El gran público desconoce su nombre, pero era la gran estrella de películas que a pesar de contar con grandes actores, provocaban que los espectadores dijeran a la salida: ¡Qué buena fotografía! Ocurría con peliculones como Carros de fuego y Memorias de África, tan vistosos y espectaculares gracias al trabajo de David Watkin. El veterano director de fotografía ha muerto el 19 de febrero en Brighton (Gran Bretaña) a los 82 años, como consecuencia del cáncer.
Nacido el 23 de marzo de 1925, en Kent (Gran Bretaña), David Watkin fue el cuarto y último hijo de un abogado católico, mientras que su madre era ama de casa. De pequeño era muy aficionado a la música. De hecho, su padre le regaló un piano, recibió clases y soñaba con ser concertista profesional. Pero tras servir en la Marina durante la II Guerra Mundial, aceptó un trabajo como operador de cámara para una compañía de ferrocarriles. Acabó trabajando como cámara ‘free-lance’ en cortos documentales y anuncios publicitarios. En el rodaje de uno de estos spots conoció al cineasta Richard Lester, que le reclutó como director de fotografía de El knack... y cómo conseguirlo, primer largo de Watkin, y quedó tan seducido por su talento, que volvió a recurrir a él en Help! (Socorro), Cómo gané la guerra, Cómo sobreviví a la bomba, Los tres mosqueteros y la inolvidable Robin y Marian.
También se convirtió en el operador habitual de Tony Richardson, con quien colaboró en Fuegos de verano, Las aventuras de Joseph Andrews, Delicado equilibrio o La última carga. También colaboró con Norman Jewison (Hechizo de luna), Mike Nichols (Trampa 22), Franco Zeffirelli (Té con Mussolini), Barbra Streisand (Yentl) y el debutante Hugh Hudson, para el que creó las inolvidables imágenes de atletas en la playa de Carros de fuego.
Influido por el estilo de la “nouvelle vague” y de directores de fotografía legendarios como Néstor Almendros, Watkin revolucionó la fotografía del cine de finales de los 60, por su estilo naturalista, y su utilización de la luz rebotada. Inventó la ‘Wendy Light’, una luz que se utiliza para rodar por la noche en exteriores.
Watkin era conocido por su costumbre de echarse una siesta en el set donde rodaba sus películas. “Es la única cosa que se puede hacer en un rodaje que no sea tremendamente aburrido”, bromeo sobre el particular. El hábito le hizo mucha gracia al director Sidney Lumet, que le contrató para La noche cae sobre Manhattan y acabó sacando a Watkin en un pequeño cameo, interpretando a un juez dormido.
Curiosamente, nunca tuvo mucha suerte en los Oscar, hasta que le nominaron por Memorias de África y, con toda justicia, se hizo con la estatuilla. Antes de darle el premio, en la ceremonia pusieron trozos de las películas nominadas, incluyendo planos generales y atardeceres de Memorias de África, por lo que él acabó comentando que le debía el premio a su director de la segunda unidad, que era quien los había rodado.
