El legendario director de numerosos títulos de éxito, como "Willow", "Apolo 13", o más recientemente "El desafío. Frost contra Nixon" sigue la tradición de los maestros del cine americanos que se quitan toda la importancia. Comparece en las entrevistas con los medios con gorra y vaqueros y una actitud de lo más humilde, como quien no quiere la cosa. A sus 59 años, ha terminado de rodar "Rush", la historia del enfrentamiento entre dos pilotos de Fórmula 1, el británico James Hunt y el austríaco Niki Lauda.
¿Cómo surgió la posibilidad de volver a trabajar con el gran Peter Morgan, guionista de La reina, con el que colaboró en El desafío. Frost contra Nixon?
Después de rodar el film sobre el ex presidente nos hicimos muy amigos. Se da la casualidad de que ninguno de los dos vivimos en Los Ángeles, pero muchas veces coincidimos allí por variopintos compromisos profesionales, así que procuramos comer juntos.
A lo largo de nuestras comidas, solemos contarnos nuestros proyectos. Yo iba a adaptar "La torre oscura" de Stephen King. Peter Morgan me dijo que estaba trabajando en Rush, la historia de Niki Lauda. No era un encargo, sino una iniciativa propia, ya que pensaba que se la iba a vender a Paul Greengrass.
A mí me interesó muchísimo, así que le dije: "Estoy de acuerdo en que Greengrass es un gran realizador, pero, ¿Por qué no haces el guión para mí?".
Finalmente, Greengrass se embarcó, nunca mejor dicho, en Capitán Phillips, y "La torre oscura" se anuló, porque necesitaba un enorme presupuesto. Así que todo coincidió para que yo me encargara de Rush.
¿Era usted aficionado a la Fórmula 1?
Lo cierto es que no, salvo porque soy muy amigo de George Lucas, que me dirigió en American Graffiti, y para quien dirigí Willow. Él me introdujo en los deportes de motor, que a él le apasionan y piensa que la Fórmula 1 es la élite de las carreras. Fue él quien me invitó a ver mi primera carrera, en Mónaco, hace unos años. De hecho, le mandé el guión de Rush, para que me dijera si era realista. Él piensa que sí.
En cualquier caso, me interesa mucho el género deportivo. Se puede contar mucho sobre la experiencia humana, ya que todo se concentra en muy poco tiempo. Este tipo de historias son metáforas de la vida, y hablan de temas de interés como la competitividad y la superación personal.
¿Cómo es que ha reclutado a un alemán, Daniel Brühl, para interpretar a un austríaco, Niki Lauda, y a un australiano, Chris Hemsworth, para interpretar al piloto inglés?
No buscaba a actores de una nacionalidad determinada, sino que los seleccioné en función de que pudieran resultar convincentes. Si tenían suficiente talento, no sería un problema que hablaran con el acento correspondiente.
A Daniel Brühl le tenía muy claro desde el principio. De hecho, no me sorprende que haya realizado una interpretación tan buena.
En el caso de Chris Hemsworth, aunque tenía mis dudas, debo decir que me sorprendió gratamente la prueba que envió para el papel. Luego le vi en directo y descubrí que camina como un surfista, igual que James Hunt, por eso aposté por él.
¿Ha colaborado el auténtico Niki Lauda en la película?
Pues se comportó de forma muy profesional. Nos había vendido los derechos sobre vida, y me dijo personalmente que estaba disponible por completo para cualquier cosa. Luego casi no se pasó por el plató, sólo en alguna breve visita. Pero sí que pasó mucho tiempo con Daniel Brühl preparando el personaje, y luego le dio su teléfono para que le llamara en caso de cualquier duda. De hecho, cada vez que el actor tenía que rodar alguna toma, hablaba brevemente con él para consultarte pequeñas cosas.
Su reconstrucción de los años 70 resulta bastante convincente, ¿cómo lo ha conseguido?
Me documenté mucho a base de fotos de la época. No sólo me fijaba en la Fórmula 1, sino también en los políticos, la cultura, y el mundillo del rock. Cada departamento puso en la pared imágenes, y contaba con bastante material, como vídeos de la época.
Se me ocurrió poner en los pasillos unos monitores que mostraban cortes de documentales y películas de los 70. Así, cada vez que alguien iba al baño era como si viajara por el túnel del tiempo. Todo esto creo que ayudó a que todo el mundo fuera más o menos consciente de cómo era el momento histórico en el que se desarrolla la trama.
Rush supone un rodaje anómalo para usted, pues ha rodado en el Viejo Continente, con capital casi en su totalidad europeo. ¿La experiencia ha sido muy diferente a rodar en Hollywood?
No tanto, pues en esencia el objetivo viene a ser el mismo: contar una historia. Me gustaba el reto, necesito una pequeña revolución en mi filmografía, para conservar la pasión por el cine.
Pero después apenas he notado la diferencia. Sí que es verdad que el presupuesto era muy ajustado, en relación a lo que estoy acostumbrado, pero nada más.
Apuesta fuerte por internet, ya que acaba de producir la quinta temporada de la serie Arrested Development para Netflix, que al igual que la cuarta se estrenará de un tirón. ¿Está cambiando la forma de disfrutar de las historias audiovisuales?
Internet se ha convertido en un elemento muy importante para divulgar las historias. Conforme aumenta la tecnología se evitará un poco más la piratería.
Con plataformas como Netflix se puede llegar a todo el mundo en cualquier momento. Las series vienen a ser como volúmenes que están disponibles en la biblioteca, para quienes las quieran disfrutar.
Quizás en el futuro se estrenarán menos películas de cine, pero no me queda duda de que cada vez se contarán más historias por medios audiovisuales, se divulguen de la forma que sea.
De hecho, ha cambiado todo mucho. Cuando usted estrenaba títulos como 1, 2, 3 Splash o Cocoon duraban mucho tiempo en cartel. Ahora, se explotan en la primera semana, va todo mucho más rápido. ¿Le preocupa que si Rush no arranca a toda máquina pierda la carrera?
La verdad es que las primeras cifras de taquilla son importantes para los productores, porque permiten adivinar si recuperarán rápidamente su inversión. Por eso tratan de llevar a todo el público cuanto antes al cine.
Pero pienso que después las películas sí que tienen mucha vida, después de los cines, gracias a las plataformas digitales y al DVD. La gente sigue viendo durante mucho tiempo aquellos títulos que son memorables.
En el caso de Rush, me encantaría que la gente viera el film, sea como sea. Preferiría que lo contemplaran en una sala de cine, pero no lo digo por la recaudación, sino porque es un tipo de cine, con muchas secuencias de carreras, que funciona mejor en pantalla grande.
En el fondo, lo que me hace ilusión es que se vea.
No las tengo todas conmigo. Mi película no es una secuela, no está basada en ningún cómic y carece de elementos fantásticos. Mi gran duda es si el público está dispuesto a arriesgarse.
