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Blog de Hildy

Perro blanco, perro perdido, poco importa si da pie a buenas películas

Confieso sentir poca afinidad por las películas con perros. En decine21.com dedicamos hace tiempo una lista a las mejores películas de

Confieso sentir poca afinidad por las películas con perros. En decine21.com dedicamos hace tiempo una lista a las mejores películas de animales, y la verdad, me sonrojaba un poco ver en esa lista joyitas como Beethoven. Uno más de la familia, en el mejor de los casos una simpática película familiar. Sea como fuere, en el plazo de una semana he visto dos películas perrunas que me han reconciliado un tanto con el cine canino. ¡Guaaaaaaaaaaau!

Por un lado está ¡Por fin solos!, de Lawrence Kasdan, que supone el regreso a la dirección de Lawrence Kasdan después del malísimo sabor de boca que nos dejó con su inesperada incursión en el terror de Stephen King en la olvidable El cazador de sueños. En la reseña del film que se puede consultar en esta web ya se deja constancia de la condición de “obra ligera” de esta película, pero ello no impide para disfrutar con un cuadro de personajes estupendamente interpretados por un gran plantel de actores. Lo curioso es que el salvamento de un perro un día de gélido invierno es la excusa argumental que conduce a un flechazo y posterior boda; y el extravío del mismo animal es otra triquiñuela para mostrar a un grupo en acción, que supera sus prejuicios, manías, recelos, tiquismiquis, y estrecha lazos. La verdad, no entiendo muy bien que esta película la describan algunos como una trama sobre “el síndrome del nido vacío”, aunque, en efecto, Diane Keaton y Kevin Kline hayan visto cómo sus dos hijas dejaban el hogar para formar sus propias familias; no creo que sea lo definitivo del film, pero...

La otra película perruna que he visto este fin de semana, ha sido en DVD, y la dirige un director que admiro mucho, Samuel Fuller nada menos. Perro blanco, en cuyo guión participa un primerizo Curtis Hanson, es una película sorprendente. Pura serie B, pero, ojalá fueran así todas las series B. Es una película inquietante, con ese perrazo blanco al que, al igual que ocurre en el film de Kasdan, la protagonista salva la vida llevándolo al veterinario. Luego el animal le corresponde, protegiéndole con fiereza de un intento de violación. Pero a medida que avanza la trama, averiguamos que el animal es un “perro blanco”, adiestrado para atacar y matar a personas negras. El intento de reeducarlo me recordó a La naranja mecánica de Stanley Kubrick, un entrenador negro se esfuerza por cambiar los hábitos del animal, tarea nada sencilla: al perro le pasa como a Malcolm McDowell, a quien la novena de... ¡Beethoven! (no el perro) le disparaba sus peores instintos. Fuller crea tensión con maestría, y juega con el perro blanco, que tan pronto nos parece que tiene rasgos demoníacos, como, casi a renglón seguido, nos produce verdadera lástima.

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