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Blog de Hildy

Con "Los dos papas" y "The New Pope"

Netflix, HBO y Mediapro, más papistas que el Papa

Hubo un tiempo en que acometer producciones sobre curas, obispos y papas se consideraba tarea adecuada para compañías confesionales que veían en el cine y las series una forma de catequizar. Curiosamente ahora productoras “laicas” emprenden su particular “predicación”, seducidos por la figura del Papa y la liturgia católica.

En su día Las sandalias del pescador, best-seller de Morris West, y popular película protagonizada por Anthony Quinn, nos mostraban las interioridades del Vaticano. Y hasta éramos testigos de cómo podía transcurrir un cónclave para la elección de un nuevo Papa, acontecimiento que tiene lugar en la Capilla Sixtina a puerta cerrada, y que invita a la imaginación, ya que no existen imágenes reales de cómo se desarrolla uno. Curiosamente, en apenas un mes hemos podido ver representados en la pantalla nada menos que ¡4 cónclaves!, gentileza de la película de Netflix Los dos papas –las elecciones de los auténticos Benedicto XVI y Francisco– y la serie de HBO y Mediapro The New Pope –la llegada a la sede de Pedro de los ficticios Francisco II y Juan Pablo III–. Por si fueran pocos pontífices, tenemos también al comatoso y fantasmal Pío XIII.

¿A qué se debe tanto interés? ¿Acaso Reed Hastings, Bob Greenblatt y Jaume Roures, capitostes de las mencionadas compañías, quieren ser bautizados, o hacer un retiro espiritual en las dependencias vaticanas? ¿Les mueve un arrebato místico, tal vez han tenido una visión? Me temo que no. Simplemente cada uno ha dado luz verde a producciones que se aprovechan del atractivo afectivo y estético que despierta la Iglesia en parte del público, pero sin planteamientos que puedan calificarse de espirituales. Resulta interesante ofrecer un análisis de ambas producciones, señalando su punto fuerte y sus limitaciones.

Pienso que Los dos papas es el ejemplo perfecto de lo difícil que es hacer un cine histórico que haga justicia a los personajes y sucesos de los que son protagonistas. La película de Fernando Meirelles cuenta con un guionista, Anthony McCarten, que se ha especializado en retratar personajes auténticos, desde Stephen Hawking a Freddy Mercury, pasando por Winston Churchill. Y claro, en un par de horas es difícil dar cuenta de la complejidad de dos extraordinarios seres humanos, Bergoglio y Ratzinger, de modo que se caen en simplismos y estereotipos, iglesia progre frente a iglesia carca, tipo extrovertido y cercano frente a sabios en las nubes y sin amigos. No es sencillo, se puede decir en su favor, y por otra parte nadie dijo que Shakespeare retratara a los reyes ingleses tal y como eran, y sin embargo, sus obras de teatro son sencillamente geniales.

Me da pena lo que ha hecho Paolo Sorrentino con la serie The New Pope, y que ya se apuntaba en su predecesora The Young Pope, y es que el italiano se queda con la cáscara estética del arte y la liturgia en la Iglesia, parece que eso le gusta más que a un tonto un chupachups, y se recrea en la cosa, sin aportar nada. El tipo se queda como embobado con las vestiduras eclesiásticas, los ritos para la elección papal, las posturas de oración, los confesonarios... Y se empeña en “epatar” con la transgresión que ya no sorprende a nadie, la iglesia es un “punching ball” bastante cómodo, no ponen bombas como respuesta a la irreverencia, así que ahí van monjas lascivas, papas dandys, escándalos sexuales, vivir la castidad resulta imposible e insano, se nos dice, una idea que seguramente comparte el ídolo caído y juzgado estos días Harvey Weinstein.

El ejercicio de estilo, vacuo, se adereza con declaraciones pomposas pero inanes, no hay atisbo de espiritualidad, Jesús parece que no existe en esta serie, resulta evidente que nadie de los que participa en la realización está haciendo un ejercicio de fe católica. En todo caso, es fe en que lo religioso sólo puede ser abordado jugando a la provocación, aunque sea una provocación escasamente constructiva. A veces me pregunto si La gran belleza no fue un espejismo.

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