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"Intentamos aportar luz después de la oscuridad"

Adrien Brody y Brady Corbet nos hablan de "The Brutalist", la película favorita para los Oscar

No es "The Brutalist" una película sencilla, y Brady Corbet, el director –y coguionista con su esposa Mona Fastvold–, y Adrien Brody, protagonista, lo saben. De modo que aquí estoy con ellos para ver si me dan, a mí a y los lectores de Decine21, razones que ayuden a superar la pereza de visionarla por el desmedido metraje, más de tres horas y media, y por su tono oscuro.

Adrien Brody y Brady Corbet nos hablan de "The Brutalist", la película favorita para los Oscar

Esta película es tremendamente oscura y desesperanzada. Tengo la impresión de que Brady Corbet hace muy conscientemente un cine perturbador, que quiere sacar al espectador de su zona de confort, también en The Brutalist. ¿Es así? ¿Está el cine de entretenimiento sobrevalorado? ¿Y se siente cómodo Adrien Brody con este tipo de personajes complejos?

Adrien Brody: Yo siempre busco algo más que entretenimiento. Pero es que además a mí me parece que esta película es muy entretenida. En serio. En muchos aspectos. De chaval, mi padre me llevaba a ver todo tipo de películas. Películas de ares marciales, de la nueva ola, Tiburón que me traumatizó de por vida, de Martin Scorsese, y todas en el fondo eran entretenimiento. Yo busco buenos personajes, matices, buscar respuestas, contar historias, y que todo suene a real, que sirva de ventana para entrar en la vida de los demás. No he buscado nunca mero entretenimiento, sino la complejidad de una experiencia inmersiva, que creo que es lo que el público demanda.

Brady Corbett: Concuerdo con Adrien. Históricamente, si miramos los escenarios, ha habido tragedias, comedias, terror. El cine siempre ha sido como un parque de atracciones, donde hay montañas rusas que te aterrorizan, y momentos en que te diviertes muchísimo. Y hay cosas oscuras. Alfred Hitchcock es muy entretenido, pero también muy oscuro y muy perverso. Por razones sociales y políticas, y también narrativas, es bueno que surjan historias luminosas y otras que no lo sean tanto.

rodaje

Brady Corbet, repasando una escena de la película

Tengo un interés personal en el mundo postbélico de la Segunda Guerra Mundial, y me interesa el síndrome postraumático que siguió a los grandes sucesos y catástrofes de entonces. Es lo mismo que había hecho con La infancia de un líder, que ocurre tras la Primera Guerra Mundial y la firma del Tratado de Versalles, y con Vox Lux, situada tras los tiroteos de Columbine y el 11-S. De alguna manera, con esta película, completaba un círculo. Y como quería dar protagonismo a la arquitectura, acudir al brutalismo, un movimiento de la década de 1950, venía de suyo, era un buen modo explorar la psicología de ese momento.

La película habla de artistas y su legado, algo aplicable a la arquitectura, pero también al cine

AB: Me identifico con la idea del protagonista de dejar detrás de ti algo que te sobreviva, que sea más grande que uno y pueda servir de guía. La belleza es un tema hermoso. Hay una aspiración a seguir viviendo a través de tu trabajo, de expresar la belleza. Y sí, la belleza de una película es permanente, y supone una responsabilidad y un privilegio la posibilidad de dejar detrás de ti algo significativo y con relevancia.

brody triste

Adrien Brody como el atormentado László Toth, en un momento de la película

No temo mis elecciones creativas, y creo que este personaje es distinto del de El pianista. Esta es la historia de un hombre en otro período histórico, que ha pasado por distintos momentos duros en su vida por ser judío, en diferentes países y momentos de la historia. Aquí es un inmigrante que se embarca en un sueño de esperanza dejando detrás los horrores de la guerra, no representa a los seis millones de judíos asesinados que sí podía evocar El pianista, sino los horrores posteriores de la civilización. Son diferentes historias y diferentes hombres. Una empieza donde termina el otro, se podría decir. Intenta aportar luz después de la oscuridad.

Se aborda el lado tenebroso del sueño americano, una auténtica pesadilla, a través del personaje de Harrison Lee Van Buren, que humilla al arquitecto inmigrante László Toth. ¿Cómo ven la relación entre los dos?

BC: En lo relativo al personaje de Guy [Pearce] en la película, tenemos a alguien emblemático de la época. Está concebido como un antagonista del personaje de Adrien en la década de 1950, que podía ser muy melodramático. Si estuviéramos ante una película neorrealista intentarías dibujarlo de una manera más sutil. Pero aquí, que se parece más a los personajes de James Mason, lo pintamos con amplios trazos, y sugiriendo algo misterioso. Es alguien con gusto, que se deja llevar por la curiosidad, que tiene una buena colección de arte. Y quiere más, porque se considera en la posición adecuada para ello, se ve con derecho a todo. Ocupa un lugar, y hay en él algo de resentimiento, porque se ve como un privilegiado, que ha nacido en un país libre, que puede ser un sinvergüenza. Tiene una posición en el mundo, no importa mucho de dónde le viene, el caso es que le capacita para tomar determinadas decisiones, representa a los personajes que se creen superiores.

Ya hemos vivido un primer mandato de Donald Trump que no fue maravilloso. Ahora llega otro, con nuevas preocupaciones, aunque vista su ineficiencia creo que no importa tanto su incompetencia como su ego. No tengo una bola de cristal, pero lo que veo es que las presidencias, después de Ronald Reagan, no son tan importantes, solo funcionan para un 1% del país. Es bueno contar historias que vayan más allá de una actualidad inmediata.

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