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On Film-making

Una grata sorpresa. Sólo así cabe calificar este libro compuesto a partir de los apuntes de las clases que Alexander Mackendrick impartía en CalArts. Como ha ocurrido con “Así se hacen las películas” de Sidney Lumet, tiene todas las papeletas para convertirse en manual de referencia para la enseñanza universitaria de la escritura y realización de películas.

On Film-making

On Film-making (Alexander Mackendrick, Jaguar, 285 págs)

Para el amante del cine, el británico Alexander Mackendrick (1912-1993), de quien el año pasado se celebró el centenario, es el director de Chantaje en Broadway, una de los mejores películas que se han filmado sobre el mundo del teatro. Es también el responsable de encantadoras comedias de la Ealing inglesa, como El hombre del traje blanco y El quinteto de la muerte. También de grandes películas sobre la infancia, Mandy y Viento en las velas.

Lo que quien escribe estas líneas desconocía por completo es la faceta de docente de Séptimo Arte de Mackendrick, que tan sólo dirigió nueve películas, entre 1949 y 1967, para luego dedicarse a enseñar enseñar durante casi 25 años . Tener que pelear con los estudios para hacer cine le desgastaba, y en cambio la propuesta para ser decano y profesor de la Escuela de Cine y Vídeo en CalArts, el centro de desarrollo artístico impulsado por Walt Disney, le atrajo enseguida, hasta el punto de renunciar a volver a dirigir tras No hagan olas (1967). Curiosamente él no tenía titulación alguna, pero aquello no le impidió, basado en su dilatada experiencia profesional, organizar la tarea e impartir clases de Gramática Cinematográfica y Construcción Dramática. Los apuntes de sus clases de estas dos disciplinas, reconstruidos para su edición por Paul Cronin, constituyen la base de este atractivo libro, que vio la luz en Estados Unidos por primera vez en 2007. Martin Scorsese, que escribe el prólogo, declara con entusiasmo entendible que “me resulta, incluso, complicado, imaginar un centro de enseñanza universitaria cuyo programa de Estudios Fílmicos no esté organizado alrededor de estos escritos”. Sí, parece un manual de cinematografía de obligada referencia. También lo considera así el traductor de la obra, Asier Aranzubia, que tiene publicada en Cátedra una monografía sobre el director.

En las enseñanzas de Mackendrick se reconoce la voz del buen maestro que no dogmatiza e invita a cada alumno a encontrar su camino como cineasta. Rebosa sentido común al mostrar sus dudas sobre el cine experimental y en cualquier caso señalando que hay que conocer cómo se han hecho cientos de películas antes de pretender reinventar o cambiar las reglas del juego; y no le importaba, según cuenta su antiguo alumno James Mangold, tener “a veces enfrentamientos con aquellos alumnos que pensaban que su expresión personal estaba siendo coartada por el profesor”. También resulta de agradecer la utilización de un lenguaje sencillo en su exposición, que huye de complicadas jergas sólo comprensibles para los iniciados. Lo que no significa incultura, ahí están sus ejemplos de historias tomando pie de Sófocles y su “Edipo rey”, entre otros muchos ejemplos de la literatura universal; o las citas filosóficas y de manuales como los de interpretación de Konstantín Stanislavski.

Hay grandes directores que son incapaces de explicar cómo lo hacen. Aunque Mackendrick evitaba usar ejemplos de su propia obra –la excepción es Chantaje en Broadway–, quizá por modestia –llega a afirmar que no es un trabajo importante–, quizá por no caer en subjetivismos, demuestra tener talento para evitar hermetismos y clarificar conceptos a priori abstractos. Por supuesto usa ejemplos de su experiencia personal, y no le importa quedar mal si con ello ilustra algún punto, lo que resulta tremendamente pedagógico, y daba seguridad a los aspirantes a cineastas.

Que Mackendrick era una gran docente y se tomaba en serio la tarea de enseñar lo prueba la cantidad de ejemplos que maneja para ilustrar lo que explica, con dibujos y esquemas incluidos. En una época en que no existía la facilidad de los vídeos y los ordenadores, él se las ingeniaba para acudir a escenas y planos de películas que pudieran conocer los estudiantes, y él mismo ofrecía imágenes dibujadas con sus propias manos. Uno de sus esquemas, muy elaborado, es el mapa de personajes de El tercer hombre.

“Una película no es simplemente algo que sucede en la pantalla; es algo que sucede en la cabeza”, señala el profesor Mackendrick, que considera el proceso como una ilusión, al modo de los trucos de magia. De hecho concedía gran importancia al modo en que se produce la percepción y los mecanismos de interpretación del cerebro. Ironía y sentido del humor hay en la anécdota, “Mira, ganado de las Highlands”, frase que dicen unos tipos en un mediocre documental, para a continuación mostrar, en efecto, ganado de las Highlands, y que ilustra el error de la redundancia en la narrativa fílmica. Los textos de Mackendrick, tanto los de arquitectura dramática como los que apuntan a la dirección son claros, e ilustrarán de modo especial a los que hayan hechos sus pinitos como director, que en los tiempos que corren, con las facilidades que proporcionan las nuevas tecnologías, son casi legión. Aprender del que sabe –o sea, de Mackendrick– la narrativa audiovisual puede ser la forma de no dejar que arraiguen vicios luego muy difíciles de corregir.

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