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En cuatro ocasiones han colaborado en la escritura de un guión Woody Allen y Marshall Brickman. Tres de sus libretos los llevó al cine el propio Allen en la década de los 70, “El dormilón” (1973), “Annie Hall” (1977) y “Manhattan” (1979), el segundo de los cuales les dio el Oscar. Hubo que esperar a 1993 para que la divertidísima propuesta de “Misterioso asesinato en Manhattan” se convirtiera en película. Analizamos este guión, con motivo de la reciente edición de la película en Blu-ray.

El libreto de Woody Allen y Marshall Brickman de Misterioso asesinato en Manhattan sienta enseguida las bases de la historia, una trama de asesinato pero con un divertidísimo punto de enredo, que invita a reflexionar sobre las vicisitudes de la vida conyugal. El marco, Manhattan, en Nueva York. Y la presentación del matrimonio Lipton, formado por Larry (Woody Allen) y Carol (Diane Keaton), entre los que existe una innegable complicidad, se conocen bien y lo pasan bien juntos, ella cede acudiendo a un absurdo partido de hockey sobre hielo donde la minúscula pelota es imposible de ver, él está dispuesto a acudir a la ópera, aunque asegure que lo hará pertrechado de tapones para los oídos, y confesando que cada vez que escucha a Wagner le dan ganas de invadir Polonia.

La muerte sale al encuentro

Ambos son profesionales de clase media intelectual -él es editor, ella está dando pasos para poner un restaurante- corren el riesgo de caer en la rutina, más teniendo a su único hijo fuera de casa, en la universidad. Así, entretienen su tiempo buscando pareja para su amigo Ted (Alan Alda), recientemente divorciado, y que siempre ha estado enamorado de Carol. Y Larry tienen conversaciones con una de sus autoras, Marcia Fox (Anjelica Huston), que piensa que podría ser una buena cita para Ted, además de que podría darles algunas clases de póker, lo que habla también de ese saber poner la cara adecuada a lo que puede ser una existencia gris y repetitiva.

misterioso8El subtexto de la asistencia al cine a un clásico del cine negro, Perdición (Billy Wilder, 1944), una historia de asesinatos, complicidad con una amante, chantaje y cobros de seguros, anticipa la trama detectivesca casera en que Larry y Carol, con la asistencia de sus amigos Ted y Marcia, se verán envueltos. Todo viene a cuento del encuentro casual de Larry y Carol en el ascensor con un matrimonio anciano vecino, Paul (Jerry Adler) y Lillian House (Lynn Cohen), con el que nunca habían hablado. Éstos les invitan a su apartamento, , Paul habla de su colección de sellos y de la vieja sala de cine de su propiedad, explican lo felices que son, y cómo pronto van a celebrar su aniversario. Parecen muy unidos, por lo que la noticia posterior de que Lillian ha sufrido un infarto y ha muerto deja en estado de shock a toda el vecindario, incluidos los Clipton. Se trata del detonante de la película, que pone en marcha la trama.

misterioso7Más tarde Larry y Carol se encuentran con Paul, pero la verdad es que no tiene en absoluto el aspecto de un viudo desconsolado. Les invita a su apartamento, pidiendo que traigan el pastel que Carol les había prometido, y decididamente la conversación tiene un aspecto frívolo que no casa con las circunstancias de una muerte repentina e inesperada de alguien muy amado. Se desata entonces el instinto detectivesco de Carol, que está con la mosca detrás de la oreja. Ruidos en la madrugada en casa del vecino alimentan su curiosidad, y aunque el más conservador Larry trata de frenarla, acabará sumado a la aventura de espiar a Paul para saber un poco más acerca de cómo ha sido la muerte de Lilian. Noticias de que ha sido incinerada, y el encuentro casual de su urna cuando Carol buscaba café en la cocina, lo que desmiente el plan de que la pareja iba a ser enterrada en tumbas gemelas, una idea romántica que les había impactado, hace las sospechas crezcan. Y de este modo la narración se mete de lleno en el segundo acto de la historia, lo que sería propiamente la investigación.

Mantener la intriga

La habilidad del libreto de Allen y Brickman es mantener el interés con algunos quiebros, de modo que lo que podría parecer una aventura estúpida de quienes viven una existencia aburrida y sin alicientes, tenga grados de verosimilitud. Se juega así con el paralelismo entre el matrimonio protagonista, y el que es objeto de una investigación. Tal vez la apariencia de felicidad en ambos casos es solamente eso, apariencia. Si uno rasca en la superficie e investiga, puede que se lleve más de una sorpresa. Y quizá para que la vida valga la pena, hay que buscar novedades, reinventarse.

misterioso1De modo que Carol hace una labor de seguimiento del sospechoso en toda regla, e involucra en ello a Ted, más receptivo que Larry a averiguar qué ha pasado exactamente. De modo que se llaman por teléfono, y pasan horas en el coche viendo los pasos de Paul. Y Larry, aplicando las técnicas del póker que le enseña Marcia a su vida matrimonial, tendrá que seguir el juego de su mujer aunque no vaya con su temperamento. La idea de renovar el amor, de impedir que la rutina arruine una relación, se apunta todo el tiempo, está presente todo el tiempo. Porque Ted y Marcia son elementos novedosos en el quehacer diario de Carol y Larry, hasta el punto de que entran en funcionamiento los celos, una señal de que deberán esforzarse si quieren que lo suyo funcione y salga vigorizado de la aventura en que están metidos. Claramente Larry lo hace venciendo su reticencia a vigilar al vecino, involucrándose de lleno en la gran aventura emprendida por Carol.

Como digo, la trama está atravesada de momentos que elevan el interés de una intriga con rasgos de andar por casa, pero en la que se va confirmando que sí, que ha habido un asesinato, un par de cadáveres, amantes despechadas y un adulterio. Los momentos para atrapar la atención se suceden. Ahí está la escena en que Carol se cuela en casa de Paul, y descubre hechos muy sospechosos, como la reserva de un vuelo a París para una él y una tal Helen. La tensión es máxima cuando Paul vuelve inesperadamente al apartamento y Carol debe esconderse bajo la cama. Momentos como el descubrimiento de que Lillian está viva -¿o será su hermana gemela?-, para luego encontrarla muerta en el hotel donde se esconde, y más tarde, cuando llega la policía, tengamos el cadáver desaparecido, aunque finalmente reaparece en el techo falso del ascensor, no dejan un momento de resuello.

misterioso5Finalmente, Larry y Carol siguen una noche de niebla a Paul que acaba deshaciéndose del cadáver de Lilian en una fundición. Llegados a este punto parece que están ante un callejón sin salida, pues sin cuerpo no pueden demostrar nada. Pero reunidos con Ted y Marcia, piensan que aún pueden jugar una carta: la del chantaje, asegurando que tienen en su poder el cuerpo de Lillian, aunque no sea cierto.

El juego de los espejos

Se llega así al tercer acto, donde se desarrolla la estratagema para que Paul se traicione, y que conduce al clímax, homenaje a la película La dama de Shanghai de Orson Welles, con el que la película se precipita hacia su final, donde se resuelve con detalle la trama criminal y el matrimonio de Larry y Carol sale fortalecido con su aventura.

misterioso11La idea es jugar con la complicidad involuntaria de Helen, amante de Paul y aspirante a actriz: la citarán para una audición y grabarán frases que luego puedan usar en una supuesta llamada telefónica a Paul, en que le avisa de que sus vecinos los Clipton tienen el cadáver de Lillian y reclaman 200.000 dólares por su entrega. Se trata de uno de los pasajes más desternillantes del libreto, en que los cuatro amigos deben jugar con la grabación editada, para decir a Paul lo que debe oír, lo que supone usar la cinta adecuada según los distintos modos en que reacciona el asesino interlocutor. Sabedor de que los Clipton lo saben todo, Paul retiene Carol contra su voluntad, y cuando llama Jerry para dictar las condiciones de entrega del dinero y el cuerpo, el otro le devuelve el chantaje amenazando con hacer daño a su mujer. El clímax se produce entre las bambalinas de la sala de cine, donde hay muchos espejos, durante la proyección de la película La dama de Shanghai. La escena de los espejos de ese film se confunde con lo que está ocurriendo fuera de la pantalla, también con la intervención de la ayudante de Paul, enamorada coja y despechada de su jefe, que acaba disparándole al saberse traicionada en beneficio de una amante más joven.

Fiel al tono ligero y gamberro de Allen, no exento de cierto cinismo, su “happy end” en lo relativo a la relación duradera de Carol y Larry, viene acompañado de lo que podría ser otra relación feliz, la de Ted y Marcia, aunque el primero confiesa que tendrán que esperar un poco, está exhausto de haber “entretenido” a Helen, la amante de Paul aspirante a actriz, para que no interfiriera en el simulacro de chantaje sin cuerpo.

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