Las películas del art cinema y sus públicos. El cine español en la segunda mitad de los años setenta (Valeria Camporesi, Cátedra, col. Signo e Imagen, 145 págs)
Agudo ensayo de Valeria Camporesi sobre el cine español en la segunda mitad de la década de 1970, o sea, lo que vino después del tardofranquismo y la muerte del dictador. La investigadora, profesora universitaria y directora de Filmoteca Española ofrece en estas apretadas páginas una mirada al cine que se hizo en esos años, pero poniendo el acento en cierto cine de autor, que denomina “art cinema”, y que encauzado a través de los canales de la industria fílmica nacional, es capaz de llegar a cierto público, también aprovechando el prestigio que puede suscitar la acogida de la crítica, o su exhibición en festivales internacionales.
La autora deja sentadas las bases de una situación en que el cine en general, más allá del caso español, está conociendo una disminución del número de espectadores debido a distintas causas, no siendo la menor la aparición de distintas alternativas de entretenimiento y ocio. Por otro lado, distingue entre tres tipos de películas, las de entretenimiento o “mainstream”, que buscan con claridad llegar al gran público, y las de autor o “art cinema”, más exigentes, pero que también desean alcanzar al mayor número posible de espectadores, a través de los medios aludidos en el párrafo anterior. De modo que al final quedaría, más marginal en su alcance, aunque con un importante papel en el campo de la innovación, el cine de vanguardia o experimental, que prueba nuevas formas a la hora de abordar sus temas e historias.
Camporesi evita las rotundidades de señalar la muerte de Franco o el asesinato de Carrero Blanco como los hitos temporales que permiten que se den ciertos cambios, pues ya se apuntaban la tercera vía, temas más acordes con la modernidad, e incluso el asomo del destape o cierto cine de terror que permitía ciertas libertades. Hay desde luego señales de cambio, y deja constancia de la importancia de El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973), con la producción de Elías Querejeta, con su fuerte simbolismo, pero también apuntando a otros títulos de los alrededores, como Tamaño natural (Luis García Berlanga), Vera, un cuento cruel (Josefina Molina) y La campana del infierno (Claudio Guerín Hill), los tres del mismo año. Y luego, yendo a la segunda mitad de la década de 1970 objeto del estudio, selecciona, aparte del preámbulo Erice, otros cuatro títulos emblemáticos, Furtivos (José Luis Borau, 1975), Cría cuervos (Carlos Saura, 1976), Bilbao (Bigas Luna, 1978) y Arrebato (Iván Zulueta, 1978).
En todos los casos citados se subraya la libertad de creación de la que gozaron sus responsables, y la intención de llegar al gran público canalizando los filmes por vías que pudieran hacer realidad ese objetivo. Además se señala la convivencia del deseo de innovar con el arraigo en la tradición, de modo que la indudable voluntad de transgresión puede ser explícita, o bien quedar implícita, son distintos modos de expresarse artísticamente.
