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El guión del siglo 21

Los tiempos adelantan que es una barbaridad. Este lugar común lo tiene bien presente Daniel Tubau, cuyo gran mérito es ofrecer un amplio panorama de cómo un mundo globalizado y la nueva realidad digital están cambiando el modo de hacer y ver las distintas narraciones audiovisuales.

El guión del siglo 21

El guión del siglo 21. El futura de la narrativa en el mundo digital (Daniel Tubau, Alba, 407 págs)

Es de suponer que el autor de este libro no es profeta, ni hijo de profetas. Tampoco el que escribe estas líneas lo es. Pero Daniel Tubau, que ya escribió otra interesante obra sobre el mundo del guión (“Las paradojas del guionista”), se las arregla para pintar con firmes trazos la foto –siempre en movimiento– de la situación actual de la narración audiovisual –el libreto tradicional de las películas y las series televisivas–, para a renglón seguido abordar la increíble influencia de internet y los videojuegos, y señalar lo delgada que se está volviendo la línea que separa realidad y ficción.

De modo que Tubau es iconoclasta al mirar el clásico modelo de guión hollywoodiense con estructura reparadora en tres actos, que según su punto de vista habría arruinado la originalidad que se veía antaño en la meca del cine. Es verdad que para muchos guionistas el seguimiento de tal esquema constituía casi un dogma de fe, lo que traía consigo una rigidez no deseable. Pero una visión tan encorsetada de la jugada no se debía tanto a los defensores de los distintos paradigmas –Syd Field, Linda Seger, Christopher Vogler, Robert McKee–, como a una equivocada interpretación del modelo propuesto, cuyo conocimiento sirve también para vulnerar sus reglas si conviene.

En cualquier caso es cierto que los productos adocenados que Hollywood sirve con frecuencia están produciendo cierto hastío, y que muchas de las nuevas series televisivas han demostrado capacidad de riesgo, y nuevos caminos que no eran transitados en el cine. Tubau concede gran protagonismo en este sentido a HBO, de donde han salido series como Los Soprano, y aunque es innegable el papel de la citada compañía en esta especie de edad dorada televisiva, también lo es que televisiones en abierto han logrado series de grandísima calidad, ahí están las salidas de la factoría J.J. Abrams (Alias, Perdidos) o la creación de Aaron Sorkin El ala oeste de la Casa Blanca.

Tras mirar cine y televisión, el autor da un salto arriesgado al complicado mundo digital, y dentro de su impredicibilidad, sabe destacar los rasgos más destacados, cuya influencia en la narración –y “lectura”– audiovisual son claros. Internet lo ha cambiado todo. Tubau lo deja claro al hablar del hipertexto, esa posibilidad de acceder a contenidos relacionados con lo que estamos viendo de un modo natural y sencillo, con vínculos que permiten saltar de un lado a otro de la narración, y que forma parte de la médula espinal de internet. También es asombrosa la gran biblioteca que es internet, donde a golpe de click se supone que podemos acceder a cualquier contenido digital, presente en la gran nube. Nunca antes de ahora se han podido estudiar mejor las obras audiovisuales.

¿Cómo influye todo esto en la creación de contenidos? Influir, influye, pero si da pie a obras maestras, eso es otro cantar. El autor pone muchos ejemplos de cómo se puede manipular material ya existente –convertir un tráiler de Sonrisas y lágrimas en el avance de una película de terror–, o rodear una serie o película de una parafernalia de blogs de los personajes y acertijos varios para los fans. Muchos elementos pueden parecer puro marketing, pero Tubau considera que en algunos casos se producen fenómenos –crossmedia, transmedia...– dignos de atención, que pueden ser pioneros de hacia donde va al futuro de la narración audiovisual. Y lo que está claro es que cualquier creador puede teóricamente colgar su obra en la red, y darla a conocer como nunca había podido hacer hasta ahora.

Quizá en el conjunto del libro se echa en falta una mayor hondura antropológica. Decir que la revolución conservadora de la era Reagan habría frenado la creatividad fílmica de entonces, o pensar que la posibilidad de la televisión por cable de incluir sexo y violencia es la piedra de toque de su éxito, es como mínimo una simplificación. Lo cierto es los creadores de la era dorada de Hollywood, sometidos a una férrea censura, supieron concebir en tal contexto obras maestras sin paliativos.

Es verdad lo que dice Tubau de lo que lo nuevo produce miedo, y algunos pueden tender a ponerle cortapisas. Pero que alguien pudiera ver con temor, por ejemplo, el nacimiento del cine, pensando que sería habitualmente instrumento de degradación moral, no significa que ésta fuera la percepción general, aquello se veía como entretenimiento, y tal vez arte. En todo caso, se podía pensar que se podía usar con ese fin perverso, y creo que cualquiera podría reconocer la posibilidad manipuladora, no hay más que pensar en el cine de Leni Riefenstahl. Sea como fuere, y al igual que ocurre en otros campos como la biomedicina, pienso que no todo lo que se puede hacer, se debe hacer. Por ejemplo en el campo de la telerrealidad, hay programas lamentables para la dignidad de la persona humana, como el tristemente célebre “Gran Hermano”.

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