Woody Allen, barcelonés accidental. José María Caparrós Lera. Encuentro. 174 págs.
Ofrecemos a continuación el prólogo del libro, firmado por el director de decine21.com, y que proporciona algunas claves para su mejor lectura y disfrute.
Que Woody Allen es uno de los grandes cineastas de nuestro tiempo es algo que muy pocos se atreven a poner en duda. Su capacidad de trabajo, un ritmo de una película al año, resulta sencillamente sorprendente. Es capaz de discurrir distintos artificios narrativos para sus filmes, bucea por géneros y estilos muy diversos, y a la creación de personajes convincentes suma la selección de repartos excepcionales. Gran guionista y fabricante de diálogos, explorador a tientas del espíritu humano, poseedor de una envidiable coherencia y un innegable sentido del ritmo, el neoyorquino es un director excelente, merece el calificativo de artista.
De algunos directores se tiene una idea más o menos precisa porque cultivan con esmero su vida pública. Otros pasan más inadvertidos, apenas conceden entrevistas y sus rostros permanecen en la oscuridad para la mayor parte del público. Pero hay un tercer grupo, al que pertenece Allen, donde se cumple a la letra aquello de que los árboles impiden ver el bosque. El cineasta nos resulta tremendamente familiar gracias a su faceta de cómico y actor, a través de la cual ha construido un personaje tímido, sensible, hipocondríaco, intelectual y vitalmente angustiado, inmerso en dudas amatorias casi nunca felizmente resueltas. Un personaje que nos ha acompañado en gran parte de su filmografía. Negar que existen elementos del cineasta en tal personaje sería a estas alturas ridículo, Woody Allen no deja de darse vueltas a sí mismo en sus películas con tal procedimiento. Pero el error, más común de lo que se cree, es identificar a ese Allen de celuloide con el auténtico Allen.
Por eso me parece tan original el punto de vista adoptado por José María Caparrós en este libro, a la hora de abordar la figura y el cine de Woody Allen. Descartar momentáneamente las películas de Woody-actor para fijarnos mejor en el Woody-autor ayuda al análisis de su obra, temas, inquietudes e influencias. Desaparecen parte de las distracciones con las que Allen nos obsequia habitualmente, las fijaciones de ese señor bajito y con los nervios desatados que, sí, nos hacen reír (y también llorar, su humor es agridulce), pero que también acaban invitando a transitar la senda de la simplificación y el estereotipo fácil.
En mi opinión, el propio Allen se ha dado cuenta en los últimos tiempos de esto. Dice que ya no interpreta a los personajes que habría hecho antaño por un problema de edad: no resultaría ahora convincente en esos roles, que reclaman una cierta juventud. Puede ser una explicación, pero el hecho de que en Match Point haya tomado la determinación de no rodar en Nueva York, y que sus personajes exhiban un marcado acento británico, me hace pensar que el cineasta ha caído en la cuenta de que en su cine se venían repitiendo algunos elementos no esenciales, pero que algunos los consideraban como tales, precisamente por esa repetición.
Un elemento no esencial del cine de Allen son precisamente los personajes con el rostro de Woody Allen, que no tienen por qué expresar, de modo unívoco, el pensamiento de Allen. Parece audaz decir esto de alguien cuyas películas como actor están en su mayor parte dirigidas por sí mismo; y que en sus películas más cómicas ha construido su propio “Charlot”, para entendernos.
Pero creo que esto es lo que con brillantez viene a sugerir Caparrós en su estudio sobre Woody Allen. Las ideas del director están en la totalidad de la película, no en “su” personaje. Y esto es algo que puede apreciarse con más facilidad, como nos invita Caparrós Lera a hacer, mediante el análisis de esos filmes, algo menos de un tercio de los dirigidos por él, en que sólo se encuentra detrás de la cámara, y algunos de los cuales, La rosa púrpura de El Cairo, son verdaderas obras maestras.
Como subraya el autor citando a Allen, en su esfuerzo por el trabajo bien hecho aletea “la ilusión de la inmortalidad”. Aunque sea a tientas, con más preguntas que respuestas, el cineasta se plantea las grandes cuestiones que preocupan la hombre. Lo que no es poco, en los tiempos de pensamiento débil que corren.
