Cosecha del 75, Juan Antonio Bayona ha demostrado la capacidad de aunar un mundo personal en su cine con la espectacularidad que gusta al gran público. Hablo con él de la experiencia del tsunami en "Lo imposible", y me asegura que lo que más le interesa de la película son los personajes.
La película Lo imposible, vista con frialdad, se podría definir como del género catastrofista, y con la típica historia de las tribulaciones de una familia cuyos miembros se separan. O sea, lo de siempre. ¿Cómo logras trascender esto y salir de lo previsible?
De esta historia me atrae su sencillez y el detallismo, junto al contexto en que transcurre, que ayuda a entender las acciones de los personajes, que son extraordinarias sin llegar a ser heroicas.
El corazón de la trama reside en la decisión de la madre de ir a rescatar a un niño que no conoce, sabiendo que se está muriendo. Es una acción extraordinaria, llena de dignidad, ejecutada ante una situación terrible como el tsunami, y que tiene su recompensa, la escena de la conversación con el hijo en el avión. De este modo se pasa de algo concreto para hablar de cuestiones más universales.
La historia se basa en un caso real. ¿También es auténtica esa decisión de la madre?
Sí, así es.
En la película unos cuantos momentos que se pueden describir como de”heroísmo cotidiano”, siguiendo con lo que decías: prestar un teléfono móvil, ayudar a buscar a un familiar... ¿Cómo abordaste esas escenas sencillas?
Todos los relatos sobre el tsunami que encontramos en nuestra investigación iban en esta dirección, se repetían una serie de ideas relacionadas con esas acciones extraordinarias. Y algo que se repetía era que aquellos que más habían perdido eran luego los más capaces de dar más. Demostraban empatía con los otros. Así, es cierto que a Enrique le dejó el móvil alguien que había perdido a su familia, aunque le quedaba poca batería.
Otro detalle real es de los turistas americanos con las maletas llenas, que eran incapaces de dar unos zapatos, y que se quejan porque no les estaban evacuando.
Yo quería incidir en la idea de que cuando al ser humano se le despoja de todo, sólo le queda darse al otro, lo que era una idea muy optimista, no apta para cínicos, que responde no sólo a un deseo mío de hablar bien del ser humano, sino a una historia real.
Has hecho una opción preferencial por no caer en el cinismo, y hay pocos detalles “egoístas” en la película. Es un gran riesgo, la acusación de “blando” al abordar la historia podía caer sobre ti...
Rodé alguna secuencia más, de hecho el tipo que no prestaba el móvil volvía a aparecer, pero lo eliminé, era subrayar otra vez lo mismo.
¿Cómo es el trabajo de Juan Antonio Bayona con su guionista, Sergio G. Sánchez? ¿Te entrega el libreto y ya no vuelves a hablar con él?
Es un trabajo muy intenso, de mucho, mucho, diálogo, donde primero entrega una escaleta y luego el guión. Él intenta averiguar cuál es la película que quiero hacer. Y yo le dije que todo debía girar alrededor de la madre yendo a salvar al niño, y su correlato posterior, además de ofrecer el punto de vista del chico mayor, Lucas, que es con el yo más me identifico.
Clint Eastwood incluyó el tsunami en Más allá de la vida. ¿Qué pensó cuando lo vio? ¿Pensó que se le había adelantado?
Ese guión existía en Hollywood cuando yo estaba preparando esta historia, y cuando me enteré de que lo iba a rodar Clint Eastwood no me pareció la mejor noticia del mundo.
Luego vi la secuencia del tsunami, y es muy espectacular, pero la película de Eastwood es una fantasía, sobre un hombre que habla con los muertos, la nuestra contaba algo real. La parafernalia digital que usa Eastwood, que considero brillante, no me pareció la más idónea para nuestra historia, que debía resultar más realista.
¿Cuánto tiempo llevó rodar el tsunami?
Un año de preparación, con todo el equipo discutiendo los más de cien planos de que consta esa parte, y utilizando agua real, ahí no hay efectos digitales.
Volviendo a la parte “sobrenatural” de la película de Eastwood, en tu película me ha llamado la atención la ausencia de personas rezando ante la catástrofe, un recurso clásico en este tipo de filmes. Quizá lo más cercano es la escena de Geraldine Chaplin...
Sí. Pienso que la película tiene algo de espiritual, y hay una escena onírica, creo que está abierta a quien quiera hacer una interpretación en esta línea o religiosa, o incluso azarosa. Porque el personaje se salva porque sí, no hace nada por salvarse. El caso es que el tema no estaba en el relato, yo tampoco soy una persona excesivamente creyente, y la cuestión no apareció en el proceso de hacer la película.
Al ver al chico, Lucas, deambulando de un lado para otro y obligado a madurar, pensé en El imperio del sol de Steven Spielberg, donde también había una suerte de figura materna. ¿Ha sido una referencia?
El guión está muy apegado a la historia real, pero hay coincidencias en lo referente a una historia de maduración en un contexto intenso. Es verdad que el chaval saliendo de la habitación de su madre, y procurando ayudar a la gente puede hacer pensar en El imperio del sol.
La influencia de Steven Spielberg es clara, yo me he crado con el cine suyo y de Georges Lucas, y me encanta. Temáticamente hay sensibilidades parecidas, salvando las distancias. Hay similitudes en el tema de la madurez, como un proceso doloroso.
Tanto El orfanato como Lo imposible hablan de madres sufrientes por la separación de sus hijos. ¿Es una cuestión que te interesa especialmente?
Nuestra sociedad, y especialmente la mediterránea, que es la mía, está cimentada sobre la figura de la madre. Yo cuando llamo a mis padres, aunque me coja mi padre, enseguida me pasa con mi madre. La madre es el centro de la familia. Y la película está construida alrededor de la figura de la madre, si muere o no muere, porque si muere ella se destruye la unidad familiar.
También lo considero algo propio de mi generación, de los nacidos en 1975, de niños mimados y sobreprotegidos, en los que hacerse mayor se nos hace doloroso. Y en ese proceso la figura de la madre es capital.
¿Rodar en inglés fue claro desde el principio?
Al principio, muy al principio, pensamos en respetar la nacionalidad de los personajes, pero enseguida se nos hace claro que para lograr la financiación necesitamos dos nombres potentes a nivel internacional. Desde el principio están Naomi Watts y Ewan McGregor.
Es verdad que la primera versión del guión era en español, aunque ya el 80% de los diálogos eran en inglés. Al final es una familia occidental, podían ser españoles, pero también ingleses, escoceses, americanos e incluso australianos.
Podía hablar el inglés y entenderme con los actores, aunque mi nivel inicial me dificultaba explicar en más profundidad lo que quería en determinadas escenas. Al final ya conseguía explicarme, uno coge práctica.
¿Cómo fue el trabajo con los niños?
La verdad es que yo he aprendido a dirigir actores trabajando primero con niños. Tienes que explicarles lo que es el trabajo de interpretar, lo que ya es una reflexión que me sirve a mí mismo. Les tienes que motivar, sumergir en la historia... Y al final, de ese modo aprendí a dirigir a los adultos.
Me siento muy a gusto dirigiendo a los actores, el trabajo del que estoy más orgulloso y con el que más he disfrutado en Lo imposible ha sido con los actores.
