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Biografía

Ludivine Sagnier

Ludivine Sagnier

41 años

Ludivine Sagnier

Nació el 03 de Julio de 1979 en La Celle-Saint-Cloud, Yvelines, Francia
Filmografía
The New Pope

2019 | The New Pope | Serie TV

Más de lo mismo. The New Pope confirma lo que ya se intuía en The Young Pope. Que el creador de ambas series papales, el italiano Paolo Sorrentino, tiene entre manos una única idea, que estira innecesariamente como un chicle, y que daba como máximo para una película. Una película que ya filmó años atrás con más modestia y talento un compatriota suyo, Nanni Moretti, con el título de Habemus Papam. El papa estadounidense Pío XIII, Lenny Belardo en la vida civil, está en coma, y no parece que vaya a salir de este estado. Lo que preocupa al todopoderoso secretario de estado, el cardenal Angelo Voiello, que piensa que el pontífice se está convirtiendo en objeto de idolatría, mientras no se afrontan problemas acuciantes, como el fundamentalismo islámico o los escándalos sexuales. Urge elegir un nuevo papa, y nadie mejor que él para acceder al puesto. Pero se encuentra con la oposición en el cónclave de otro papa latino con su misma cara, y al final es escogido alguien que se espera que sea un hombre de paja, pero que con el nombre de Francisco II, empieza a tomar medidas como la de regalar objetos valiosos a los pobres y acoger refugiados en el Vaticano. Comienza una nueva intriga para colocar en la sede papal al británico sir John Brannox, admirador del cardenal Newman, y que acabará accediendo a la sede papal con el nombre de Juan Pablo III. Con The New Pope, Paolo Sorrentino acaba hundiéndose en las aguas de las más inane vacuidad. Se suceden las escenas de corte surrealista e irreverente, con impostado tono envarado y solemne, subiendo el tono erótico de las relaciones de monjas y curas, empujados por la pasión y el tirón sensual. A veces uno tiene la sensación de que el creador y director de la serie se limita a hilar una colección de chistes tontos –la huelga de las monjas y su encierro en la capilla Sixtina, los padres de Brannox en silla de ruedas y con respirador, el fantasma de Pío XIII pululando por ahí, los monjes franciscanos asaltando los desvanes del Vaticano...–, mientras da rienda suelta a su vocación de esteta, con escenarios suntuosos y vistosas vestiduras eclesiásticas. En The Young Pope aún colaba la idea de que, entre bromas y veras, Sorrentino hablaba de la angustia existencial del ser humano, que se agarra como a un clavo ardiendo a un sistema de creencias, a la fe cristiana. Aquí la mirada a la fe está vacía de contenido, el italiano no tiene ni idea ni quién es Jesús, ni de qué va eso de rezar. Y por supuesto, el papel de obispos, cardenales y pape se ve como simple ejercicio de poder, nunca como verdadero servicio a los fieles, grandes ausentes de esta propuesta. Incluso los actores parecen moverse con desconcierto irónico en sus interpretaciones, especialmente John Malkovich y Cécile de France, esta última luciendo con frecuencia una sonrisita que vale más que mil palabras.

4/10
La verdad

2019 | La vérité

En su primera película con actores internacionales, rodada en francés e inglés, y de sencilla puesta en escena, el cineasta japonés Hirokazu Koreeda opta por una trama de cine dentro del cine, aunque sin renunciar a su habitual interés por dibujar las relaciones familiares. Describe una reunión familiar en París, Fabienne, una célebre actriz ya anciana acaba de publicar sus memorias, lo que propicia el encuentro con su hija Lumir, guionista en Estados Unidos, casada con el actor Hank, con el que tiene una niña encantadora, Charlotte. El momento coincide con una breve colaboración de Fabienne en el rodaje de una película, donde pueden detectarse reminiscencias de la relación ambigua que mantiene con su hija, y en que asoman los celos por una actriz rival ya fallecida. Koreeda plantea una trama sutil, quizá demasiado– el espectador poco atento puede considerarla insulsa–, en que se pregunta por la verdad como actitud vital, ya sea en las relaciones afectivas o laborales, o en un texto autobiográfico supuestamente sincero. Incluso con las personas con las que supuestamente existe más confianza se puede evitar la franqueza, hasta dejarse dominar por el temor a la hora de pedir perdón, o pasar página, y encontrar más sencillo el recurso a la mentira y el disimulo; mientras que otras veces el comentario mordaz y peyorativo que se ajusta a la realidad, puede ser otra forma de adulterar la verdad, o hacerse con el escudo de que la otra persona no domina tu idioma, no te entiende. El trabajo de actriz o de guionista se presenta en este contexto como el arte de la impostura, en que se pronuncian o idean frases que pueden responder, o no, a lo que aletea en la conciencia de las personas. Las palabras pueden expresar sentimientos sinceros, o servir de disfraz que oculta lo que bulle verdaderamente en el interior. También la mención a un clásico del cine y la literatura juvenil, El mago de Oz, sirve para aludir a la cuestión. Los actores parecen encontrarse muy cómodos en sus papeles, con la gran dama del cine francés Catherine Deneuve y su hija en la ficción Juliette Binoche bien conjuntadas, apoyadas por estupendos secundarios donde rebosa naturalidad la niña debutante Clémentine Grenier.

6/10
Una pequeña mentira

2019 | Fourmi

El guionista francés Julien Rappaneau ha alcanzado una filmografía suficientemente notable como para que ya no nos refiramos a él como el hijo de Jean-Paul Rappaneau. En 2015 decidió emular a su progenitor y debutó como director con la estimable Rosalie Blum, una comedia dramática sobre la soledad y la necesidad de ser amado. En su segunda película, Una pequeña mentira, consolida su buen hacer tras las cámaras con una historia entrañable y sencilla sobre el amor entre un padre y su hijo y demuestra que sabe tocar la fibra y que lo suyo son las historias optimistas que hacen ser mejores a las personas. Desde que se cerró la fábrica donde trabajaba, Laurent no levanta cabeza. Recién separado de su mujer, malvive en casa de su tía y se pasa el día bebiendo. Su hijo Théo le adora pero nada parece ayudar a Laurent a cambiar de vida. Cuando un ojeador del Arsenal acude a un pequeño partido de fútbol en el pueblo, Théo, que es la estrella local, es finalmente rechazado. Sin embargo, como quiere ilusionar a su padre inventa la noticia de que ha sido elegido para jugar en el club londinense. Una pequeña mentira es la adaptación la gran pantalla del cómic “Dream Team”, obra de los españoles Mario Torrecillas y Artur Laperla, escritor e ilustrador respectivamente. Estamos ante una comedia dramática, amable y con encanto, donde el alma es el jovencito Théo –alias "Hormiga"–, de doce años, que rebosa bondad y responsabilidad. Resulta conmovedor cómo a pesar de las decepciones sigue creyendo en su padre, mientras todos a su alrededor lo dan por perdido. Hay un amor genuino, cuestión que nos queda clara ya desde la primera escena de la espera infructuosa. Y aunque a primera vista parezca un tema secundario, se toca así el mundo de la preadolescencia desde una perspectiva muy comprensiva: tanto el protagonista, como su amiga Romane y su colega friki son jovencitos con sus traumas y sus frustraciones, sus limitaciones y tristezas. Precisamente lo más llamativo del guión de Rappeneau es esa mirada afectuosa hacia los jovenzuelos, porque más que del amor de un padre por su hijo de lo que aquí se habla es ante todo de lo que el amor de un hijo puede hacer por su padre. Está bien medido el desarrollo de la historia, los leves hechos que hacen cambiar, las buenas influencias e incluso el pequeño toque casi capriano que dará lugar al giro final en el partido de fútbol. El director mima bastante a sus personajes, un puñado de hombres, mujeres y niños de buen corazón. Ahí están en primer lugar François Damiens en el papel del padre, su cansada madre (Ludivine Sagnier), la dulce y bondadosa trabajadora social (Laetitia Dosch), el entrenador (André Dussollier) e incluso el nuevo compañero de la madre (Nicolas Wanczycki). Todos ellos, junto con los amigos del protagonista, tienen su lugar importante en la trama y participan equilibradamente en la historia de Théo, bien interpretado por Maleaume Paquin.

6/10
Lola y sus hermanos

2018 | Lola et ses frères

Los hermanos Esnard. Lola, abogada que se enamora de uno de sus clientes en proceso de divorcio, es algo así como el imprescindible nexo de unión fraternal, que se plasma en las visitas periódicas a la tumba de sus progenitores. Benoît, el mayor, óptico, se casa por tercera vez, puede que haya encontrado en Sandra a la mujer de su vida. Y Pierre, divorciado a disgusto, con un hijo en la universidad, y bastante desordenado, ha sido despedido de su trabajo de demolición de edificios, le ha tocado cargar con los efectos colaterales del último encargo, y no tiene con quién compartir su frustración. Dirige esta amable comedia francesa con rivetes dramáticos uno de los actores protagonistas, Jean-Paul Rouve, que encarna al hermano mayor. Incide en la idea de la importancia de los lazos familiares, que hay que cultivar, el cariño se da por supuesto, pero hay que esforzarse y saber detectar cuándo un hermano o una hermana necesitan ayudan, un hombro sobre el que poder llorar, y ponerse a tiro, no escurrir el bulto. Tienen encanto las discusiones y reproches, incluso con períodos de cortar relaciones, junto a un amor que acaba siendo incondicional, por un herma o se hace lo que haga falta. Rouve, también coguionista, ha contado con la ayuda del especialista David Foenkinos (La delicadeza, La biblioteca de los libros rechazados) en la elaboración del libreto, lo que se nota en la humanidad de los personajes, y en la capacidad de entrelazar los palos que da la vida –los altibajos y sinsabores provocados por el paro, las dificultades matrimoniales, la desilusión porque los hijos no llegan...– con un tono optimista y esperanzado, incluso con elementos humorísticos que nunca parecen metidos con calzador. Además de Rouve, están bien Ludivine Sagnier, José Garcia, Ramzy Bedia, Pauline Clément y Lola Dubus en sus respectivos papeles.

6/10
Rémi, una aventura extraordinaria

2018 | Rémi sans famille

Adaptación de la novela folletinesca “Sin familia” del escritor francés Hector Malot (1830-1907), que al menos en su versión fílmica recuerda mucho a la obra de Charles Dickens, un autor también del siglo XIX. Sigue las tribulaciones de Rémi, un joven huérfano, que descubre a corta edad que la mujer que ha llamado mamá y a la que tanto quiere no es su madre, y que su supuesto padre, casi siempre ausente del hogar, ha decidido entregarlo a un orfanato, pues ya no pueden hacerse cargo de su sustento. Pero el feriante Vitalis, que con sus animales y su música recorre los pueblos poniendo en escena espectáculos callejeros, le adopta, y el chico irá forjando su carácter, y mientras descubre también su talento para cantar. Tras diversas peripecias, se descubre que Rémi podría pertenecer a una buena familia, de la que se separó siendo un bebé por razones misteriosas; mientras que el propio Vitalis esconde algún secreto, se trata de alguien demasiado cultivado para su profesión ligada a vivir como un vagabundo. Dirige esta cinta familiar el desconocido Antoine Blossier, que acude a una estructura donde Rémi, ya anciano, cuenta sus andanzas a un grupo de niños cuya razón de estar en su casa sólo se descubre en el plano final. La trama acumula calamidades y contrariedades, incluidos rayos, truenos y nevadas, e incluso lobos, como parece exigir el género del folletín, y conviven personajes de escasos sentimientos –por ejemplo, unos gendarmes que piden sus papeles para actuar en la calle a Vitalis–, con otros de alma generosa –como una mujer de buena posición, música, conmovida por escuchar a Vitalis tocando el violín–. De modo que funciona como combinación de aventura y apelación a los buenos sentimientos del espectador. El film cuenta con un buen reparto donde llevan el peso el veterano Daniel Auteuil y el niño Maleaume Paquin, adecuado con su aspecto bondadoso. Los demás tienen una presencia de menor peso, aunque destaca Jacques Perrin, que asume el rol de narrador, o sea, de Rémi cuando ya es un anciano.

6/10
The Young Pope

2016 | The Young Pope | Serie TV

Mirada personalísima del italiano Paolo Sorrentino a las bambalinas del Vaticano y la Iglesia Católica en forma de miniserie. Arranca con el recién elegido Papa Pío XIII, el joven estadounidense Lenny Belardo, cuyas intenciones para el nuevo pontificado son un enigma, se aguarda con expectación su primera alocución desde el balcón de San Pedro, que de momento ha diferido. De hecho el primer doble episodio está enmarcado por dicho discurso, pues arranca con él como parte de una pesadilla del Papa, y termina con la pronunciación real de dicho discurso. Entremedias seguimos a un Papa de modos decididamente diferentes, fumador y amante de la cherry coke, que rompe el saque al cardenal secretario de estado ignorando sus consejos y trayendo junto a sí a la monja que le educó de niño, cuando era huérfano y ella ejerció un papel casi materno. La serie encaja bien en el personal universo de Sorrentino, un esteta nato que cuida siempre de modo sorprendente todo lo formal, visual y sonoro, abordando cuestiones serias, el sentido de la existencia, la búsqueda de la felicidad, el anhelo de amor, con una mirada irónica con tintes surrealistas. Parece evidente que el cineasta italiano no tiene fe, no exhibe desde luego maneras de católico de comunión diaria, pero sí se encuentra fascinado por el papel espiritual de la Iglesia y guardián de ciertos valores, a menudo a contracorriente de modas. Y se sumerge en la paradoja de lo bello y bondadoso que hay en la Iglesia, que conviviría con luchas de poder, escándalos y comportamientos hipócritas. Se diría que hay un esfuerzo sincero por explorar lo que no entiende, pero no deja de ser la suya una mirada mundana, algo superficial, con un afán de provocación demasiado forzado, inspirado en algunos escándalos que han minado el multisecular prestigio de la Iglesia. El director ignora quién es Jesús o qué son los sacramentos, algo que no dejará de observar el espectador creyente. Sorrentino tiene junto a sí a un atractivo reparto internacional encabezado por Jude Law, pero pesa una sensación de artificial pose, el juego de la contradicción vuelve una y otra vez, componiendo así un entramado argumental que reposa sobre arenas movedizas. Quizá es el deseo del cineasta, hablar desde la modernidad de lo vano que resulta buscar seguridades de fe, doctrinales, en las personas, para decir una y otra vez "no sabemos", nos movemos en un misterio donde tal vez haya un Dios, pero donde la angustia no nos deja en paz ni un segundo. Y para sobrellevar tan sombrío panorama, apenas puede ofrecer algo más que un humor un tanto socarrón, con una puesta en escena que no deja de rendir todo el tiempo una especie de muda admiración a la liturgia católica, más mil intrigas que parecen insistir en la pequeñez y mediocridad del ser humano.

6/10
El amor está en el aire

2013 | Amour & turbulences

Antoine y Julie, que salieron juntos en el pasado, coinciden casualmente en el mismo avión transoceánico Nueva York-París en asientos contiguos. Su relación no acabó bien, pero tal vez el viaje sirva para reavivir la llama del amor, aunque está el pequeño problema de que ella está prometida con otro hombre. Comedia romántica que nunca acaba de volar a suficiente altura, su director, el desconocido Alexandre Castagnetti no se muestra demasiado inspirado. Inicialmente parece que se va a atrever a mantener toda la narración dentro del avión, pero no, incluye numerosos flash-backs fuera del mismo, introducidos torpemente, para contarnos que Antoine era un mujeriego de tomo y lomo, y que sin embargo la pareja construyó un amor muy especial que habría que recuperar. El caso es que con estos mimbres se podía haber logrado algo que, si bien no sería tremendamente original, podía ser resultón. Pero se desaprovechan los secundarios, los otros pasajeros del avión, que podían haber dado juego para las risas, mientras que los de los flash-backs –la madre, el amigo que no se come un rosca, la chica perseguidora...– no tienen demasiado interés. Falta chispa, timing, todo es lugar común, y la resolución se aproxima a lo bochornoso. Los protagonistas son guapetes –Ludivine Sagnier, Nicolas Bedos–, pero ni son graciosos ni hay entre ellos una química excesiva. 

4/10
El doble del diablo

2011 | The Devil's Double

Tras debutar con la notable Guerreros de antaño, el neozelandés Lee Tamahori se había integrado en el mainstream de Hollywood, con títulos como Muere otro día, La hora de la araña o xXx, estado de emergencia. Ahora, vuelve al cine de presupuesto ajustado con El doble del diablo, coproducción entre Holanda y Bélgica que adapta la autobiografía de Latif Yahia. El tal Yahia fue requerido un día ante la presencia de Uday Hussein, hijo del dictador iraquí Sadam Hussein, antiguo compañero de colegio, porque se parecen como dos gotas de agua. Uday pretende que Yahia se convierta en su doble para que le sustituya en actos oficiales y eventos varios en previsión de un atentado. El arranque de El doble del diablo resulta sugerente y Tamahori dirige con cierta garra. Además, el británico Dominic Cooper realiza una esforzada interpretación doble, haciendo notar eficazmente al público cuando está en la piel del desgraciado Yahia o pasa a ser el psicótico Uday. Lo mejor, el impactante contraste entre el lujoso mundo artificial donde vivía la familia del despótico líder de Irak, y la realidad del país, sometido a sus injusticias y brutalidades. Pero finalmente, a los personajes les falta tridimensionalidad. Además, la mayor parte del metraje se dedica a mostrar los excesos de Uday Hussein, casi siempre de forma llamativamente explícita en el terreno del sexo y la violencia, lo que acaba resultando algo agotador.

4/10
Una chica cortada en dos

2008 | La fille coupée en deux

La razón de que la chica a la que alude el título esté ‘cortada en dos’ es que se divide entre dos amores. Gabrielle Deneige (cuyo apellido ‘de nieve’ parece una metáfora relativa a que se trata de una joven inocente y pura) trabaja como mujer del tiempo en una cadena televisiva de Lyon. Se ha enamorado de ella locamente Paul Gaudens, joven caprichoso y desequilibrado, heredero de una importante industria farmacéutica, pero sin ocupación aparente, pues no se encarga personalmente de dirigir sus propios negocios. Gaudens no puede aceptar que Gabrielle le rechace, por lo que su actitud es agresiva, próxima al acoso sexual. Por su parte, Gabrielle en principio sólo piensa en Charles Saint-Denis, un famoso escritor que le deslumbra con su brillantez, y que se convertirá en su amante ocasional, a pesar de que se trata de un hombre casado. Claude Chabrol, uno de los decanos del cine francés, dirige a buen ritmo. Recogió merecidos elogios por Borrachera de Poder, sobre una juez que investigaba un asunto de corrupción. En su siguiente trabajo, regresa a la especialidad de la casa, pues se trata de una disección de la decadencia moral de la sociedad occidental, en forma de thriller dramático, que se desarrolla en un entorno de provincias, como ocurre en otras de sus películas –En el corazón de la mentira, Gracias por el chocolate, La flor del mal–. Como en aquellas, también tiene en esta ocasión una importante presencia una familia burguesa que oculta algún secreto escabroso del pasado y que le sirve al director para criticar a esta clase social que en realidad es la suya propia, obsesionada por mantener las apariencias. Esta vez también describe otras dos familias muy diferentes, la del escritor, que vive sólo con su esposa en una felicidad superficial, pero que en realidad es infiel, y la de la chica del tiempo, hija de madre soltera. Curiosamente, éstas últimas, la madre y la hija, parecen las más alegres.  Esta vez, el cineasta parisino confiere un carácter alegórico a esta historia que parece un microcosmos sobre la moderna sociedad, con una joven cándida arrastrada a la inmoralidad por su relación con dos personajes muy representativos de la Europa actual, el maduro hecho a sí mismo elegante, que esconde todo tipo de depravaciones, y el joven más pasional y directo, que ha nacido con la vida resuelta, pero enajenado y sin muchos horizontes vitales. Aprovecha la ocasión Chabrol a un nivel más secundario para elogiar la vida en un sitio apartado, lejos del bullicio de la gran ciudad, y para arremeter contra los artistas, el mundo de la cultura y los medios de comunicación, que conoce muy bien. La secuencia del entrevistador televisivo que tras una mediocre entrevista le pregunta al escritor si aspira a ganar un premio que en realidad ya le dieron, parece inspirada en la propia vida de Chabrol. Sin ser tan brillante como las obras mayores del autor de La ceremonia, ni como su anterior film, Chabrol imprime un enorme nivel a su trabajo. Con una gran economía de medios, describe a sus personajes con tantos matices que son únicos –el escritor que recurre constantemente a la cita de frases célebres para desconcertar a sus conocidos, el joven envidioso a pesar de que lo tiene todo, la chica bienintencionada y responsable, capaz de caer en lo más bajo por amor, etc.–. Parte de un guión sólido, que dosifica de forma modélica los detalles de la historia, coescrito por él mismo con Cécile Maistre, que hasta ahora solía trabajar con él como primera ayudante. Al parecer, el relato se inspira en un suceso acontecido en el siglo XIX, y que recogió Richard Fleischer en el film El trapecio rojo, de 1955. Su puesta en escena es deslumbrante, con hallazgos de maestro, como la confesión de la madre de Paul, encuadrada de tal forma que parece estar escondiéndose de la cámara, como si le avergonzara lo que está contando. Como siempre, Chabrol saca lo mejor de unos actores selectos, aunque esta vez no está presente como es habitual en su cine Isabelle Huppert (que hubiera  sido la perfecta madre de Paul, pero probablemente no le ofreció el papel porque es muy secundario). Sí que aparece otro de sus habituales, Benoît Magimel (Paul) que sale airoso del papel más difícil y François Berléand, un peso pesado, que en Borrachera de poder era el empresario encarcelado. También le saca partido a Ludivine Sagnier, que está haciendo carrera desde que llamó la atención de la crítica  en Swimming Pool.

6/10
Mesrine, parte 2: Enemigo público nº 1

2008 | L'ennemi public n°1

Segunda y última entrega de la vida del criminal Jacques Mesrine. Después de dos décadas de actos delictivos tanto en suelo francés como en distintos países como Canadá, el gobierno galo optó por darle la categoría de "enemigo público nº 1". El gángster Mesrine trajo de cabeza a las autoridades francesas durante los años setenta. Vincent Cassel está estupendo como Mesrine y su trabajo en las dos películas le sirvió para ganar el Cesar a la mejor interpretación. De nuevo domina el tono inmoral, especialmente repulsivo en la secuencia en que secuestra a un periodista al que golpea brutalmente para finalmente rematarlo de un tiro. Están especialmente logrados los momentos carcelarios, y la emboscada con que arrancaba la primera parte, aquí contada desde el punto de vista de la policía. Momentos como el encuentro de Mesrine con su hija y su padre sirven para que afloren los escasos restos de humanidad que alberga un gángster matón, que gozó de una inmerecida popularidad. Ese intento de buscar sentido o justificación a lo que hace los liga Jean-François Richet al coqueteo del gángster con grupos violentos izquierdistas, que precisamente le reprochan que no es el "Robin Hood" que pretende ser, roba a los ricos, sí, pero para seguir alimentando el sistema con su superficial vida de lujo.

6/10
Las aventuras amorosas del joven Molière

2007 | Molière

Jean-Baptiste Poquelin (1622-1673), alias Molière, está considerado el más brillante autor teatral de Francia, padre de la Comédie Française, y uno de los más grandes dramaturgos de todos los tiempos. Este film imagina un leve pero intenso momento de su vida del que poco se sabe, y que significaría el detonante que a la postre le convirtió en el cómico más respetado de Francia. Cuando tenía 22 años, el joven Molière trabajaba de actor cómico en farsas baratas destinadas al vulgo, pero ni eso les daba para vivir a él y a su pequeña “trouppe”. Debido a las deudas acaba en la cárcel, pero justo entonces –y aquí es donde entra la ficción– sus servicios son solicitados por el aristócrata monsieur Jourdain. A cambio de su libertad y bajo el más solemne anonimato, Molière se compromete a enseñar el arte de la interpretación al patoso y alelado noble, el cual desea con esas artes conseguir el favor de la joven marquesa Célimène. Mientras tanto, el jovenzuelo Molière pone sus ojos y su corazón en madame Jourdain. Agradable y vistoso film de época que viene a sumarse a los biopics de libre inspiración sobre grandes personalidades literarias, como Shakespeare enamorado, La joven Jane Austen o Descubriendo Nunca Jamás. Una de las originalidades de la película es que los personajes y el aire tragicómico de la historia se basan en las propias creaciones de Molière, especialmente en sus obras “Tartufo”, “Las mujeres sabias”, “El misántropo” y “Las preciosas ridículas”. El director Laurent Tirard y el guionista Grégoire Vigneron toman libremente algunos elementos de esas comedias para hacer un “totum revolutum”  bastante compacto y bien construido. En conjunto se trata de una historia sencilla, episódica si se quiere, pero bien trabada y dirigida con elegancia, donde se retrata a un joven comediógrafo, algo inseguro, que está dando sus primeros pasos en el arte del teatro. El guión entremezcla con equilibrio los momentos cómicos y los dramáticos, aunque por encima de todo reina la farsa, la picaresca, pues todos los personajes se dedican a engañar zalameramente a los demás, casi siempre en el terreno amoroso. Entre el reparto destaca la bella Laura Morante (La habitación del hijo), plena de delicadeza y distinción, y el actor francés Fabrice Luchini (Confidencias muy íntimas), quien ofrece los gags más divertidos de la película, especialmente aquel en que por fin se presenta a la joven Célimène. Por lo demás, la ambientación costumbrista es exquisita y la música de Frédéric Talgorn está perfectamente elegida.

6/10
Les chansons d'amour

2006 | Les chansons d'amour

Una mirada diferente a la historia del cine musical, a través de la relación entre un periodista, su chica y una amiga recién estrenada de ambos. Paseos por París, ataques de celos, infidelidad, tríos, homosexualidad, etc, todo abordado de modo ligero, conforma la trama. Destaca la banda sonora de Alex Beaupain, y llama la atención el modo inesperado en que los actores rompen a cantar para expresar lo que sienten.

5/10
Swimming Pool

2003 | Swimming Pool

Película en la línea mórbida y homoerotizante de François Ozon, que sigue bebiendo de su gran referencia, Fassbinder. Cuenta cómo una autora inglesa de mediana edad, soltera, que vive con su padre y escribe novelas de misterio al estilo Agatha Christie, prepara su nuevo libro. Amargada y cínica, piensa que su editor no la cuida. Éste, en desagravio, le ofrece su casa de campo en Francia, para que escriba con tranquilidad. El sitio es placentero, ella se relaja, la novela está en marcha. Pero altera la paz la llegada de la hija del editor, una especie de Lolita. Ozon juega al equívoco. La escritora, una reprimida en apariencia, sigue morbosamente la vida sexual de la chica (¿lesbianismo sugerido, envidia de su promiscuidad?), aunque quizá lo hace porque le sirve de motivo literario. De pronto, la película adquiere entonces tintes policiales, el primero de varios vuelcos narrativos inesperados. Y es que a pesar de sus enfermizas obsesiones, Ozon demuestra dominio de la narrativa cinematográfica, cambiando de tono, arriesgando. Están muy bien las dos actrices protagonistas, Charlotte Rampling y Ludivine Sagnier.

4/10
Pequeñas heridas

2003 | Petites coupures

Bruno, un periodista de ideología comunista, engaña a Gaëlle, su mujer, con una amante. Tras ser abandonado por las dos, y la caída del comunismo, se siente perdido, y decide visitar a su tío, alcalde de una pequeña localidad, que se presenta a la reelección. El encuentro con Béatrice, una misteriosa dama, dará un nuevo sentido a su vida. Tercera película como director del francés Pascal Bonitzer, guionista del cineasta Jacques Rivette en películas como La bella mentirosa y Vete a saber. Bonitzer opta por un tono irreal para una historia sobre el desconcierto sentimental. Su retrato de la desorientación del protagonista, ante el fin del comunismo, tiene su interés.

5/10
Peter Pan (2003)

2003 | Peter Pan

Imaginativa traslación a la pantalla, con actores de carne y hueso, de las andanzas de Peter Pan, el niño que se negaba a crecer. El australiano P.J. Hogan (La boda de mi mejor amigo), con la colaboración de Michael Goldenberg en el guión, adapta una vez más la inmortal obra del autor inglés J.M. Barrie. Como es bien conocido, la historia consiste en el increíble viaje que Wendy Darling y sus dos hermanitos hacen al País de Nunca Jamás, arrastrados por el travieso Peter Pan, cuya sombra se le había escapado. Allí se hacen muy amigos de los Niños Perdidos, que encuentran en Wendy un afecto maternal del que hasta ahora carecían. El interés por los recién llegados despierta los celos de la hada Campanilla; y mientras, el Capitán Garfio y sus secuaces piratas, enemigos mortales de Peter Pan, pondrán a los chavales en más de un apuro. Uno de los méritos del film reside en su aspecto visual. Hablamos, por supuesto, de un mundo fantástico, pero la fotografía de Donald McAlpine y el diseño artístico de Roger Ford, permiten contemplar un mundo que parece real. En el reparto, la apuesta ha sido rostros desconocidos. Quizá demasiado guapitos en el caso de Peter Pan (Jeremy Sumpter) y Wendy (Rachel Hurd-Wood), aunque los chavales cumplen. Sumpter describe así su personaje: “Peter Pan es ese niño que es libre y que es capaz de hacer todo lo que quiere. Puede volar, sabe luchar con la espada, mata piratas… Es lo que desea cualquier niño.”

6/10
8 mujeres

2002 | 8 femmes

Una aislada casa de campo. El asesinato de su dueño y señor. Y ocho mujeres –su mujer, las dos hijas, la suegra, la cuñada, la hermana, la cocinera y la doncella–, cada una de las cuales tenía razones más que suficientes para perpetrar el crimen. ¿Quién es la culpable? Suena a argumento de una novela de Agatha Christie. Pero sabiendo que tras la cámara está el francés François Ozon, rendido admirador de Fassbinder y Almodóvar, uno sabe que el film no puede ser una historia detectivesca convencional. Y en efecto, el argumento es la excusa para articular una tragicomedia con fotografías de hermosos colorines, y hasta canciones, donde salen a colación todos los trapos sucios de la familia. El reparto es la mejor baza del film, e incluye jóvenes valores (como Virginie Ledoyen) junto a estrellas consagradas (Catherine Deneuve, Danielle Darrieux).

5/10
Mi mujer es una actriz

2001 | Ma femme est une actrice

Yvan es un periodista que comparte su vida con Charlotte, un actriz. Lo cierto es que es incapaz de evitar los celos que le carcomen, ya que sabe que ser actriz conlleva mantener "relación" con muchos hombres. El colmo llega cuando ella ha de trasladarse a Londres para rodar un film romántico junto a un célebre seductor. Curioso film que juega a retratar una situación real, la del propio actor y director Yvan Attal. De hecho, los personajes se llaman como los propios actores del film, que en la realidad están casados y son padres de dos hijos. De todas maneras, el experimento no es del todo satisfactorio y pesa sobre el resultado cierta pretenciosidad. Protagoniza Charlotte Gainsbourg, conocida por su desinhibiciones en la pantalla... La música es del excelente pianista de jazz Brad Mehldau.

4/10

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