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"Cómo hacer cine en equipo", de Linda Seger

Cómo hacer cine en equipo. Del guión a la pantalla (Linda Seger, Rialp, col. Libros de Cine, 343 págs)

"Cómo hacer cine en equipo", de Linda Seger

Si hay que citar especialistas en la escritura y análisis de guiones de cine, un nombre viene inmediatamente a la cabeza: Linda Seger. Sus libros son una referencia ineludible tanto para los aspirantes a llegar a convertirse en guionistas, como para los profesionales curtidos en el oficio, pero que saben que pueden y deben mejorar. Sus otros libros cubren todo tipo de terrenos, desde cómo escribir un guión a cómo mejorar un guión aceptable ya escrito, pasando por el terreno de las adaptaciones a partir de una fuente literaria, el manejo del subtexto o la construcción de personajes. Ahora ofrece este apasionante manual, que sirve para recordar al lector algo básico, pero que puede olvidar el escritor reconcentrado en su propia tarea: que su guión no es un producto final, sino la plantilla, el mapa, que usarán después otros, los profesionales de distintos departamentos, para rodar una película y explotarla luego comercialmente. En efecto, y no debe olvidarse, el cine es un arte compartido y necesariamente colaborativo.

“Cómo hacer cine en equipo” evoca el libro clásico de Sidney Lumet “Así se hacen las películas”, pues como éste, hace un repaso del trabajo de los distintos departamentos que trabajan en un film, desde la idea inicial, pasando por la escritura, la producción, la dirección, la actuación, el diseño de producción, la fotografía, el maquillaje, el sonido, los efectos especiales, la edición y la música, hasta que el espectador ve la película y la disfruta y la recomienda, o bien la condena al olvido entre sus amigos y conocidos. La diferencia es que este recorrido se hace con más ejemplos y hablando de un modo especialísimo al guionista, que a la hora de escribir debería hacerlo pensando en facilitar la tarea a los que vendrán detrás, aunque siendo también consciente de que inevitablemente habrá modificaciones, por una distinta visión o por necesidades de producción, de acomodar la trama a tal o cual actor, etcétera. Aunque interesará a cualquiera, pues se abordan temas tan variopintos como el modo en que un productor busca financiación para una película, deshaciendo el equívoco común de que el productor es “el que pone la pasta de su bolsillo”.

El libro engancha de principio a fin, gracias al conocimiento de la autora, y al esfuerzo exhaustivo por hablar con cientos de profesionales en las distintas áreas, o de recoger y citar textos “ad hoc” publicados en distintos medios. De modo que igual menciona clásicos que títulos recientes, además de películas muy populares que todos los lectores conocerán, para ilustrar distintos aspectos. Por ejemplo, la base literaria de Una mente maravillosa no ponía el foco en el desequilibrio mental del protagonista, y en uno de los borradores de El club de los poetas muertos el profesor Keating tenía una enfermedad incurable.

Saber que un actor afrontará desafíos para hablar con un determinado acento, o que improvisará unas líneas que el guionista no escribió, no debe escandalizar a nadie, y mejorará la película, e incluso aportará un mérito inesperado, hay un ejemplo increíble en El club de los poetas muertos, en que Robin Williams se salta el guión en una escena con Robert Sean Leonard sobre si pidió permiso a su padre para actuar en una función de teatro, y el otro debe improvisar, dando pie a un momento memorable. Y, no lo olvidemos, el guión de Tom Schulman se llevó el único Oscar de la película y Leonard ni siquiera estuvo nominado.

O sea, una película es como un castillo de naipes, unos aguantan a otros, y todos deben dar lugar a esa delicada construcción final. La idea de que la cabeza del personaje de Meryl Streep dé una vuelta de un modo imposible en La muerte os sienta tan bien, se puede escribir tal cual en el guión, y un técnico en efectos resolverlo sin demasiado arte, o bien, como Ken Ralston, currárselo con una muñeca Barbie, hablar con informáticos y emprender un largo proceso hasta rozar la perfección. Sí, recordar que se trabaja en equipo es importante, también para el guionista que escribe en soledad ante la pantalla de su ordenador.

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