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Reportajes

El cine bucea en las razones para continuar luchando y soñando en un mundo hostil

Día 23: Creer en el cine con James Franco, creer en el mal pastor

Tras ser premiado hace cuatro años con la Concha de Oro gracias a “The Disaster Artist”, James Franco regresa a la sección competitiva con otra cinta de cine dentro del cine. ¿La creencia en las películas da la felicidad? ¿La da ser sostenido por un líder espiritual de dudosa catadura moral, como en “The Other Lamb”? Y finalmente, ¿buscamos dónde debemos? He ahí las preguntas que plantean dos películas de corte muy diferente.

Entre amor al cine, cinefilia, afición al cine y mitomanía, existe un amplio rango de mayor o menor vinculación con el Séptimo Arte. Algunos espectadores buscan pasar el rato con las películas, otros incluso piensan que son una invitación a la reflexión, pero los que hay que las convierte en algo tan necesario para vivir como el aire que respiramos. A esta categoría pertenece Vikar, el protagonista de Zeroville, la nueva película de James Franco.

Cuando sólo existe el cine

El extremismo fílmico de Vikar se presenta ya desde los primeros compases de Zeroville, el personaje, con el pelo cortado al cero, tiene grabado en la nuca un tatuaje de sus admirados Montgomery Clift y Elizabeth Taylor, su película favorita es Un lugar en el sol, y él mismo en efecto también busca su sitio a la luz del astro que nos ilumina, y piensa que tal lugar sólo puede encontrarse en Hollywood. Arquitecto frustrado, le acompaña en su habitación de un hotel –una que antaño ocupó Monty– la maqueta de una iglesia por él diseñada tiempo atrás. Tal vez esa fe le decepcionó, no se nos aclara este punto, pero ahora vive para el cine, es capaz de citar con soltura nombres de directores y películas, aunque no había visto cine hasta tiempos muy recientes, y se abriendo paso en lo profesional, hasta el punto de ser requerido para montar una película de corte erótico, donde actúa la mujer a la que ha sublimado, Soledad, que le hace evocar a la Taylor.

Zeroville1Franco ambienta la película a finales de los 60, la misma época en que Tarantino sitúa Érase una vez en... Hollywood, hasta se menciona el asesinato de Sharon Tate, aunque el tono es muy diferente. Resulta difícil hablar en este caso de nostalgia romántica, a pesar de los numerosos guiños cinéfilos, y predomina en cambio un tono entre alucinado y disparatado, en que se anticipa la llegada del nuevo Hollywood, con presencias juveniles de Martin Scorsese, Francis Ford Coppola y Steven Spielberg. Se pinta con cariño a algunos mentores de Vikar, y se fustiga a la figura del productor que no tiene en verdadera consideración a las personas ni a las películas que hacen.

Estamos decididamente ante una propuesta bizarra, que seguramente tiene el tono que el director pretende, pero que resulta bastante banal y vacía, ya sea en la subtrama romántica, en la cuestión de Soledad y su hija, en la idea de que la única eternidad a la que podemos aspirar reside en los fotogramas de las películas.

El mal pastor no da su vida por las ovejas

Otra propuesta pintoresca acerca de donde ponemos la fe y la esperanza es la de The Other Lamb, que dirige en inglés la cineasta polaca Malgorzata Szumowska a partir de un guión de C.S. McMullen, y que sigue la estela de la exitosa serie televisiva basada en la novela de Margaret Atwood El cuento de la criada. En efecto, describe las tribulaciones de una pequeña secta en un lugar innombrado de Estados Unidos, todos sus componentes son mujeres, lideradas por un hombre, el pastor, ellas son para él esposas e hijas. Se supone la mayoría han sufrido mucho daño en la vida, y han encontrado la sanación de sus heridas gracias a este pastor. Instaladas en un paisaje idílico, pronto surgen las dudas de si verdaderamente están en un edén, o en una especie de infierno no identificado. Shela, que inicialmente mira al pastor con arrobamiento, deseando ser poseída un día por él, empezará a albergar dudas acerca de este hombre y el estilo de vida que ha escogido junto a otras mujeres.

otherlamb1La película cuenta con una hermosa fotografía de Michal Englert, que sabe jugar con los colores rojos y azules de los vestidos de las mujeres, y con increíbles parajes naturales. Y recurre constantemente a una imaginería cristiana –los bautismos, la figura del pastor y las ovejas, el exilio y la búsqueda de la tierra prometida, etcétera–, aunque realmente nunca vemos una religión propiamente dicha, ni relaciones con un Dios personal, ni sabemos a qué autoridad apela el pastor para ejercer su función. Más bien vemos a alguien que se ha autoconstituido en autoridad, y se aprovecha de su privilegiada situación revistiéndose de aires de santón, aunque no puede evitar mostrar rasgos de lascivia cuando se retira con alguna de sus esposas.

En fin, tenemos en The Other Lamb la enémisa propuesta de tiempos recientes contra la opresión del patriarcado y sus abusos, aquí unida a una visión negativa de la búsqueda de la trascendencia y la espiritualidad, que serían formas de alienación que no conducen a ninguna parte. Y el recurso para lograr la meta es el de una perniciosa secta.

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