El protagonista de Un buen año tiene una presencia poderosa. Viste muy “casual” para recibir a la prensa y responde a las preguntas sonriente, con una voz muy potente, tan grave que parece de barítono.
Jugando con el título del film, ¿ha sido éste un buen año para usted?
Sí. La verdad es que he tenido un buen año. Mi mujer y yo hemos sido padres de nuevo: hace dos semanas nació nuestro hijo Tennyson. Además he podido rodar otra vez con uno de mis directores favoritos.
Háblenos de su personaje.
Max es un hombre que lo tiene todo. Y cuando hace un viaje al pasado, a su niñez, se da cuenta de que se ha empequeñecido, de que hay más cosas en la vida que el puro éxito. Hay muchas cosas buenas para disfrutar. Él lo ha enterrado todo. No disfruta su vida, porque su vida es ganar y ganar, y él presume de eso. En realidad está necesitado desesperadamente de cambiar de vida. Pero su transformación no se da en un momento concreto, sino que es un desarrollo paulatino.
¿Cómo ha sido su trabajo con Ridley Scott? ¿Puede adelantarnos algo de su próximo film, American Gangster, que también ha sido dirigido por Scott?
Nos llevamos muy bien. Compartimos la intuición, el sentido del humor y los valores estéticos, y estamos muy compenetrados desde el principio de los proyectos. En Gladiator empezamos a trabajar con tan sólo 20 páginas del guión; en Un buen año teníamos 28 páginas y en American Gangster, 65. Así que vamos mejorando.
American Gangster es una película muy interesante: Scott juega con dos mundos diferentes, el que viene de un tipo de clase media (interpretado por Denzel Washington) y el del policía que le sigue la pista (interpretado por mí), que lleva una vida más inestable. El conflicto llega cuando esos dos mundos se entrelazan.
¿Cómo le influye ser siempre eterno candidato al Oscar?
No entiendo tanta expectación. Además, ya hace bastante tiempo que no me nominan. Yo tardo en elegir mis papeles, me interesan que sean buenas historias. Por otra parte, Un buen año es más sencilla, de modo que no tiene la seriedad que siempre se me adjudica.
¿Le gusta también la cultura mediterránea, como a su personaje en la película?
Sí, absolutamente. Me sedujo mucho poder trabajar en el sur de Francia. Desde hace 15 años Ridley tiene una casa a ocho minutos del lugar donde rodamos. A mí me encantaría poder pasar más tiempo allí. La zona es bellísima e iba siempre al rodaje en bicicleta, por diferentes caminos. La filmación fue también bastante relajada y nos reímos bastante. La verdad es que iría cada año a Francia para rodar.
¿Le gustaría trabajar con Almodóvar?
Sé que en alguna ocasión me denominó “toro salvaje”. Quizá se equivoque, quizá no, quizá me llame… Es un director fantástico y para mí sería un honor trabajar con él.
El cine es también un mundo muy competitivo, como el de la bolsa. ¿Ha vivido usted alguna situación parecida a la de su personaje?
Sí, la verdad es que en el cine hay mucha competitividad, y uno se ve envuelto en ella sin querer. No debería ser así, ya que se trata de algo artístico. De todas formas, yo no me planteo normalmente los papeles que quiero hacer, sino como puedo encajar un papel en mi vida. No tengo ningún interés en ser competitivo. Sólo como padre quiero hacer el mejor trabajo que pueda. Ésa es mi responsabilidad.
No es habitual verle en comedias románticas…
La tercera parte de mi filmografía son comedias. Lo que hago depende de si me gusta el guión o no. La última comedia que hice fue Mystery Alaska en 1999, pero no era exactamente una película muy taquillera.
¿Qué le ha parecido hacer de inglés de pura cepa?
Fue divertido. Tengo amigos ingleses y franceses, y sé que entre ingleses y franceses no se llevan especialmente bien. Creo de todas formas que hay cierto recelo contra los franceses… Pero la verdad es que ambos países comparten más de lo que les gustaría admitir.
Usted tiene fama de temperamental y de carácter difícil, ¿responde esto a la realidad o a la leyenda?
Según la prensa, en los últimos tres días he estado haciendo surf en Australia; he jugado con los palillos en un restaurante chino, donde me he caído y me he quemado la mano; he salido en una foto sonriente con mi hijo James… Y es todo mentira. No tengo ningún hijo que se llame James y en los últimos tres días he estado en Irlanda inaugurando una estatua de Richard Harris.
No quiero menospreciar la profesión periodística, pero entiendo que hay que rellenar muchas páginas todos los días, y en fin… Además me he convertido en un producto de consumo, “el chico malo”. Y mi sentido del humor no debe de coincidir con el de los demás. Yo siempre he hablado claramente, y critico toda la mierda que rodea al mundo del cine, a la publicidad. Soy honesto, no lo puedo evitar, y me pasa lo mismo cuando voy a interpretar un papel. Mi forma de ser no la puedo encender y apagar como un interruptor. De todas formas, esa intensidad la vivo más en mi vida laboral que en mi vida personal, con mi mujer y mis hijos.
¿Tiene vacas y viñedos en su finca de Australia?
En mi rancho australiano sí tengo vacas, en total unas 600 cabezas, pero no tengo viñedos. Aquella no es buena zona para cultivar vides. Un tipo de allí cerca hace mosto, pero yo lo que querría tener son buenos vinos.
¿Qué le han parecido los vinos españoles?
He comprobado que el Rioja es efectivamente un vino fantástico.
