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Blog de Hildy

No son temas incompatibles, pero...

¿Se debe hablar en el Festival de Cannes de cine o de política?

Parece bastante razonable que en un festival de cine se hable... de cine. De películas. De logros de grandes maestros, de descubrimientos de nuevos cineastas, de tendencias e historias que te dejan boquiabierto. También se puede hablar de política, sí, porque el ser humano es libre y habla de lo que le viene en gana, pero sobre todo cuando viene a cuento, o sea, cuando las mismas películas abordan cuestiones políticas de calado.

¿Se debe hablar en el Festival de Cannes de cine o de política?

Pero vivimos la realidad de un mundo polarizado, de personas crispadas, que dicen lo que piensan aunque no piensen, de modo impulsivo, en redes sociales y abruptamente, con demasiada frecuencia insultando y faltando al respeto. No hay diálogo, sólo el deseo de reafirmarse en la propia posición, y una presión bestial para posicionarte sobre la causa palestina, la guerra de Irán, los peligros de la ultraderecha, las narcodictaduras, el derrocamiento de regímenes y su legitimidad, el derecho a suicidarte o a eliminar la vida del no nacido, la posibilidad de adoptar la identidad sexual o animal que más te apetezca, Trump, Putin, el cambio climático... Si recibes un premio o formas parte del jurado de un festival, prepárate a que te pregunten qué piensas de esto o de aquello, y ay de ti si te vas por los cerros de Úbeda, o si se te ocurre decir que no eres un experto en la materia, o no tienes una opinión bien formada o fundamentada. Te dirán que no estás en el lugar correcto de la historia, te llamarán tibio o lo que haga falta.

De modo que, los lunes al sol, una novedad, ha empezado el Festival de Cannes y Pedro Almodóvar nos dice en Los Angeles Times que Estados Unidos ha dejado de ser una democracia, y que Javier Bardem fue el único valiente que se atrevió a pedir una Palestina libre en los Oscar, mientras el resto de los asistentes a la gala guardaban silencio. O sea, he venido a hablar aquí, no de mi libro o de mi película, que también, sino de política, y de política de Estados Unidos, “Hay quien dice que quizá sea una democracia imperfecta, pero yo realmente no creo que Estados Unidos sea una democracia ahora mismo. Lo desgarrador e irónico es que la democracia ha dado lugar, a través del mecanismo de votación adecuado y correcto, a este tipo de régimen totalitario. Y es tanto una paradoja como algo increíblemente triste.” Por supuesto, mientras tanto, España va bien con Pedro Sánchez, a pesar del peligro fascista que no cesa, porque condena el genocidio de Gaza...

Llueve obviamente sobre mojado pues hace un par de meses la masa enfurecida pedía la dimisión de la directora del Festival de Berlín Tricia Tuttle por orillar la cuestión política –sin embargo, ha sido confirmada en su cargo– y el maestro Wim Wenders, presidente del jurado, fue puesto a caer de un burro por no apoyar las causas correctas.

Seguramente con el precedente berlinés, y con el deseo de demostrar que en Cannes son más libres que nadie, se han puesto la venda antes de la herida, y todo el mundo se ha puesto a parlotear. Así, el productor Mike Downey, antiguo presidente de la Academia Europea de Cine asegura que la neutralidad es imposible, y que hay que controlar el relato antes de que te lo impongan. Cabría preguntarse el relato de qué, y si lo de neutralidad imposible no es ya un relato, pero claro, el linchamiento si te atreves a decir eso está garantizado.

Todavía recuerdo el silencio absoluto sobre la guerra de Irán en los Goya, precisamente por falta de relato. Allí estaba como espectador el iraní Jafar Panahi, nominado al premio a la mejor película europea, viendo cómo los premiados ignoraban a su país, atacado el día anterior el régimen de los ayatolás, y es que no se sabía cuál era la postura “buena” en el conflicto.

Demi Moore, miembro del jurado en Cannes, y gran actriz, llevaba bien aprendido su texto, y cuando le preguntaron dijo con convicción la siguiente estupenda vaguedad, que queda fenomenal: “Creo que parte del arte tiene que ver con expresarnos, por lo que si empezamos a censurarnos a nosotros mismos, cerramos el núcleo mismo de nuestra creatividad, que es, creo, donde podemos descubrir la verdad y las respuestas.”

Aún más perspicaz se mostró el presidente del jurado y director de cine coreano Park Chan-wook al aseverar que “no creo que la política y el arte deban separarse. Es un concepto extraño pensar que están en conflicto. Solo porque una obra de arte contenga una declaración política, no debería considerarse una enemiga del arte. Al mismo tiempo, solo porque una película no haga una declaración política, esa película no debería ser ignorada.” O sea, lo que viene a decir es que una película puede hablar de política, y por tanto al hablar de esa película, habrá que hablar de política. Lo que queda claro en otra observación suya, que la declaración política más brillante puede devenir en propaganda si faltan el arte y la belleza. Además afirmó que acude al festival “con los ojos puros de un espectador, sin ningún tipo de prejuicio o estereotipo, solo con la emoción de ver películas que me sorprendan”. Chapeau, ése es el espíritu. Y no hablar de la actualidad política sin ocasión que lo justifique.

En la misma línea se ha manifestado hace poco el actor Billy Bob Thornton, de moda por la serie Landman. Un negocio crudo, en el podcast de Howie Mandel, diciendo que hay cosas “mucho más importantes que el que un actor, actriz o músico le diga a la gente por quién votar, porque es como, quiero decir, hay un tipo indeciso, ya sabes, y es como, bueno, Dash Rip Rock lo dijo en los Globos de Oro, así que [por ese] voy a votar”. Y añade “no sé nada de política, no tengo ni idea. Y las cosas que creo al respecto, no quiero metérselas por la fuerza a nadie en la cabeza porque no soy un experto en eso.”

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