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Entrevistas

Estrena película basada en la historia real de Hildegart y Aurora Rodríguez

Paula Ortiz, directora de "La virgen roja": "Sin el amor, no hay nada"

Me reúno con Paula Ortiz en el Ateneo de Madrid, para hablar de su nueva película “La virgen roja”, basada en personajes reales, Hildegart y Aurora Rodríguez. Le cuento que a Billy Wilder y William Wyler les solían confundir, y que al primero le felicitaban por su película “Vacaciones en Roma”.

Paula Ortiz, directora de "La virgen roja": "Sin el amor, no hay nada"

Paula Ortiz, eres de Zaragoza como Pilar Palomero. ¿Os pasa lo mismo que a Wilder y Wyler, también os confunden?

Con Pilar, el otro día, todo el rato. A ella la llamaban Paula y a mí Pilar. Nos conocemos desde hace mucho y sí, somos de Zaragoza, pero hacemos un cine muy distinto.

¿Cómo llega a ti esta historia de La virgen roja y la haces tuya? Por que el guión es de Eduard Sola y Clara Roquet.

En realidad esto es como una concatenación de acontecimientos muy bonita. La historia la conocí cuando estudiaba en la facultad de filosofía y letras de Zaragoza, a través de una profesora de historia contemporánea, Ángela Cenarro. Ella nos hablaba de las pulsiones y contradicciones que recorrían las primeras décadas del siglo XX, y explicaba la eugenesia, esa protociencia aplicada a la ingeniería social, y que fue aplicada a la lucha social de los trabajadores por sus derechos y al feminismo. Y que también hizo suya Hitler.

A partir de ahí me contó la historia de una mujer que había querido tener una hija eugénica. Cuando escuché eso me explotó la cabeza. Me pareció fascinante. Eran dos personajes brillantes e incomprensibles. Lanzadas hacia el futuro, y al mismo tiempo oscuros, terribles. A través de Aurora e Hildegart he comprendido la frase de que “los sueños de la razón engendran monstruos”.

Esta historia escuchada en la facultad no me ha abandonado nunca. Seguí leyendo, informándome. Y reaparecía en mi vida. Siendo profesora, tuvimos un proyecto llamado “Cartas vivas” con la Universidad de Barcelona y la de Exeter, sobre cartas de mujeres que habían estado en el centro del poder. Y la primera que abordamos fue Hildegart Rodríguez.

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Cuando [la productora] María Zamora me escribió, proponiéndome dirigir la película, cuyo guión estaban empezando a escribir Eduard y Clara, le contesté inmediatamente que sí. “Es que no sabes”, le dije, “Hildegart Rodríguez Carballeira ha estado conmigo siempre...” Se quedó patidifusa, y Eduard se reía diciendo que yo era una enciclopedia viviente de Hildegart. Y es que todo el tiempo aparecían como nuevas brechas sobre ella a mi alrededor, hay mucha información. Ahora mismo llevo un libro de Hildegart en la mochila, “Sexo, amor y revolución”. Es inagotable.

El enfoque es muy distinto al de Mi hija Hildegart, con guión de Fernando Fernán Gómez y Rafael Azcona. ¿La has visto? ¿Te gusta?

La vi de cría en La 2, en televisión, por la noche. Y no sabía que era de ellos. Luego me resonó y se me quedó, porque era una brutalidad de historia. Cuando me propusieron la película, decidí no volver a verla porque a Fernán Gómez y Azcona los admiro, son maestros de un tiempo, y ellos hicieron la Hildegart de su tiempo. Y nosotros teníamos que hacer la Hildegart de nuestro tiempo. Si volvía a verla, seguramente por admiración, no podría dejar de imitarla. Así que solo volví a verla una vez terminada mi película.

La película de 1977 se centraba más en la madre que en la hija, aquí están equilibradas. ¿Qué papel juegas en el guión, te entregan algo terminado y...?

Fue un proceso de reescrituras mutuas precioso. Una de los planteamientos fue poner la vivencia y el punto de vista en Hildegart, porque era más desconocida. Aurora ha sido un personaje fascinante para historiadores, escritores, ensayistas y psiquiatras, porque Aurora es un monstruo. Y casi siempre el centro ha estado ahí, lo contrario es imposible, porque aún poniéndolo en Hildegart, lo está también en Aurora. Una clave la dio Najwa [Nimri] al decir que es un monstruo de dos cabezas. Quisimos vivir la historia abarcando toda la vida de Hildegart, desde los primeros pasos de su educación hasta que se convierte en una líder y en una referencia europea en revolución sexual. Ella demostró una gran valentía, y quisimos poner eso en valor. No solo lo brutal del final de su vida, que es imposible ignorar, porque ahí está la gran herida y la gran contradicción de que “los sueños de la razón engendran monstruos”. Dos mujeres que eran ejemplo de civilización pasaron a ser ejemplo de barbarie. Y aún así teníamos la voluntad de decir que su palabra no ha muerto. Esa palabra no la mató su madre, y no la mató la dictadura. Porque los libros de Hildegart se conservan y sus artículos también. Podemos volver a ella, invito a leerla, a googlear para encontrar sus libros y discursos, en internet hay tres tres intervenciones colgadas, que son apabullantemente lúcidas y claras. Resulta escalofriante la precisión con que trata cuestiones sociales que aún están sin resolver y que ella nombra quizá mejor que cualquiera de los políticos actuales.

Has mencionado la eugenesia, la frase de Goya sobre los sueños de la razón... Imagino que el mito de Frankenstein lo has tenido presente.

Es inevitable. Aurora es el mito de Frankenstein, es el demiurgo, es Pigmalión. Aurora, claro, no es una madre. Es saturniana. Es un ser mitológico que hace un experimento de ingeniería social. Quiere hacer un artefacto para ella. Un proyecto.

Presentas dos tipos de maternidad muy diferentes, la biológica y racional de Aurora, y la que representa Macarena, la criada.

La madre afectiva, que la acompaña y le abre al mundo de verdad, es Macarena. Porque con toda esa galaxia de conocimientos que le proporciona Aurora, le da sólo un conocimiento teórico, absolutamente alejado de la realidad. Y es Macarena la que le dice, “cariño, tus discursos están muy bien, pero el mundo no funciona así...” Y es la única que la hace reír, que la toca, que la abraza, que la cuida, que le hace un vestido. Es la verdadera madre.

En esa dicotomía de la maternidad, teníamos pocos datos de Macarena y ella está más ficcionada. Es un personaje dramático al que Eduard y Clara le dieron una dimensionalidad tan carnal tan de tierra.

Me parece que con esta película, propones un feminismo de rostro humano, frente a otro más radicalizado.

No tiene que ver con el feminismo. Tiene que ver con la radicalización. Punto. Aurora es una fanática. Y quiero alejarla del feminismo, porque el feminismo es uno de los movimientos más importantes y más imprescindibles de nuestra convivencia actual. Y el problema está en que incluso el feminismo –y del que yo participo, gracias a él estoy aquí hablando contigo–, toda idea por iluminadora, ilusionante y justa que sea, si la idea se vuelve rígida, dogmática y pasa por encima del ser humano, entonces puede convertirse en un acto aniquilador. Y ésa es la definición de cualquier fascismo. De cualquier totalitarismo. Y es el problema de Aurora, no del feminismo, sino de su concepción fanática de las ideas.

Ha sido uno de los grandes debates del siglo XX y es uno de los debates de hoy, por eso resuena tanto, creo, entre otras cosas, la película.

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Aurora es una extremista. Y a la hora de contraponerla a su hija, me parece que hay algo que asoma y que es como un bálsamo, que es el amor, que al final es lo que nos hace personas. La capacidad de querer. En Abel encuentra algo que buscaba, y de lo que su madre la quiere proteger.

Se lo quiere negar. Es alucinante. Porque en nombre de la libertad, la quiere encadenar y preservar incluso del amor. Hay un debate entre madre e hija y una revolución donde Hildegart sostiene que no hay revolución sin amor. El amor es lo que mueve todo. Todo en el mundo. Creer eso es lo que nos hace mejores. Y Aurora, lo que la vuelva oscura, es que la preserva del amor. ¿Qué clase de madre es esta?

Podías hablarme de la escena de esa noche en que Hildegart se escapa con su novio, con Abel, mientras le ha preparado un encuentro con su sobrino pianista que podría ser humanizador para Aurora. ¿Cómo lo planteaste? Me parece una escena muy visual y en en que realmente asoma el amor también en este personaje.

Es verdad. El personaje de Pepe Arriola le conduce a un período en que todavía los afectos funcionaban. Donde le dice que no eres un fraude, no has fallado, donde se apiada. Es una historia real, y pensamos el modo de introducir esta subtrama del sobrino, al que ella educó como un niño prodigio del piano, que era una especie de proyecto cero de Aurora. Ella lo educó en Galicia, cuando era muy joven, y creo que con él estableció probablemente vínculos más maternales que con Hildegart, que era ya un diseño. Un proyecto, algo prediseñado antes de su fecundación.

El parelismo del baile de Hildegart con Abel, con este encuentro de Aurora con el sobrino... es un gran momento, en que como dices asoma el amor. De los más bonitos de la película, que a mí me gusta particularmente, me siento muy orgullosa.

El amor atraviesa toda tu filmografía. Teresa es una mística, el amor a Dios por antonomasia, ahí tienes una escena que me fascina, muy visual, con las manos de Jesús en el rostro de ella...

Qué guay. Es uno de mis planos favoritos del mundo, de los que hemos hecho, con el equipo, siempre les digo...

Pero también son historias de amor Al otro lado del río y entre los árboles, La novia, De tu ventana a la mía, es una constante...

Creo que en este mundo el amor es la raíz y es el motor. Lo creo y quiero seguir creyéndolo. No quiero que los cinismos, crispaciones, desgastes y desengaños, no quiero que nos lo quiten.

En un guión que estoy escribiendo, una compañera lo veía y me decía, “al final has hecho una historia de amor”, y yo, “pues claro”, y aún me gustaría hacer más historias de amor.

Sin amor, la vida o las historias no valen la pena, por supuesto que habrá más elementos, pero...

Sin el amor, no hay nada. Nada.

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