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Festival de Cannes 2015

A concurso el cine griego y húngaro, distopía y holocausto

Cannes 2015, día 15: Woody Allen filosofa con su hombre irracional fuera de la competición

Gracias a que Woody Allen dirige una película al año, y que su cine siempre es interesante, sea más o menos afortunado el título que toque en cada ocasión, los festivales, Berlín, Cannes –este casi siempre–, Venecia o San Sebastián están encantados cuando les cae en suerte la presentación de lo último cocinado por el cineasta neoyorquino.

Cannes 2015, día 15: Woody Allen filosofa con su hombre irracional fuera de la competición

Y en esta ocasión “the winner” es Cannes, que ha servido de marco para la primera proyección de Irrational Man, comedia agridulce y con crimen de por medio, que en esta ocasión incorpora la filososía a su trama, pues profesor de esta imprescindible disciplina es su protagonista, encarnado por Joaquin Phoenix, que se debate entre dos relaciones con mujeres, una casada y profesora, Parker Posey, la otra una joven estudiante, Emma Stone.

Entre citas con su punto jocoso de pensadores como Kierkegaard o Kant, Woody Allen apunta a la irracionalidad de la existencia y la necesidad que tiene del hombre de creer en algo. Como explicó en la rueda de prensa, “no creo que haya dejado espacio en el film a la irracionalidad, sino que todos en la vida debemos elegir, lo que suele ocurrir repentinamente. Si la elección es la correcta, bien. Pero en el caso de mi personaje Lucas, se decanta por la irracional. Creo que el ser humano necesita creer, de ahí las religiones.” Y reflexionando sobre su oficio añadió que “lo único que tiene sentido a la vida es distraer a la gente. Cuando hago cine, primero me distraigo a mí mismo, y luego al público.”

Si centramos la mirada en los títulos a concurso, destaca el debut en la dirección del húngaro Laszlo Nemes, que con sólo 38 años entrega Saul Fia, un film cuando menos atrevido, en su mirada a los judíos que trabajaban en actividades auxiliares en los campos de exterminio. Con perspectiva moral, pero jugando a la ambigüedad, y con la elección estética de mostrar lo que el protagonista Saul ve, ofrece una trama ardua sobre el dilema de qué hacer con un inesperado superviviente. Sobresalen los largos y elegantes planos, deudores de los del cine de su conocido compatriota Béla Tarr, de quien fue ayudante de dirección.

De todos modos, de parecida difícil digestión es The Lobster, del griego Yorgos Lanthimos, con su tono de comedia surrealista, en la que plantea unas peculiares reglas para una sociedad distópica de un futuro no muy lejano. La idea es que los solteros que se resisten a encontrar pareja son recluidos en un hotel, donde tienen un plazo para lograrlo, pasado el cual, si no lo consiguen, se convierten en animales que son dejados en libertad. ¿Suena ridículo? Tal vez, pero los que conocen a Lanthimos y han aceptado sus singulares propuestas narrativas en anteriores filmes como Canino y Alps, seguro que picarán encantados su anzuelo, que esta vez habla inglés, el reparto es internacional con nombres tan conocidos como el de Colin Farrell.

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