El pasado 26 de marzo se cumplía el centenario del dramaturgo y también guionista sureño Tennessee Williams , autor de un puñado de obras vibrantes y
El pasado 26 de marzo se cumplía el centenario del dramaturgo y también guionista sureño Tennessee Williams, autor de un puñado de obras vibrantes y desgarradoras, que bucean en las honduras de almas rotas, ahí están maravillas como Un tranvía llamado Deseo, La noche de la iguana y El zoo de cristal para atestiguarlo. Tengo la sensación de que la efeméride no ha estado muy presente en los medios, aunque se trata sin duda de un artista cuya obra sigue vigente y se representa con frecuencia en los escenarios. Tal vez su recuerdo se vio apagado por la muerte tres días antes de Elizabeth Taylor, que acaparó justamente titulares en todo el mundo. Curiosamente, una de las películas más amadas de la Taylor se basa en una obra de Williams; me refiero, claro está, a La gata sobre el tejado de zinc. Era la la obra favorita del autor, según él “la que está más próxima de ser a un tiempo una obra de arte y una muestra de oficio”. Sin embargo, no apreciaba tanto la película de Richard Brooks, y en cambio estaba mucho más orgulloso del resultado obtenido en De repente, el último verano y, especialmente, en La mujer maldita, también basadas en textos suyos. Williams describió a la actriz en sus memorias, de 1960, como “excesivamente bella” y “maravillosa estrella femenina”.
El centenario de otro gran dramaturgo también muy relacionado con el cine, el británico Terence Rattigan, corre gran riesgo de pasar igualmente inadvertido. Como aún quedan un par de meses para su cumplimiento, el próximo 10 de junio, me adelanto a ver si así arrastro a comentaristas más conspicuos a prestar nuevamente atención a su valiosa obra dramática. Mesas separadas es un clásico indiscutible, las vicisitudes de una serie de personajes que coinciden en un hotel están perfectamente trenzadas, y el reparto del film de Delbert Mann es de primera especial, no en vano David Niven se llevó a casa un merecido Oscar. La versión Browning tuvo dos valiosas versiones, y reconozco mi debilidad por esta obra y su inteligente defensa de la enseñanza de las humanidades en la escuela. Y David Mamet adaptó con maestría El caso Winslow, que aborda cuestiones tan apasionantes como la defensa de la inocencia, el sentido de justicia y la necesidad de la confianza.
