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Oscar 2015

Mi gran Oscar griego: y la cabra al mejor actor es para...

Mi gran Oscar griego: y la cabra al mejor actor es para...

Queda apenas una semana para la entrega de los Oscar 2015, pronto los medios nos saturarán de noticias acerca de los premios top del mundo del cine, colofón de varios meses en que un día sí y otra también amanecíamos con la noticia de la concesión de algún premio, en tal o cual país, de los críticos de tal o cual ciudad, de los profesionales de determinado gremio.

Y cuál ha sido mi sorpresa al leer en The Wall Street Journal, gracias a un estupendo artículo de Amanda Foreman, que el antecedente a los Oscar hemos de buscarlo en la antigua Grecia. A pesar de que en la actualidad nos pongan un poco nerviosos el Alexis Tsipras de Syriza y compañía, no podemos ignorar nuestras raíces clásicas, estos helenos no sólo nos han legado lengua, literatura, ciencia, mitos y filosofía, e incluso los juegos olímpicos, ahora me entero que ellos de algún modo son responsables de la estatuilla dorada que entrega Hollywood anualmente. Sólo que ellos no entregaban a los grandes de las artes escénicas un Oscar, tal vez por aquella época también había recesión o así, el caso es que hace más de dos mil años, lo que se estilaba era premiar con una cabra, vivita y coleando.

Me entero gracias a Foreman que la cabra es el emblema de Dionisio, y que “tragedia” viene de “tragoidia”, que en griego significaría “canción de la cabra”. Y que algunos ganadores de cabras famosos de la antigua Grecia son nada menos que los grandes dramaturgos Sófocles, Eurípides y Esquilo. Y el método para otorgar los galardones a las mejores obras de teatro del año era ingenioso: todos los ciudadanos griegos varones podían optar a formar parte de un jurado de 10 hombres encargados de dar su veredicto, escrito en una tablilla. De las 10 tablillas se escogían 5 al azar para dictaminar los ganadores del año, que recibían la codiciada cabra. Por lo visto la tradición terminó cuando la inventiva de los autores declinó, y sólo se representaban nuevas versiones de obras ya conocidas. Esto mató una temporada al teatro, que luego volvió en la Edad Media, aunque en forma de premios, la impresión es que no hubo nada hasta que llegaron los Oscar, y todos los demás se apuntaron a rebufo.

Sea como fuere, lo que daría por escuchar “y la cabra a la mejor actriz es... para Jennifer Lawrence”. Si la chica ya se tropezaba con su vestido a la hora de recoger una estatuilla dorada, sería para ver cómo se las apañaba con una cabra, ya la estoy viendo ahí en el escenario sujetándola con un cordel, espero que no le diera por sacar una flecha de su carcaj de Los juegos del hambre, no vaya a ser que una sociedad pro derechos de los animales nos la denuncie y la metra entre rejas. En cualquier caso este año no existe ese riesgo, ya que no está nominada.

Por cierto que la imagen que acompaña estas líneas no es la de George Clooney recogiendo su galardón en forma de cabra –aunque habiendo protagonizado O Brother!, inspirada en Homero, el chico ha demostrado sus inclinaciones helenistas–, sino un fotograma de un film que protagonizó y que tenía el peculiar título de Los hombres que miraban fijamente a las cabras.

Los chinos celebran curiosamente, me acabo de dar cuenta, el Año de la Cabra. Y también se me ocurre que un serio candidato a la cabra, perdón, al Oscar, a la mejor fotografía este año por Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia) es el mexicano Emmanuel Lubezki, conocido por sus amigos y colegas como El Chivo, o sea, La Cabra.

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