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Entrevistas

Entrevista con Giuseppe Tornatore

"Cada vez se hacen menos películas pero se ven más"

Estuvimos con Giuseppe Tornatore, uno de los más prestigiosos directores italianos, ganador del Oscar por “Cinema Paradiso”. Vino a España para promocionar su último film, “La mejor oferta”.

"Cada vez se hacen menos películas pero se ven más"

¿Cómo nació esta película?

En 1984 había escrito varios apuntes sobre una chica que sufría agorafobia. Un conocido me había contado un caso real y me había parecido muy interesante y comencé a pensar en una historia que girara sobre esta chica. Pero la historia que salió no me volvía precisamente loco. Ahí quedaron esas páginas, que fueron creciendo con los años. Años después, me empezó a interesar la figura de los subastadores de arte y comencé a su vez a imaginar una historia sobre un tipo así, pero a igual que ya me había ocurrido, me encantaba el personaje pero la historia que había escrito no me gustaba. Entonces, un día entendí que estos dos personajes nacidos de historias diversas, tenían una gran fuerza de atracción y empecé a hacer que interactuaran. Empecé a escribir la historia y funcionaba. Es decir la elaboración de La mejor oferta empieza en 1984, pero la fase final es mucho más reciente, de hace seis o siete años.

¿Por qué decidió rodar en inglés y con actores profesionales?

Esta historia era difícil ambientarla en Italia. Le hubiera dado casi un tono de comedia que no le convenía. Me habría obligado a una identificación de los lugares, como ocurre en cualquier historia italiana, que tienen un aire de crónica. Yo tenía la idea de darle una ambientación indefinida, para reforzar el final en la ciudad de Praga. Esto me llevó a decidir que estuviera ambientada en Centroeuropa, rodando en los alrededores de Viena. Por todo esto decidimos rodar en inglés con actores anglófonos. Por tanto, esta idea parte de la propia película, de la historia misma.

¿Por qué eligió a Geoffrey Rush?

Ya escribiendo el guión, cuando supe que no estaría ambientada en Italia, empecé a pensar en el rostro de Geoffrey Rush. No le conocía pero le envié el guión. Seis días después me escribió diciéndome que hacía la película. No encontramos en Toronto y comenzamos a trabajar directamente. Tras una breve presentación, sobre la marcha nos pusimos hablar de escenas, etc. Y así fue durante toda la película. Trabajábamos los personajes, los diálogos, etc. Fue una preparación muy larga. Geoffrey tiene una relación muy fuerte con sus personajes, aunque sin ser obsesivo. Es muy alegre, muy ocurrente. Tiene un método fuerte, pero va acompañado de una ligereza y una simpatía poco común. Es uno de esos actores con los que te encantaría volver a trabajar otra vez nada más terminar la película.

Hablando del arte, Truffaut decía que el cine era más real que la vida. Al personaje de Geoffrey Rush le ocurre algo parecido...

Eso decía Truffaut, lo cual me recuerda otra frase de Hitchcock: “El cine es como la vida sin los tiempos muertos”. Estoy de acuerdo con ambos, pero tengo la sensación de que cuando en el arte se rechaza la vida se pueden crear monstruosidades. El protagonista de mi película piensa que basta con sublimar todo en el arte, no sabe amar, no sabe ni siquiera mirar a una mujer a los ojos. Y el deseo del amor el lo sublima con su colección de retrato de mujeres. Como rechaza la vida, no entiende nada de la vida. Aunque al final es un personaje completamente diferente. Se da cuenta de que en la vida hay que mancharse las manos, sin guantes. Y entonces es mucho más simpático.

La película habla de la falsedad de los sentimientos, a raíz de las obras de arte. ¿El final abre una puerta a la esperanza?

Para mí el final no es abierto. Yo siempre lo he visto como un colofón positivo, en donde manda el amor del personaje recién descubierto.

¿Cómo es su relación con Ennio Morricone, después de tantos años trabajando con él?

Ennio Morricone y yo llevamos trabajando juntos 25 años, por eso es una relación muy especial. De hecho, trabajamos juntos aunque no estemos implicados en una película concreta. Hablamos de cómo asociar imágenes con la música. Ennio siempre me sorprende. Ha hecho más de 400 bandas sonoras y todavía la noche anterior de estrenar la banda sonora, no duerme. Como un principiante, y eso me encanta. Y por supuesto, me encanta su genialidad. Es una relación áurea, perfecta para mí.

Háblenos del aspecto técnico, de la dirección artística...

El objetivo principal no era contar la importancia del arte, aunque el protagonista se mueve en ese mundo y era importante reconstruir bien ese ambiente. Fue un trabajo complejo. ¿Qué retratos tenían que estar presentes? Las figuras tenían que mirarle a los ojos, cosa que él es incapaz de hacer en la vida real. Encontrar los retratos con ese eje óptico fue laborioso. También la fotografía era muy importante. El interior de la villa, por ejemplo, desvelaba continuamente el sentido de la película. Son decisiones que son más que técnicas. Desvelan algo más de fondo y pienso que esa es la manera de acercarse a la realización.

En la película pueden verse influencias de Polanski, Hitchcock y De Palma. ¿Se ha fijado en alguna referencia?

Me lo tomo como un cumplido. Pero si le dijera que cuando me decidí hacer esta película busqué referencias externas le diría una gran mentira. Nunca pienso en nadie cuando hago una película. Si lo hago me castra, me bloquea. Si hay alguna referencia a Roman Polanski, pues encantado, pero es algo involuntario. Cuando se ve una cerradura, una puerta con llave se piensa en Alfred Hitchcock, o si sacas a un payaso la gente cree que hay un homenaje a Federico Fellini, pero puede no tener nada que ver.

En un momento de la película se dice que en el amor uno nunca sabe si es la mejor oferta. ¿Le ocurre a usted pensar esto en su vida o en el cine?

No sé... Puedes dedicar 24 horas de tu día en el cine y pensar que no es suficiente. En el amor es igual. Crees que has dado todo lo que puedes y luego no es así, o los demás creen que no es así, lo que es peor.

Hay cierto paralelismo entre la colección de retratos de mujeres y el final de Cinema Paradiso, con todos las imágenes descartadas de películas...

Le confieso que no es la primera persona que me dice eso. Nunca lo pensé cuando hice la película, pero cuando se estrenó la película en Italia, me dijeron que efectivamente los retratos le recordaban los besos cortados del celuloide de Cinema Paradiso. Y aunque es verdad que nunca lo pensé, ni escribiendo el guión ni rodando la película, cuando me lo dijeron me pareció algo plausible. Es un misterio de nuestro trabajo, nuestro oficio. Son cosas de tu interior que de repente emergen más allá de tu voluntad.

La película habla de la falsedad de obras de arte, pero siempre de pinturas antiguas. ¿Qué opinión le merece el arte moderno?

En realidad, con el arte moderno me ocurre como con el antiguo. A veces da la sensación de que detrás no hay nada, y otras transmite una emoción intensa, que detrás de esas manchas de colores un poco incoherentes hay un proyecto, hay nervio, y se puede descubrir.

¿Cómo valora los premios?

Si dijera que no me gustan sería un hipócrita. Pero es de sabios olvidarse de los premios al día después de recibirlos. Por ejemplo, el Oscar... Fue para mí maravilloso, pero hay que trabajar al día siguiente. Hay que volver al trabajo. No puede estar toda la vida pensando en el Oscar.

Su película ha tenido un gran éxito en su país. Pero, ¿cuál es la situación general de la industria del cine en Italia?

La situación es muy similar a la española. Aparte de la gran crisis económica que todos vivimos, nos hemos tenido que arrodillar por culpa de la piratería. También la crisis del cine se debe a que la gente ya no va a las salas como antes. Qué se le va a hacer. Quizá la gente ya no va porque no es tan barato como antes. Antes se decía que la época de crisis era buena para el cine, porque era un espectáculo barato. Pero esto ya no es así. Por otra parte hay que resignarse a la idea de que la sala cinematográfica ya no es el elemento esencial de la vida de una película. Creo que las salas siempre existirán, pero la vida comercial de un film ya no se debe a la sala de cine. Lo que deseamos es que los nuevos soportes cada vez sean mejores. Y también hay que decir que en Italia ahora se hacen muchas menos películas que antes, y precisamente el éxito de La mejor oferta, que ha ido a ver un millón y medio de personas en Italia, ha sido por eso una gran sorpresa. Pienso que el público lo que desea es una gran oferta, de historia y de géneros, y si hacemos pocas películas les ofrecemos menos posibilidades de ir. También se da una paradoja en el mundo del cine, y es que se producen cada vez menos películas pero cada vez se ven más películas. Espero por eso que la industria del cine terminará dándose cuenta de que tiene que proporcionar una gran oferta y en esto tiene mucho que ver la tecnología.

Se dice que su cine se basa mucho en su propia vida, ¿es cierto?

Cuando se dice que el cine tiene elementos autobiográficos no se dice ninguna tontería. Pero en mi caso hay películas tan autobiográficas –como Cinema Paradiso y Baarìa– como otras objetivas que no tienen absolutamente nada que ver con mi vida, como Pura formalidad, La desconocida o La mejor oferta. Me gusta hacer zigzag, mi filmografía no es lineal. Siempre que puedo cambiar de rumbo lo hago con gusto. Y también cuando puedo regresar a géneros o temáticas que ya he tratado también me satisface.

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