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"Del cine y otros amores", de Julio Diamante

Del cine y otros amores (Julio Diamante, Cátedra, Colección Signo e Imagen, 333 págs)

"Del cine y otros amores", de Julio Diamante

En agosto de 2020 moría Julio Diamante, y unos pocos meses después llegan de la mano de Cátedra –donde ya había publicado antes su libro sobre teoría cinematográfica "De la idea al film"– estas sentidas memorias, ante las que me surge la duda de si el autor llegó a darlas por concluidas, o si todavía estaba trabajando en ellas cuando le sorprendió –creo que a todos lo hace, aunque se la considere próxima– la muerte. Sobre todo por los compases finales del libro, o algunos fragmentos que pueden asomar en un lugar, cuando bien podrían estar ubicados en otro, pienso en su bonita relación con Manuel Summers; también por algunas expresiones desabridas, pocas, que contrastan con el tono general de sus recuerdos, siempre amable o al menos mesurado, incluidos aquellos referidos a personas de ideas bien diferentes a las suyas.

Artista polifacético o poliédrico, expresiones que no le acababan de convencer, y menos aplicadas a él, lo cierto es que a Diamante le gustaban la poesía, el jazz, el flamenco, la literatura, el teatro, la televisión, el cine, vivió a fondo su compromiso político, e incluso inició estudios de medicina. Era, en cualquier caso, y se nota en cada página de su "Del cine y otros amores", un humanista, nada de lo humano le era ajeno, aunque de las actividades citadas, la que más le interesó y pensaba que mejor le definía, era el cine. Un cine que le servía para hablar de amor y libertad, sus grandes pasiones, que lo debieran ser de cualquier ser humano.

Diamante escribe bien, da gusto leerle. Y resultan especialmente emotivas y valiosas las primeras páginas de sus recuerdos personales, en que habla de su Cádiz natal con notable aliente poético, o de su familia, sus queridos ancestros, con particular atención a su padre y abuelo, ambos llamados también Julio Diamante. También está presenta su amor a Madrid, los primeros recuerdos del cine visto proyectado en la pantalla, y la primera conciencia del cine como arte que se te clava en el alma, el visionado de El delator de John Ford en el cine Génova.

Se define Diamante como hombre de izquierdas, y militó clandestinamente en el Partido Comunista, aunque luego mantendría una posición independiente sin renunciar a sus principios, sobre todo quiso ser un espíritu libre. En su relato pienso que trata de mantener siempre la perspectiva, aunque, lo admite, parece haber caído de pequeño en la marmita del anticlericalismo, y llama la atención cómo le hierve la sangre cuando le toca hablar del clero, y sobre todo de la jerarquía. Ello no le impidió acometer una valiosa adaptación de "El obispo leproso" de Gabriel Miró para TVE, o mencionar en su amplia relación final de amigos al padre Llanos o al padre Díez-Alegría. Aunque sobre todo los descalificativos los reserva para referirse a Franco y la dictadura de su negro régimen, y aquí pienso que un repaso sosegado de su texto habría atemperado la expresión "siniestro y fascistoide dictador", no porque no sea ese su pensamiento, sino porque chirría con el modo abierto y generoso de referir sucesos, por ejemplo al lidiar con la censura en su ejercicio profesional. Claramente tiene más interés el relato de su juventud, también durante el franquismo, con consideraciones bien pensadas y plasmadas en el papel, que sus reflexiones sobre la Transición y la Memoria Histórica, quizá menos elaboradas.

El autor se muestra pudoroso en los detalles más personales, apenas dedica unas líneas a su mujer. De modo que pone el foco en la acción y en sus ideas. Da cuenta de su andadura en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, y luego en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid, de los cortos que ahí hace en 1954 y 1955, los audaces Antes del desayuno y El proceso, según Kafka; de cómo sus ideas sobre la situación política pueden atravesar Los que no fuimos a la guerra (1962); y de tal vez sus mejores filmes sobre amores y desengaños, Tiempo de amor (1964) y El arte de vivir (1965). En su carrera se advierte enseguida lo bien que conectó y trabajó con actores como Agustín González y Lola Gaos.

La obra no es completamente lineal, aunque sigue el paso del tiempo, hay digresiones del hilo cronológico para hacer sus consideraciones de las relaciones del teatro y el cine, los puntos fuertes de uno y otro. También recoge los comentarios publicados en prensa sobre montajes teatrales o películas. Quizá a veces esta abordar una u otra obra, y su acogida, rompen un poco el tono más intimista de los sucedidos biográficos, en que siempre brilla la conexión humana con las personas o el reconocimiento de lo positivo, por supuesto con sus amigos Juan Antonio Bardem y Luis García Berlanga, pero también superando diferencias ideológicas, por ejemplo al referirse a José Luis Sáenz de Heredia.

El libro, además de contar con atinados prólogo de Fernando Lara y epílogo de Carlos F. Heredero, incluye un DVD que contiene el documental La memoria rebelde, la última película de Diamante.

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