La 76ª edición del Festival Internacional de Cine de Berlín se ha clausurado con victoria de "Cartas amarillas"
Durante los diez días del certamen, la prensa cargó contra Wim Wenders, director del Jurado, por su aparente tibieza ante la guerra entre Gaza e Israel. Sin embargo, el palmarés final pareció una réplica indirecta a esa controversia: varias de las películas más políticas —y también de las peor valoradas por buena parte de la crítica— acabaron llevándose los principales premios.
El Oso de Oro a la mejor película fue para Cartas amarillas, de İlker Çatak. El drama sigue a Derya (Özgü Namal) y Aziz (Tansu Biçer), dos actores teatrales turcos que pierden su trabajo por la represión política del régimen autoritario en Turquía. Rodada íntegramente en Alemania pese a ambientarse en Ankara y Estambul, la cinta funciona como advertencia: lo que ocurre allí podría suceder aquí.
İlker Çatak, que ya estuvo en la órbita de los Oscar con Sala de profesores, se convierte en el primer director alemán en alzarse con el máximo galardón en Berlín desde Fatih Akin, ganador en 2004 con Contra la pared.
El Gran Premio del Jurado (segundo puesto) recayó también en un cineasta turco, Emin Alper, por Salvación, crónica de la espiral de violencia en una aldea montañosa tras el regreso de un clan exiliado. Emin Alper aprovechó su discurso para mostrar solidaridad con Palestina, Irán y el Kurdistán, elevando aún más la temperatura política de la gala.
El premio a la mejor dirección fue para Grant Gee por Todo el mundo excava a Bill Evans, biopic fragmentado del legendario pianista de jazz, marcado por la muerte accidental de su contrabajista. Anders Danielsen Lie encarna al músico, acompañado por Laurie Metcalf y Bill Pullman como sus padres.
El Oso de Plata a la mejor interpretación protagonista fue para Sandra Hüller por Rosa, dirigida por el austriaco Markus Schleinzer. Ambientada en la Alemania rural del siglo XVII, Sandra Hüller interpreta a una mujer que vive haciéndose pasar por hombre, en un sobrio blanco y negro inspirado en casos históricos documentados.
Sandra Hüller, nominada al Oscar por Anatomía de una caída, celebró el galardón con un beso en los labios a la productora polaca Ewa Puszczyńska, miembro del jurado y colaboradora suya en La zona de interés.
Reina en el mar, de Lance Hammer, se llevó el Oso de Plata – Premio del Jurado (tercer puesto) y el de mejor interpretación de reparto para Anna Calder-Marshall y Tom Courtenay, que encarnan a un matrimonio anciano enfrentado a la demencia severa de ella y al cuidado abnegado de él. La película contó también con Juliette Binoche y Florence Hunt en su reparto.
El premio al mejor guion fue para Nina Roza, de Geneviève Dulude-de Celles, historia de un inmigrante búlgaro que regresa a su país en busca de un niño prodigio del arte.
Por su parte, el Oso de Plata a la contribución artística sobresaliente fue para Yo (El amor es un pájaro rebelde), de Anna Fitch, documental experimental que combina marionetas, collages y maquetas para reconstruir la vida de su amiga Yolanda “Yo” Shea.
La ceremonia, conducida por la directora del certamen, Tricia Tuttle, estuvo marcada por intervenciones en favor de Palestina y críticas a las acciones militares israelíes. El documental Crónicas desde el asedio, de Abdallah Alkhatib, ha obtenido el premio al mejor debut, mientras que Algún día un niño, de Marie-Rose Osta, ganó el Oso de Oro al mejor cortometraje.
En su discurso final, uno de los productores de Cartas amarillas hizo un llamamiento a favor de no enfrentar “cineasta contra cineasta”, y a centrar la lucha en los autócratas y los nihilistas de nuestro tiempo.
