La actriz española coprotagoniza el thriller Crónicas, junto al estadounidense John Leguizamo. Con motivo del estreno del film en España contestó amablemente a nuestras preguntas. Era una mañana muy lluviosa en Madrid, pero Leonor no se hizo esperar, llegó puntual y mostró en todo momento una naturalidad y simpatía extraordinarias.
¿Por qué crees que ha tardado tanto en estrenarse en España esta película?
No sé. Hasta que no encuentras un distribuidor valiente no es posible. No es la típica película por la que apuestan las grandes distribuidoras. Y depende de cada país. Salió rápidamente en México, Ecuador, Argentina, etc. De todas maneras, pienso que no es una película que caduque con el tiempo; ahora permanece igual que cuando se estrenó en Cannes hace tres años. Pero lo que está claro es que no es una película comercial y por eso su comercialización es un tanto arriesgada.
¿Cómo te involucraste en el proyecto?
Parece ser que para mi personaje querían a alguien con acento español, que es muy diferente del acento de la gente de Ecuador. Al director Sebastián Cordero le gustaba mi trabajo y contactó con mi agente. Luego me envió el guión y me pareció muy bueno, muy intenso. Más tarde nos reunimos muchas veces Sebastián, John Leguizamo y yo para hablar de la historia. Discutíamos mucho, modificábamos algunos aspectos del guión etc.
Y también era importante para mí, la verdad, que se tratara de una producción de Alfonso Cuarón y de Guillermo del Toro; que ellos estuvieran detrás era como tener seguridad, como un tener un suelo bajo los pies. Porque si me envían un magnífico guión desde Madagascar, por poner un lugar, me lo pensaría mucho antes de hacer la película allí. Y en esta película, con Cuarón y del Toro detrás, estaba segura de que iba a estar bien cuidada, de que iba a funcionar todo lo que rodeaba al propio rodaje.
¿Cuál fue tu experiencia de rodar en Ecuador?
Allí no están muy acostumbrados a hacer películas. Creo que es sólo la tercera película que se rueda en aquellos parajes de Ecuador, después de Prueba de vida y de la anterior película de Sebastián Cordero, Ratas, ratones, rateros. La producción fue por eso muy complicada. Había poco material y hubo que construir una caravana, porque en Ecuador no hay realmente industria del cine. El equipo era casi todo mexicano. Además para mucha de la gente que trabajó con nosotros, era su primera película, por ejemplo para la actriz que hace de mujer de Vinicio. Recorrimos muchos lugares en busca de actores, gente de compañías de teatro y así. Y pienso que esto le ha dado al film un aire muy realista.
¿Qué te interesó más de la película?
No es fácil decir qué me interesó más. Es una historia que muestra que no hay seres superbuenos y supermalos. La película rebosa compasión; trata con humanidad a personas que han hecho cosas atroces. Pero no tiene moraleja. Para ponernos en situación, vimos muchos documentales sobre asesinos en serie reales. La verdad es que me causaron una impresión muy fuerte y alguno no lo pude ni ver. Pero también nos dimos cuenta de que eran enfermos. También en la película se muestra cómo hacen cosas buenas y quieren a su mujer, a sus hijos. Esto me atrajo mucho, y también, como ya he dicho, que no tiene moraleja.
¿Qué opinas de que haya actualmente tantas películas de asesinos en serie?
Creo que es pura casualidad que coincidan en cartelera tantas películas de este tipo. Cordero hizo Crónicas ya hace tiempo. De todas maneras es un tema tratado de muy distinta manera según dónde tenga lugar. Desgraciadamente, desde el punto de vista de los medios de comunicación no es lo mismo que desaparezca una niña en Lisboa a que desaparezca en un país como Ecuador.
¿Cómo ha sido tu relación con los actores?
Creo que en España tenemos un poco complejo de inferioridad. Yo llegué al rodaje dos días antes que John Leguizamo. Y había una expectativa tremenda con su llegada. Que si esto le va a gustar, que si esto no, que si su habitación, que si tal y cual… Pero al llegar nos dimos cuenta de era un tipo muy normal y simpático, que desbordaba cercanía. La verdad es que nos pasábamos todo el tiempo charlando y discutiendo, y nos preparamos juntos para el rodaje asistiendo al trabajo real de un equipo de televisión que cubría el asesinato de un niño. Fue bastante duro. Respecto a John, también nos reímos mucho cuando él mismo se dio cuenta de que no hablaba español tan bien como creía. El pobre lo pasó mal porque tuvieron que ponerle un profesor.
¿Y Damián Alcázar?
Damián Alcázar es un actorazo. Se fue un mes antes a Guayaquil para preparar el personaje de Vinicio, que para mí sin duda es el más difícil de interpretar. Él asumió su papel de un modo increíble y lo encaró muy profesionalmente, sin juzgarlo. Es un hombre encantador, lo he visto en Madrid, pero durante el rodaje la verdad es que apenas hablamos. Creo que le gustó mucho interpretar a Vinicio, aunque también le costó mucho.
La película hace un retrato demoledor de la televisión…
La película ayuda a entender cómo nos comportamos muchas veces ante diversos sucesos. Cuando vamos por la carretera y vemos un accidente, pasamos más despacio, y miramos. Somos así. Cuando estuvimos con la televisión de Ecuador frente al ataúd del cadáver del niño asesinado, el padre no quería que filmaran el rostro de su hijo, pero ahí estaban las cámaras sin perderse nada, con los focos apuntando y las cámaras rodando sin ningún escrúpulo. Por otra parte, pienso que es un trabajo, y no podemos enjuiciarlo éticamente a la ligera.
Pero tu personaje de Marisa no ve tan clara esa postura, es más sensible…
Creo que es un personaje difícil. Marisa está frustrada, porque ve que no todo lo que hacen está bien, pero aún así no cambia nada. De hecho, no duerme. Y su sentimiento de culpabilidad crece cuando es infiel a su marido. Para ella no son éticas muchas cosas de las que hace, pero no se detiene.
Pienso que Marisa representa al 90% de la población. La mayoría de la gente somos cómplices de muchas cosas que suceden. Vemos programas desagradables, como Nip/Tuk, por ejemplo, o compramos revistas que airean cosas degradantes. Hay otro periodista del film que huye de la situación fumando porros, pero Marisa vive la situación de otra manera. Tiene sentimientos muy encontrados. Y al final, comprendemos que en cierta manera se debe a su trabajo de productora de televisión, que quiere hacer bien su trabajo y que, como todos, también desea el éxito.
