A pesar de un sol esplendido, la euforia no dominaba al final de la proyección de la primera película del 61 Festival de Cannes. Y no era esta vez la desilusión, la nota dominante. Blindness, del brasileño Fernando Meirelles, es sin duda una excelente película, lo que no impide que por su tema no sea una causa de euforia.
En la rueda de prensa que ha seguido a la proyección, los responsables de Blindness han reconocido que su obra no evocaba la fiesta de una inauguración, pero al mismo tiempo han avanzado dos ideas que deben contentar a los responsables de Cannes: la independencia y el carácter verdaderamente internacional. La película reúne un director brasileño, un guionista americano (Don MacKellar), y actores americanos (Julianne Moore, Danny Glover, Mark Ruffalo), mejicanos (Gael García Bernal), japoneses (Yusuke Iseya, Yoshino Kumura) y sobre todo es la adaptación de "Ensayo sobre la ceguera", una novela del premio Nobel portugués José Saramago. Añadamos aún que la producción y el rodaje han tenido lugar en Canadá.
La historia comienza cuando un taxista en pleno tráfico de una ciudad pierde la vista, un individuo se propone conducir su taxi, pero en realidad pretende robárselo. La ceguera no es un fenómeno aislado. Así un doctor pierde también la vista y pronto otros personajes siguen la misma suerte. Ante la extensión de la epidemia, las autoridades colocan a los ciegos en cuarentena en un hospital medio abandonado que se parece a una cárcel. La esposa del médico, la única vidente, logra acompañar a su marido y pronto la organización de una nueva sociedad tiene lugar dentro del hospital, celosamente aislado por el Ejército. La vida en el Hospital conoce un aumento de la violencia, cuando un individuo impone su dictadura y sus exigencias cada vez más inaceptables para distribuir la alimentación indispensable.
Fernando Meirelles ha insistido en que la obra de José Samarago permite diversas interpretaciones: políticas, sociológicas, filosóficas, etc. Pero el adaptador Don McKellar aseguraba que Saramago no deseaba que se perdiera el carácter alegórico general, lo que implicaba que no fuera posible aplicar los acontecimientos evocados en la película a una situación nacional concreta. La crítica francesa tiene tendencia a ver siempre el fantasma antiamericano en toda historia de este tipo.
Fernando Meirelles insistía en que lo que había llamado su atención al leer el libro era la extrema fragilidad de nuestras convenciones sociales, de cómo el hombre civilizado podría volver a un estado de barbarie cuando desaparecen ciertos valores fundamentales. Con todo, piensa que si bien su película muestra esta capacidad de degradación, también pone de manifiesto la capacidad del hombre a reconstituir su dignidad.
Un peligro que amenazaba “Blindness” es el de aparecer como una película más dentro de la serie de obras catastróficas futuristas, explotando la violencia de forma desconsideraba. En este terreno es preciso reconocer a Meirelles una discreción particular, pues consigue rodar las escenas más violentas de forma discreta, sin caer nunca en el exceso. Hay que reconocer a la película también su excepcional calidad visual, tanto en las escenas de la ciudad desvastada como en el uso metafórico del blanco o de las imágenes borrosas cuando evoca el tema de la ceguera. Una película, en fin, que no invita a la fiesta, pero que quizá invita a la reflexión. Danny Glover, que ha sido embajador de la paz por la UNICEF, ha sido aplaudido en la rueda de prensa cuando fustigaba nuestra ceguera a ver las víctimas de los numerosos conflictos del mundo.
