Encontrarse con Michael Mann –uno de los grandes maestros del cine actual– es toda una experiencia. Antes de que yo le ponga la grabadora para recoger la conversación, el cineasta saca la suya porque sus propias declaraciones pueden serle útiles en el futuro. Lleva una carpeta llena de notas, por si necesita buscar datos durante la conversación. Todo esto permite deducir que se trata de un hombre muy ordenado, lo que confirma que la perfección técnica y la intensidad de sus películas no son fruto del azar. Mann estuvo en Madrid para hablar de Enemigos públicos, su último trabajo.
Ha rodado una historia que tuvo lugar en los años 30, tras la crisis del 29. ¿Quiso hacer esta película para reflejar una situación paralela a la de la actual recesión?
En realidad ha sido un accidente. Yo empecé a trabajar en este proyecto en 2007, cuando todavía no se conocía muy bien el alcance de la crisis. Creo que en los años 30, la situación era más dramática, pero existen algunos puntos en común. Hoy en día la gente también tiene la sensación de que unos pocos siguen viviendo muy bien mientras la mayoría pasa penurias. Las diferencias sociales son muy grandes en mi país.
Me empezó a interesar esta historia porque en los años 30, las grandes estrellas se peleaban por interpretar a gángsteres y ladrones de bancos. Paul Muni o James Cagney se hicieron muy populares con estos personajes, que tenían muchísimo glamour. Me gustaba el tema porque posteriormente J. Edgar Hoover le dio la vuelta a la tortilla, y tras los grandes éxitos del FBI, las estrellas pasaron a querer interpretar a agentes federales.
¿Fascinaba tanto Dillinger a la población como se ve en la película, cuando da una rueda de prensa y los periodistas están encantados con él? Resulta chocante.
Pues aunque parezca estrambótico, es absolutamente cierto. He examinado exhaustivamente todo lo que se escribió en la época sobre él y era un forajido que recuerda a las actuales estrellas del rock’n’roll. Si leemos lo que se escribió en el Chicago Daily News sobre esa conferencia de prensa que recojo en la película, podemos leer cosas como ‘el hijo pródigo vuelve’. Le tratan como a un actor de cine.
(Michael Mann saca de su carpeta recortes de prensa de la época. Los enseña y se pone a leer en voz alta). “Le tenían totalmente rodeado. Estaban listos para disparar. La multitud se concentraba en las inmediaciones y alguien gritó en voz alta que le iban a atrapar. Los policías abrieron fuego sin importarles la presencia de gente inocente, y Dillinger logró escapar ante sus mismas narices...”.
Era un tipo muy atractivo, y él supo usar su apariencia a su favor. Sabía que gustaba, y potenciaba su imagen positiva para sentirse más seguro. Por ejemplo, si atracaba un banco, pero había clientes, a éstos no les robaba, y les decía que podían guardarse su dinero. Quedaba como un caballero. Si tomaba un rehén, siempre iba a por la chica más atractiva. Se la llevaba y la trataba como a una reina. Si alguno de sus hombres pronunciaba una palabra malsonante delante de la dama, le afeaba la conducta. ¡Las mujeres estaban contentísimas con él, a pesar de que se las había llevado prisioneras! Esto aumentaba la leyenda y él salió ganando, porque bajaban las posibilidades de que alguien quisiera entregarle.
¿Qué ha visto usted en él para tratar de entenderle de alguna manera en esta película?
Su apetito por la vida. Su vigor. Sus ganas de hacer cosas. Le encantaba la libertad. Tras pasar diez años en la cárcel, en los 13 meses que estuvo libre intentó vivir cuatro vidas, en vez de una. Quiso conocer la amistad, el amor, le encantaba la música, le gustaba la gente. Es un tipo muy peculiar. El mismo día que acaba de atracar un banco, decide irse al cine, porque no se puede quedar quieto en su casa sin hacer nada. No se asusta porque le vayan a atrapar. Es un gran misterio para mí que este hombre viviera el momento y nunca pensara en el futuro. Me asombra que no huyera a Manila con el dinero y quisiera seguir atracando bancos. También me tiene cautivado su sentido del humor, porque el tipo decidió escribir al mismísimo Henry Ford, para agradecerle que sus coches fueran tan rápidos y fiables que le permitían escapar de la policía. Ford mandó la carta a los periódicos.
¿No le agota volver a rodar otra película de policías y criminales, tras Heat, Ladrón, Hunter o Corrupción en Miami (2008)?
Me interesa mucho el tema, y dentro de eso, tenía la ilusión de rodar un film sobre los primeros pasos del FBI. Me empezó a interesar esta institución cuando rodé Hunter, basada en una novela de Thomas Harris, que se centraba en los métodos del FBI para establecer patrones de comportamiento de los asesinos en serie, para poder meterse dentro de su mente y predecir sus movimientos. El FBI ha sido clave en el desarrollo de técnicas para atrapar a psicópatas. Yo quería rodar la historia real de Dennis Rader, un asesino en serie esquizofrénico. No acababa de ver cómo iba a hacer la adaptación, cuando leí la novela de Harris y me fascinó. Conocí al propio Harris y me contó cómo trabajaba el FBI, cuando todavía no se sabía a gran escala qué era un asesino en serie. Me resultó fascinante, y desde entonces me encantan los métodos de trabajo de la policía. He leído mucho sobre el tema, y me interesaba sobre todo la historia de Edgar Hoover, al que se puede criticar por sus ideas políticas. Al margen de la política, Hoover hizo muchas cosas buenas, pues revolucionó el FBI.
A día de hoy, también se mira con cierta admiración a algunos ladrones que han robado a poderosos, como Bernard Madoff. ¿Quién sería para usted el Dillinger de hoy?
Para mí claramente Barack Obama, que ha sido capaz de asaltar los bancos o al menos de pararles los pies. (risas) Gracias a Dios tenemos un líder astuto. Es capaz de ver el prisma entero de lo que está ocurriendo, y la causa de las desigualdades sociales, provocadas por algunos malos hábitos de las grandes corporaciones. Han causado problemas que tardarán mucho en solucionarse. General Motors lleva diez años fabricando coches que no había que hacer.
¿Por qué ha decidido rodar el film con cámara digital?
Fue una decisión muy meditada. Me tiré mucho tiempo sopesando cómo lo iba a hacer. Decidí que dependía de lo que esperaba que sintiera exactamente el espectador. Cuando iba a comenzar el rodaje hice pruebas, filmando la misma secuencia en 35 mm y en digital. Era un coche, por la noche en Chicago, mientras llovía. Con 35 mm la imagen era impecable, pero parecía una película histórica. Con el vídeo digital, el espectador iba a tener la impresión de que estaba allí, y se podía dar un paseo por la acera. Así que me decanté por ese formato, para que el público viajara al año 33. Buscaba una inmersión total del espectador. Que creyera que le estaban rodeando las balas.
Los tiroteos de esta película son intensos e impactantes, como algunos memorables momentos de su filmografía. ¿Cómo los elabora?
Intento planificarlos al milímetro, porque no puede faltar ni sobrar ningún plano. En el rodaje, es cuestión de tenerlo todo previsto, de organización y de coreografía. Tengo muchas cámaras funcionando, muchas luces, pero todo tiene que estar conjuntado.
Pero el secreto no es la perfección técnica. Mi gran secreto creo que consiste en explicar antes por qué se enfrentan los personajes, y qué tiene que perder cada uno de ellos si le alcanza una bala. Esto es lo que hace que el espectador sienta que son seres de carne y hueso, y es lo que aumenta el dramatismo.
Al parecer ha habido rumores de que su relación con Johnny Depp fue tensa. ¿Qué hay de verdad en estos rumores?
Pues mi relación con Johnny Depp es cordial. Es cierto que ha podido haber enfrentamientos que luego han salido en prensa, dando pie a todo tipo de rumores. Ese tipo de noticias surgen cuando alguien que ha sido despedido quiere vengarse aireando los trapos sucios del rodaje. Y aprovecha que fue testigo de un momento un poco tenso. Pero es normal. Un rodaje de una película es muy tenso. No hubo nada que se saliera de lo normal.
Es cierto que Johnny Depp es un hombre complejo. Es como el mercurio. Se mueve por corrientes internas muy profundas. Su vida no ha sido fácil. Pero creo que esto enriquece notablemente su trabajo interpretativo. Llevaba mucho tiempo queriendo trabajar con él, estoy muy contento con su trabajo y le escogí porque necesitaba a alguien que diera el tipo como personaje carismático, que fuera a la vez un tipo duro, y un hombre sensible. Creo que es ideal para este personaje.
Trabajé mucho con él, ensayamos horas y horas, y él es un gran profesional que supo mantener el tipo. Soy muy maniático, y antes de rodar me gusta que todo esté preparado al milímetro y sea realista. Si el personaje de Johnny Depp dispara, tiene que transmitir no sólo que sabe disparar, sino también que es capaz de desmontar la pistola cuando haga falta. Cuando rodamos un atraco al banco, habíamos estado durante la pre-producción dos días en el banco, estudiando todos los detalles. Pero fue para que en la pantalla se le vea cómodo robando un banco.
Estando juntos tantos días, es difícil mantener la cordialidad todo el tiempo. Intento mantener un ambiente positivo, porque entiendo que el trabajo que hacen los actores es muy difícil, y que determinadas tomas les pueden costar mucho. Pero es inevitable alguna discusión.
¿También está contento con Christian Bale?
Ambos somos tan meticulosos en nuestro trabajo, que estamos asombrados de haber conocido a alguien tan similar a uno mismo. Él es un auténtico fenómeno. Se tira a la piscina sin pensarlo. Se transforma por completo en el personaje. Estuvimos mucho tiempo decidiendo cómo iba a ser su personaje, y decidimos que su personaje, Melvin Purvis, tenía el típico acento de Virginia. Se lo trabajó mucho, y acabó bordando un acento callado con una voz muy suave. Sus niñas le decían durante el rodaje que no hablara así. Pero él decía que no podía, porque era Melvin Purvis y lo fue durante seis meses.
