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Phil Alden Robinson bucea en la mente de Jack Ryan, el emblemático personaje de Tom Clancy

Han pasado nueve años desde su último trabajo "Sneakers (Los fisgones)", que a su vez se rodó tres años después del anterior, "Campo de sueños". A los más cinéfilos seguro que les suenan estos títulos, aunque no les diga nada el nombre del director y guionista de ambas cintas, Phil Alden Robinson (Long Beach, 1950). Por el segundo de los filmes citados consiguió centenares de plateas con los ojos llorosos y una nominación al Oscar al mejor guión. Su último trabajo, "Pánico nuclear", se convirtió en un bombazo y reinventó el personaje de Jack Ryan, protagonista de las novelas de Tom Clancy.

Phil Alden Robinson bucea en la mente de Jack Ryan, el emblemático personaje de Tom Clancy

¿Qué película de Jack Ryan es la mejor?

Creo que la primera parte de una saga es siempre la mejor, porque el público no sabe nada y hay que darle toda la información. En este caso, creo que se cumple esta premisa, porque la que más me gusta es La caza del octubre rojo, con Alec Baldwin. Me encanta la escena en que Jack Ryan se descuelga desde un helicóptero en medio del Atlántico Norte y se da bandazos contra las paredes del submarino. Entonces dice en voz alta: "Se me ha olvidado escribir un informe". Me gustó tanto que pensé que debía rodar una película sobre ese personaje, porque era un tipo normal al que se arrancaba de su cotidianeidad y le ponían en medio de un film de acción. Paradójicamente, con el tiempo me sobrevino este encargo.

Por tanto, el atractivo del personaje reside en que no es el típico protagonista de una cinta de acción.

He intentado que siga en la misma línea, aunque ahora lo interprete Ben Affleck. Lo veo como un hombre que normalmente no se mete en berenjenales como los de la película. No sabe qué hacer en una secuencia de acción. Está totalmente fuera de lugar, y nunca dispara un arma. Se ve envuelto sólo en una pelea, y resulta que de ella no saca ninguna información, ni la llave de la solución del conflicto ni nada. Quería dejar claro desde el proceso de escritura del guión que mi personaje no soluciona el problema por ser más rápido o más musculoso, ni por pegar mejor, ni por sacar más pistolas, sino por pensar más.

¿Ha cambiado muchas cosas de la novela de Tom Clancy?

Sobre todo, que Jack Ryan tiene 55 años en la novela y es uno de los directores de la CIA. En la película tiene 28 y es un simple analista. El film cuenta la iniciación de un personaje que acaba de llegar al terreno de juego.

Al público le puede chocar que el personaje sea más joven, sobre todo si ha visto las películas anteriores

La verdad es que cuando llegué al proyecto, Ben Affleck ya estaba contratado, así que no fue decisión mía. Desarrollamos el guión pensando en él y por eso lo rejuvenecimos.

¿Qué más cambios hay?

En el libro, nadie en la CIA sabe lo que está pasando, y el lector tampoco, sino que de repente se encuentran con que se produce una explosión y no saben por qué ha ocurrido. Esto lo cambié porque cuando escribimos el guión pensamos que añadiría más tensión si los espectadores ven claramente que alguien está tramando algo, aunque los protagonistas no se enteren del todo.

Además, los malos en el libro eran islámicos, pero ahora son nazis. ¿Ha cambiado esto por la tragedia del 11 de septiembre, para no crear polémicas?

Habíamos acabado el rodaje mucho antes del 11 de septiembre, por lo que no influyó en el planteamiento. En cuanto a los malos, en el libro son palestinos, alemanes y un indio americano. Tom Clancy intenta ser realista en cada detalle y pensó que, en principio, los palestinos no tenían infraestructura suficiente en el mundo real para que fuera creíble que organizaran actos tan terribles. Por ejemplo, eran incapaces de conseguir que el ejército ruso atacara al estadounidense. Tenía que haber un sarao más grande, con más gente involucrada, y por eso metió a los europeos. Pero claro, Tom Clancy disponía de todas las páginas que quisiera para contar todo esto. En la película hubiera necesitado 30 minutos para contar esta movida. Decidí que era más fácil inventar un malo rápidamente identificable, porque lo importante no es quién es el malo, sino las acciones que provoca. Se me ocurrió que los que más beneficios sacarían de que Estados Unidos y Rusia se enfrentaran serían los ultraderechistas de todo el mundo, que salen ganando en las situaciones de caos. Pero no quería dar un mensaje político, sino más bien utilizar algo rápido y conocido por el público.

¿Y qué piensa Clancy de tanto cambio?

Tom es un hombre que dice claramente lo que piensa. No se calla a la hora de discutir cosas en las discrepa. Me llamó muchas veces por la noche para hablar de posibles cambios, y siempre hacía sugerencias. En cualquier caso, cuando vio la película dijo que no estaba mal. Por lo que sé, ese "no está mal", viniendo de él, es todo un triunfo y significa que estaba muy contento.

¿Por qué en Estados Unidos los carteles publicitarios advertían que algunas secuencias podían herir la sensibilidad del espectador?

Hemos sido los primeros en utilizar un letrero que advierte de que el film contiene secuencias donde se cometen actos terroristas. Así, si algún espectador es especialmente sensible a estos temas, puede ahorrarse el mal trago.

¿El hecho de tener asesores de la CIA y el Pentágono es una ventaja, o a veces resultan coercitivos?

Menos asesores del FBI teníamos de todo: militares, de la CIA y algunos más. Su colaboración fue inestimable, porque nos aportaron detalles que añaden realismo. La película gana en dramatismo porque es más creíble. Por otra parte, sí es cierto que a veces hacían sugerencias de tipo político, sobre todo los militares, pero esas las pasábamos por alto.

¿Gustará la película en Rusia si se estrena?

Pienso que se estrenará y espero que queden contentos, pues hemos tenido muchos expertos bien documentados. Además, casi todos los actores que interpretan a oficiales rusos, son rusos de verdad. Creo que quedan muy bien en la película, porque se dan cuenta antes que los americanos de que la escalada bélica es una locura, y son los que salvan un poco el fuerte.

¿Cómo es que usted que estudió ciencias políticas terminó como guionista y cineasta?

Empecé a trabajar como periodista en radio y televisión, y después me dediqué a rodar documentales. Un día me levanté y me di cuenta de que yo era un creador de películas de ficción. Tenía que contar historias. Todo esto surgió así, espontáneamente. No había hecho una planificación previa de mi carrera.

Sus estudios tienen mucho que ver con los temas que trata Pánico nuclear.

Casi siempre me pasa eso, porque la política es una parte muy importante de la vida cotidiana. En esta película he intentado reflejar que las guerras no las comienzan los pueblos, sino los mandatarios. Si hay falta de comunicación es cuando empiezan las escaladas bélicas.

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