La 98.ª edición de los Premios de la Academia, celebrada el pasado domingo, reunió a 17,86 millones de espectadores en ABC y Hulu, consolidando la tendencia de descenso de audiencia de los grandes galardones cinematográficos.
Según la consultora Nielsen, esta cifra representa una caída aproximada del 9 % respecto al pico post-pandemia del año pasado, cuando 19,69 millones de personas siguieron la ceremonia. Se trata de la menor audiencia de los Oscars desde 2022, cuando 16,68 millones de espectadores sintonizaron la gala.
Muchos estadounidenses parecen haber perdido interés en los Oscars, y la posibilidad de ver los momentos destacados al día siguiente en YouTube ha reducido aún más el incentivo de seguir la transmisión en vivo. Más preocupante, la ceremonia está perdiendo a su público “fiel”, mayor de 50 años, que creció asistiendo al cine pero que ahora prefiere consumir contenido en streaming desde casa. Si no han visto las películas nominadas, ¿por qué interesarse por los ganadores?
Para ponerlo en perspectiva, en 2016 los Oscars alcanzaron casi 35 millones de espectadores: una diferencia de 17 millones respecto a la audiencia de la pasada noche.
El fenómeno refleja un cambio cultural más amplio: el cine, aunque amado, ya no tiene el mismo impacto en la sociedad. Antes, los ganadores de Mejor Película, como Gladiator, Titanic, Forrest Gump, El discurso del rey, Braveheart o Bailando con lobos, eran vistos por millones de estadounidenses. Hoy, títulos recientes como CODA, Nomadland o incluso el ganador de este año, Una batalla tras otra, han logrado cifras modestas: esta última recaudó solo 72 millones de dólares en Norteamérica y provocó pérdidas superiores a 100 millones para Warner Bros. Solo Oppenheimer ha superado los 100 millones de dólares en taquilla doméstica entre los últimos trece ganadores.
Además, la relevancia de los premios también se ha visto afectada por la transformación del star system. La fascinación por las estrellas de cine ha disminuido, y los superhéroes o actores de franquicias como Chris Evans, Tom Holland, Robert Downey Jr. o Benedict Cumberbatch difícilmente aparecerían en la alfombra roja con sus trajes icónicos…
La saturación de contenido en redes sociales, YouTube y plataformas de streaming ha cambiado la forma en que consumimos entretenimiento. Ver a unas pocas celebridades celebrar logros cinematográficos ya no genera la misma emoción.
El cine, en todas sus formas, seguirá existiendo, pero su posición en la cultura popular dentro de 10 o 20 años aún está por definirse.
