La competición se acelera con la entrada en liza de dos nuevos países: Francia y Rusia. Pero antes es preciso mencionar a un tercer país, Taiwán, que abría la noche pasada la sección “Un Certain Regard”, una sección no competitiva, pero que organiza su propia contienda, pues el Delegado Artístico del Festival, Thyerry Frémaux, nos presentaba a la presidenta de este Jurado particular, Pascal Ferran, ganadora este año en los César con El amante de Lady Chatterley.
La película elegida tenia mas bien el aire de un homenaje al veterano del cine taiwanés, Hou Hsiao-hsien. Pero Le voyage du ballon rouge (El viaje del globo rojo) es una producción enteramente francesa. Un filme, a todas luces de encargo, que transcurre enteramente en París y que es, a su vez, un homenaje a la película del francés Albert Lamorisse, Le Ballon Rouge. Hou Hsiao-hsien, que no habla francés, ha dejado a sus actores improvisar enteramente sus diálogos, una hazaña que es especialmente llamativa en el caso de Juliette Binoche y que se traduce en una sorprendente naturalidad. Por lo demás, la nueva película del director de Taiwán no añadirá nada a su carrera. No hace falta un gran sentido crítico para comprender que la historia es un pretexto anecdótico, y que lo que ha interesado al director es su visión de París, algo semejante a lo hecho con Tokio en su película Café Lumière.
Francia en Cannes: la eterna polémica
Acogido mas bien fríamente, a pesar de ciertos aplausos, Les chansons d’amour de Christophe Honoré es una película “especial” tanto por su tema (los amores homosexuales, los tríos sexuales) como por su forma (una acción entrecortada por una docena de canciones), que se adaptan a la situación. Ismael (Louis Garrel) es el compañero de Julie, pero Julie (Ludivine Sagnier) se entiende bien con Alice (Clotilde Hesme). Conclusión: pronto el trío comparte la misma cama. La tragedia se impone entre canciones: Julie muere de un ataque cardíaco; Ismael, inconsolable, se consolará pronto al lado de un joven bretón, Erwann (Grégoire Le Prince-Ringuet). Todo ello está rodado con cierta elegancia, sin intención de chocar, pero a menudo se cae en lo ridículo. Honoré, que entrega su tercera realización, ha abordado a menudo el tema de la homosexualidad. Su concepción de la existencia parece basarse en un postulado: todos los seres humanos son bisexuales. Hay un aire de provocación en sus películas, que hoy no chocan a nadie. En fin, Les chansons d’amour parece destinada a transformarse en “la película francesa”, por principio osada, que hará las delicias de los espectadores de Nueva York, en un ambito forzosamente intelectual.
Un director que se afirma: Andrei Zvyagintsev
Es cierto que se precisa un cierto esfuerzo para retener su nombre. Pero sin duda merece la pena. Andrei Zvyagintsev no es desconocido. Su primera película, El regreso (2003), obtuvo el León de Oro en Venecia en 2003; y ocasionó numerosos comentarios a causa de su calidad, pero también por su hermetismo. Izgnanie (que podríamos traducir por “El destierro”) es una obra mucho mas explícita que El regreso (2003), y ello aunque no descubra su verdadero carácter fácilmente. Para no revelar sus recursos dramáticos, nos podemos limitar a decir que se trata de la historia de una familia, procedente de una ciudad, que se instala en un casa situada en plana naturaleza. Alex (Konstantin Lavronenko) y Vera (Maria Bonnevie) forman una pareja en principio feliz. Todo parece derrumbarse cuando Vera anuncia a Alex que espera un tercer hijo, que no sería de Alex. Todos estos datos son sólo apariencias, que se instalan en una acción rica en sorpresas, en la que los problemas que ponen a prueba el amor son capitales.
Andrei Zvyagintsev abandona el puro realismo para partir en una dirección religiosa, que se quiere discreta, a pesar de la larga cita de San Pablo sobre el elogio de la caridad. Tanto por la belleza de las imágenes como por esta dimensión religiosa, “El destierro”, con sus alusiones al sacrificio, al pecado y a la redención, entronca directamente con el cine de Andrei Tarkovsky, en particular con su ultima película, El sacrificio. Y quizás lo mas extraordinario desde el punto de vista del cineasta es que Zvyagintsev, con su director de fotografía Mikhail Krichman, ha recreado Rusia en el Sur de Bélgica. Una verdadera hazaña.
