Hay estrellas en el Paseo de la Fama y luego están las huellas en el cemento del legendario Teatro Chino de Hollywood. Lo primero es un reconocimiento importante. Lo segundo es entrar en un club todavía más exclusivo. Y desde este martes, ese club tiene por primera vez acento español: Javier Bardem se ha convertido en el primer español que deja impresas sus manos y pies en el histórico recinto angelino.
El actor madrileño participó en una ceremonia celebrada ante el TCL Chinese Theatre, donde estampó sus manos, sus pies, su firma e incluso la huella de su nariz sobre el cemento fresco, siguiendo una tradición reservada a algunas de las figuras más importantes de la historia del cine. Más de doscientas celebridades han pasado por ese ritual desde los tiempos de Marilyn Monroe, pero ningún español lo había conseguido hasta ahora.
El homenaje estuvo arropado por dos cineastas que conocen bien el talento de Javier Bardem, Denis Villeneuve y Michael Mann, que participaron en el acto y elogiaron una carrera que ya supera las tres décadas.
Visiblemente emocionado, Javier Bardem quiso dedicar el reconocimiento a su familia y especialmente a su madre, Pilar Bardem. El intérprete recordó que pertenece a una de las grandes sagas artísticas españolas y aseguró que siente este honor como un homenaje al apellido Bardem y a todas las generaciones de actores que le precedieron.
También hubo espacio para la reivindicación. Durante su discurso, el ganador del Oscar defendió el valor del cine como lugar de encuentro en tiempos de división y recordó que la industria cinematográfica sigue atrayendo a personas de todo el mundo gracias a su capacidad para contar historias.
El reconocimiento llega en un momento especialmente activo para el actor. Javier Bardem acaba de presentar la serie de Apple TV+ Cape Fear, nueva adaptación de la novela que inspiró El cabo del miedo, donde interpreta al inquietante Max Cady, personaje que en el cine encarnaron anteriormente Robert Mitchum y Robert De Niro.
Con una estrella en el Paseo de la Fama desde 2012, un Oscar por No es país para viejos y una carrera que le ha llevado de Jamón, jamón a la saga Dune, Javier Bardem suma ahora uno de los honores más simbólicos que puede recibir un actor en Hollywood: dejar una marca física y permanente en el lugar donde la fábrica de sueños celebra a sus elegidos.
