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Entrevistas

Estrena "Un método peligroso"

Pocas veces un periodista tiene la ocasión de mantener un encuentro con uno de los grandes del cine de las últimas décadas. David Cronenberg es un autor personalísimo con una carrera tan coherente como interesante. El realizador canadiense visitó Madrid para promocionar Un método peligroso, drama de época sobre la relación entre Sigmund Freud, su discípulo Carl Jung, y Sabina Spielrein, paciente rusa de este último.

A pesar de todo, aterra encontrarse con el creador de muchas de las imágenes más inquietantes jamás vistas en una pantalla. ¿Qué pasará por la mente de alguien capaz de imaginar las cabezas que explotan en Scanners o las secuencias de sexo sobre coches en marcha de Crash (1996)? Me lo encuentro de súbito paseando entre una entrevista y otra cuando voy a su encuentro. Aparece sonriente, con cara de no haber matado nunca a una mosca por si ésta resulta ser Jeff Goldblum transformado. Y para mi sorpresa me da la mano con jovialidad.

Estrena "Un método peligroso"

Confieso que me asustaba muchísimo venir a verle.

¡Vaya! (Risas) Eso me recuerda una anécdota que he contado muchas veces. Le pasó también al director Martin Scorsese. Por lo visto estaba muy aterrado pero luego me vio y dijo: "¡Anda! ¡Pero si parece usted un cirujano de Beverly Hills!". Me resultó tan divertido que decidí interpretar yo mismo a un médico en La mosca (1986).

(Desaparece. Un rato después vuelve y nos sentamos tranquilamente. Se pone más serio para hablar de su nueva película).

Aunque esta vez recrea las vivencias de personajes reales, ¿no cree que siguen siendo tan turbadores como los del resto de su filmografía?

Así es. Los personajes de esta historia fueron muy perturbadores en su momento histórico y el momento en el que vivían.

No voy buscando este tipo de personajes, aunque por alguna razón siempre acabo interesándome por ellos. En general, no sigo ninguna regla a la hora de escoger un proyecto, sino que me dejo llevar por mi instinto. Cuando leí la obra de Christopher Hampton no estaba buscando un texto que se pudiera convertir en película, pero según fui descubriéndola me pareció tremendamente interesante poder explorar cinematográficamente la vida de Sigmund Freud, todo un icono de la vida intelectual del siglo XX.

Y además, la historia se desarrolla en un momento histórico fascinante, justamente antes de la Gran Guerra. Fueron un montón de piezas que se ensamblaron solas.

¿Por qué escogió como protagonistas a Viggo Mortensen, Keira Knightley y Michael Fassbender?

La elección de un reparto es como un arte oscuro o la magia negra. Es algo muy, muy importante, pero no hay reglas, no hay nada escrito que te ayude a elegir.

Puedes matar una película si te equivocas de actor. También me dejo llevar por mi intuición en ese sentido. Miro mucho las imágenes de trabajos anteriores del intérprete en cuestión. Últimamente, algo que hago también mucho es ver en internet las entrevistas que hacen a los actores, porque muchas veces no tienes la posibilidad de conocer a un intérprete de antemano, y así puedo ver cómo reacciona, cómo es en persona. En el caso de Un método peligroso, como tenían que interpretar a personajes históricos, había que tener mucho cuidado al elegirlos, porque tenían que responder a la imagen que tiene el espectador de ellos. Por ejemplo, con treinta años, Viggo Mortensen podría haber interpretado a Jung, pero con cincuenta no puede hacerlo.

Es su tercera colaboración con Mortensen. ¿Le sigue sorprendiendo como actor?


En realidad creo que soy yo el que en esta ocasión le sorprendió a él ofreciéndole el papel de Sigmund Freud (risas). Él creía que no iba a poder hacerlo. Es increíble cómo ha cambiado su rostro con una prótesis en la nariz y unas lentillas.

Esto me recuerda que en el cartel español los ojos de Viggo no son del mismo color que en la película, es un error curioso; de hecho, él estaba un poco molesto por ello. ¡Encima que sufrió las lentillas oscuras luego le sacan sin ellas! En otros países en el cartel tiene los ojos oscuros. Además, ganó doce kilos para la película. Desde luego, se ha entregado mucho, es fantástico. Confiamos mucho el uno en el otro.

Por otro lado, hay muy buena química entre Michael Fassbender y Keira Knightley.


Me di cuenta en cuanto les vi juntos en el set. Pero es imposible saber de antemano si va a haber química, sobre todo porque no habían hecho ninguna película juntos. Es parte del problema al que me refería antes... Los castings son muy complicados. Michael y Keira no se conocían, nunca se habían visto ni habían hablado nunca. He tenido que actuar un poco como un casamentero, porque tenía que hacer que estuvieran bien juntos, que funcionaran juntos. Hay que confiar en que las cosas vayan a salir bien, y así ha pasado.

En su línea, la película es rica en secuencias sombrías, en concreto de sexo masoquista. ¿Cómo consigue que los actores no se encuentren incómodos rodando algo así?

Los actores suelen sentirse vulnerables al rodar secuencias sexuales, más aún si son de este tipo. ¡Si es que son muy 'especialitos'! (Risas que resultan incómodas para el entrevistador). La secuencia masoquista era muy complicada, porque no tenía que dar la sensación de que Jung está disfrutando. Parece hacerlo más por seguir el consejo de Otto Gross, el personaje de Vincent Cassel en la pelicula, que le explica que debe darle a ella lo que quiere. Así que la atiza en las nalgas, pero lo hace por ella.

Desde luego, hay que andarse con pies de plomo para filmar algo así. Todo es cuestión de conseguir que los actores confíen en el director. Tengo que ganármelos y explicarles a fondo cómo es la secuencia.

Precisamente el sexo es un tema que obsesionaba a Freud, pues explicaba todos los trastornos por traumas sexuales. ¿Le interesaba el personaje a pesar de que todo esto se ha quedado bastante desfasado?


La verdad es que Freud fue cambiando sus ideas sobre la sexualidad. Vivió una época de mucha represión sexual, y muchos de los pacientes que iban a verle eran víctimas de esa represión. Por eso es lógico que asociara el sexo a sus problemas. Puede parecer en la película que Freud es un tipo muy dogmático, pero en realidad no fue así. De hecho, escribió un libro titulado “Más allá del principio del placer” en el que trataba la relación entre muerte y sexualidad, a raíz de una conversación que tuvo con Sabina Spielrein.

No creo que el psicoanálisis esté totalmente desfasado. Es curioso lo cíclicas que se vuelven las críticas hacia Freud.
 Estas cosas son así, cambian las tendencias. Hace poco leí en el New York Times que el análisis freudiano se está volviendo muy popular en China porque están saliendo a la luz los problemas que tiene la clase media emergente. Así que se están volviendo a revisar sus postulados. Freud tuvo una carrera muy longeva, escribió muchos libros y desarrolló muchas teorías. Éstas tienen mucho potencial para ayudar a la gente, desde luego. Creo que su vigencia aún será muy larga.

Un método peligroso une la exquisitez formal de sus últimos trabajos con temas recurrentes de su carrera, como una carga intelectual y sexual muy potente. ¿Marca un retorno a los inicios de su filmografía?


Esto no estaba planificado. Cuando me embarco en un proyecto no pienso en lo que he hecho hasta ese momento. Acepto las cosas tal y como vienen. Dicho esto, es cierto que lo primero que rodé en mi vida fue un corto de siete minutos, Transferencia, sobre un médico y su paciente. Visto así es como un círculo que se cierra; pero si hiciese mil películas, podrían ser todas distintas. Sexo, muerte, locura, familia… son temas recurrentes, importantes e interesantes, los mismos griegos los trataban con asiduidad. No soy una persona obsesiva, no estoy obsesionado con ningún tema en concreto.

¿Cree que tiene usted discípulos como Freud?


Me gusta pensar que al menos mi obra ha tenido cierta influencia sobre cineastas que han venido después. Alguno me ha llegado a decir que así es, como mi compatriota Atom Egoyan. Y también me gusta recordar que Darren Aronofsky me comentó que La mosca (1986) había sido unas de sus principales inspiraciones para Cisne negro; es tremendamente halagador, y me encanta haber servido de ayuda. En concreto, en lo que sí creo que puedo haber contribuido es en haber sido uno de los primeros directores canadienses que se quedó a vivir en Canadá, sin salir a Estados Unidos o Inglaterra para tener una carrera.

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