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Zona friki

Jesús Franco, el Ed Wood que no quiso ser Orson Welles

Aluvión de fallecimientos. Esto parece una epidemia. Consulto hoy un periódico de información general y constato la muerte de

Jesús Franco, el Ed Wood que no quiso ser Orson Welles

Aluvión de fallecimientos. Esto parece una epidemia. Consulto hoy un periódico de información general y constato la muerte de José Luis Sampedro, responsable de una de mis novelas favoritas, "La sonrisa etrusca". Estos días hemos perdido también a la Dama de Hierro, y a varios significativos personajes del cine –no paramos de escribir obituarios–, entre ellos a Sara Montiel, nuestra primera pica en Hollywood, cuando Pe no era ni siquiera un proyecto de su madre. Al ser éste un blog de terror y cine fantástico llevo unos días pensando en escribir unas líneas sobre Jesús Franco, pero no me he atrevido hasta ahora...

La razón es bastante sencilla. Por respeto al difunto, se tiende a ensalzar sus aciertos, y a minimizar sus errores. O sea, que de Saritísima oímos mucho estos días que rodó Veracruz con Gary Cooper y Burt Lancaster, pero poco se ha mencionado a Tony Hernández. En el caso de Franco, confieso que me parecía un abuelillo entrable, bien simpático, pero que sus películas me parecen un bodrio total.

¿Existe algo peor que un médico bienintencionado que intenta curarte por todos los medios pero que acaba resultando totalmente ineficaz por su falta de actitud para la Medicina y sus nulos conocimientos de la materia? Sí que lo hay, uno que valga para ello y conozca la materia pero que no tenga interés alguno en sanarte.

Se consideraba que Ed Wood era el peor director de la Historia del Cine, hasta que inició su carrera Jesús Franco. Como cuenta Tim Burton en una de sus mejores películas, el estadounidense venía a ser una especie de iluso que quería ser Orson Welles y elaborar obras maestras, pero por mucho que se esforzara, desgraciadamente era un freak que sólo era capaz de rodar bodrios (con cierta gracia, todo hay que decirlo).

Por contra, Jesús Franco trabajó con Orson Welles, pues en concreto fue su ayudante de dirección en la magistral Campanadas a medianoche. No creo que el genial cineasta estadounidense le hubiera mantenido en su puesto de ser un inútil total, e incluso quiso repetir con él en su Don Quijote (1992) y en La isla del tesoro, dos proyectos que nunca consiguió terminar.

Pero cuando Franco se pone al frente de sus propias películas, mi sensación es que no tenía ningún interés en contar ninguna historia, que simplemente ha rellenado metraje con cualquier cosa, con tal de acabar cuanto antes el rodaje todos los días, y poder estar prontito en casa para irse a dormir la siesta. Literalmente es así. Recuerdo con cierto cariño los murciélagos de plástico tan mal hechos de Killer Barbys, en un primer plano que encima mantiene durante un buen rato, como si el realizador se regodeara de su propia cutrez.

El caso del tío Jess –mote por el que se le conocía– me recuerda a una anécdota de mi infancia. Una tarde tenía pendientes un montón de deberes de Matemáticas, pero me fui a jugar a las maquinitas con unos amigotes por lo que no hice absolutamente nada. Como sabía que el profe iba a comprobar al día siguiente que habíamos cumplido, decidí rellenar aleatoriamente todos los resultados de las multiplicaciones. Al fin y al cabo, a simple vista parecía que las había hecho, y si me echaban en cara que no estaban bien, siempre podía aducir que me había equivocado.

Obviamente no coló. Y el cine de Jesús Franco tampoco. Con el agravante de que pienso que el viejo colaborador de Welles sabía obviamente algo de cine. No le daba gana de intentar rodar algo decente.

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