Hasta hace 4 días la taquilla de 2024 era para echarse a llorar, nadie pisaba una sala de cine. Y de pronto “Del revés 2” ha hecho el milagro, lo que debería hacer pensar un poco a Hollywood... y a las personas que rigen los destinos del mundo.
Ni la previsiones más optimistas invitaban a pensar que Del revés 2 recaudaría 150 millones de dólares, solo en Estados Unidos, y las proyecciones apuntan a que podría llegar hasta 500, sólo en el mercado doméstico. Si sumamos la previsible alta recaudación en el resto del mundo, cabe decir que, por fin, Pixar ha logrado levantar cabeza. Cierto que el film original, Del revés, fue un éxito sin paliativos, pero la pandemia condenó a Onward, y Disney optó por estrenar los tres siguientes títulos de su filial en Disney+, lo que entibió mucho la acogida dispensada a Soul, Luca y Red, mientras que los experimentos de películas con “mensaje”, Bob Iger dixit, Lightyear y en menor medida, Elemental, pusieron a los padres con la mosca detrás de la oreja, con peores resultados de los deseados.
Y ahora han decidido poner las cosas “del derecho” –que no “de derechas”, que no se me equivoquen los que “votan con la zurda”–, con el efecto de que las familias han devuelto su confianza a Pixar y Disney respaldando a Del revés 2. Vale, la peli sigue algunos “tips” del cine que toca hacer hoy con su previsible apuesta por el empoderamiento femenino, pero ni de lejos estamos ante obvios “guiños” LGBTI con las funestas consecuencias señaladas. Ya lo he señalado en otros posts, la gente no va al cine, está cansada, la mayoría de los estrenos tiene escaso atractivo para el espectador medio, que no es que renuncie a ver películas, pero se espera a que estén disponibles en plataformas de streaming, le cuesta rascarse el bolsillo en la taquilla. La tendencia ha cambiado con Del revés 2, y la razón es bastante sencilla: hay familias con niños, que quieren ir al cine, y brindar a sus hijos un entretenimiento espectacular, divertido, con un trama inteligente y sin complicacions, con valores. Tan sencillo como eso.
Y sin embargo, no todo el mundo entiende que el cine se salva, de momento, gracias a las familias y las películas familiares. Lo pensaba con motivo de la reunión este fin de semana pasado en el sur de Italia del G-7, con el presidente francés Macron empeñado en meter en la declaración final, sin que viniera a cuento de nada, una proclamación a favor del derecho al aborto, tras incluirlo en la constitución de su país y propugnar lo mismo en la Unión Europea. La primera ministra italiana y anfitriona Meloni, toda una mujer empoderada, le paró los pies, y la cara de consternación del otro era un poema, pero a lo que voy, no se entiende que con el planeta en pleno invierno demográfico, especialmente preocupante en Occidente, y con la población mundial a la baja, el mandatario galo se afane en promover el aborto. En cualquier caso, y en lo que al cine atañe, tal política significa menos potenciales espectadores, menos niños y menos familias interesadas en ver películas como Del revés 2. Esto sí que es remar al revés, en dirección contraria a los intereses de los que hacen el cine.
La nueva película de Pixar acierta al hacer el retrato de la típica adolescente, aquejada sobre todo por una emoción que hace estragos a esa edad, la ansiedad, que quiere responder deprisa y corriendo ante nuevas situaciones, hay deseos de quedar bien ante la persona a la que se admira, tener las opiniones y gustos correctos para encajar en el nuevo grupo de un equipo de hockey. También tiene sentido que aparezcan las nuevas emociones de vergüenza, aburrimiento –ennui en francés, que queda muy chic– y envidia, pues son tendencias que suelen aparecer en esta etapa de la vida, incluida la del sarcasmo. Me atrevería a poner no obstante un pero en las emociones de esta película y su predecesora, y es que, excepto alegría, tienen un matiz negativo: ira, miedo, asco, tristeza y las ya mencionadas, adolecen de ese sesgo, aun cuando pueda uno sostener que una dosis adecuada de miedo o tristeza, en determinadas situaciones, es buena y contribuye a configurar un carácter o personalidad –me gusta más que la palabra que usa el film, identidad– equilibrados. En cualquier caso nada habría costado incorporar emociones como la generosidad o la compasión, por ejemplo, que también notamos en nuestro interior. Pero en fin, brindemos porque Pixar siga la senda de buenas películas, y que las salas de cine se llenen de títulos capaces de interesar al público.
