que su director sólo parece encontrarle utilidad para exhibir el volumen de los pechos de sus actrices, pues se empeña en mostrar todo el rato los desnudos de Miriam Giovanelli y (una vez más) de su propia hija, Asia Argento, que por cierto sigue guapísima a su edad. ¡Vaya con las italianas! En su crítica, Variety dice de Drácula 3D que a pesar del título tiene personajes unidimensionales. A mí las gafas cada vez me afectan más, hasta el punto de que salí con los ojos tan 'profondo rossi' que parecía yo el vampiro.
Al menos, Drácula 3D llega a producir una enorme hilaridad, involuntaria, en un impagable momento en el que acude a buscar a la chica el amenazador vampiro transformado en una especie de saltamontes gigante de color verde fosforito. ¿Será ésa la contribución de Enrique Cerezo al guión?
