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"Los tres padrinos", de Peter B. Kyne

Los tres padrinos (Peter B. Kyne, edición de Eduardo Torres-Dulce Lifante, Hatari! Books, 133 págs)

"Los tres padrinos", de Peter B. Kyne

Maravillosa edición del relato o novela corta “Los tres padrinos” de Peter B. Kyne, llevado a la pantalla de cine por maestros de la categoría de David Wark Griffith, William Wyler y John Ford entre otros, dando pie no sólo a un singularísimo e irrepetible western, sino a un precioso y conmovedor cuento de Navidad. Se nota que Eduardo Torres-Dulce, el editor, ama el cine en general y el de John Ford en particular, pero no sólo eso, sino la obra literaria del más bien poco reconocido Peter B. Kyne, de la que han surgido más de un centenar de películas, la mayoría ambientadas en el lejano Oeste, lugar que conocía bien físicamente por haber nacido en California.

De entrada digamos que la narración, ofrecida en magnífica traducción de Susana Carral, es sensacional. El estilo del novelista es seco, sobrio y eficaz, a la hora de ir desplegando las peripecias a que se enfrentan los protagonistas y trazar su psicología, y en la descripción de los acontecimientos y el marco donde suceden, casi todo el tiempo un desierto con un ardiente sol de justicia y escasez de agua, que dificultan la supervivencia.

Tenemos a tres bandidos que han atracado un banco –el cuarto compañero de fechorías ha muerto en el intento–, con un fracaso estrepitoso, han dejado atrás el precioso botín. El Peor Hombre Malo, el Hombre Malo Herido y el Hombre Malo Más Joven, que adquirirán nombres de verdad, Tom, Bill y Bob, cuando asome al fin su humanidad, no podrán conformarse con la simple meta de huir y salvar el pellejo cuando encuentren a una mujer a punto de dar a luz, y que antes de morir logra que se comprometan a cuidar del recién nacido, que tendrá el nombre de los tres forajidos, ahora tres padrinos. Algo se remueve en su interior, el toque de la gracia, para asumir en serio esa misión, hasta el punto de ofrecer sus propias vidas. Y es que estamos ante un cuento de Navidad nítidamente cristiano, no sólo por el simbolismo evidente de la madre y el niño, y los tres “magos”, y las menciones evangélicas, también por el modo en que va actuando la providencia de modo que van encontrando, al modo del citado buen ladrón que acompañó a Jesús en la muerte en la cruz, su camino a la redención.

Antes de ofrecernos la novela propiamente dicha, Torres-Dulce entrega una valiosa introducción histórica y un agudo análisis de la obra y las circunstancias en que se escribió, de modo que conocemos la trayectoria vital y literaria del autor, la primera edición en la revista Saturday Evening Post en 1912, y las sucesivas adaptaciones fílmicas, mudas y sonoras, donde, costumbre de los primeros tiempos, los derechos de autor no eran exactamente respetados, y en algunos casos, se han perdido las primeras versiones en celuloide. Todo va acompañado de reproducciones de la edición original del relato, ilustraciones de la época, y otras más recientes, de J. Sainz de Vicuña y Miguel Ángel Torres-Dulce. Y hay por supuesto carteles de las películas, y algunas fotografías, donde vemos a los actores que estuvieron en unas y otras, con mención especial para Harry Carey, a quien John Ford hizo un precioso homenaje en su segunda versión, donde además de John Wayne y Pedro Armendáriz actuaba Harry Carey Jr., el hijo del otro, todos rostros habituales en el cine del mítico director.

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