Como la huelga siempre da bastante que hablar -hoy más de un colega se quejaba de que no ha podido tomar un café antes de entrar a ver la primera película del día-, se diría que en el Festival de San Sebastián han aprovechado para soltar el lastre de alguna que otra película de esas de relleno, útiles para cubrir el calendario y poco más.
Desde luego ésa se diría que es la función principal de The Dead and the Living, una película austríaca de Barbara Albert con trama hipertípica, la jovencita que descubre el pasado nazi de su abuelo de 95 años y se pone a indagar, le cuesta creer que eso sea verdad, aunque acumula evidencias que empiezan por una foto de él con el uniforme de la SS. Por cierto, que se han encadenado tres películas seguidas con este esquema de tragedia personal sobre fondo real y viaje a la memoria histórica, no se puede echar tierra sobre lo que hay detrás de los hechos que afectan tan directamente. Las otras son las comentadas ayer Volver a nacer y El atentado.
Un problema que arrastra el film de Albert es lo mucho que tarda en plantearse esa trama hipertípica. Porque de entrada acompañamos a Sita, la protagonista, que hace entrevistas para un programa televisivo que busca descubrir talentos musicales, y le vemos teniendo un lío con el cámara, que no le lleva a ninguna parte, y yendo a clase a la universidad. Así transcurren veinte minutos de metraje poco útiles argumentalmente, la presentación de la protagonista debería haber servido para hacer avanzar la historia y ello no ocurre. Luego, sí, la vemos haciendo averiguaciones sobre su abuelito, lo que le hace viajar de Berlín a Viena, de Varsovia a Rumanía. Todo previsible y visto mil veces, se supone que un festival busca historias originales, modos narrativos audaces, y en The Dead and the Living no hay nada de todo eso. E incluso se detectan torpezas que lastran la historia, como los interminables vídeos del abuelo, y eso dejando aparte lo poco original de ese recurso para desvelar su grado de cooperación con los crímenes nazis.
Hijo por hijo
Originalidad no se le puede negar a la película china All Apologies, su trama no deja de ser rocambolesca y poco común. Por cierto, que el título tal vez sea un modo sutil de pedir disculpas por la jornada de huelga, un asunto local que afecta a un evento que desea ser internacional. Tenemos a dos matrimonios vecinos que viven en una aldea. Por un lado están Cheng -que trabaja en la ciudad- y Zhen, que tienen un niño, Zhuang. De condición más modesta, están Yu y Man, que tienen una cría. Conduciendo su motocarro con Zhuang a bordo, Man tiene un accidente y el pequeño muere, además de quedar él muy lastimado de las piernas, lo que le obliga a permanecer en el hospital. El dolor de Cheng y Zhen es grande, porque no pueden tener más hijos. Cuando respondiendo a su rabia, Man le dice sin hablar en serio que tome a Yu para que le dé un hijo, él lo ejecuta al pie de la letra, y viola a la mujer. No puede imaginar que, en efecto, se quedará embarazada, pero todo el proceso lo oculta los dos conocedores a sus respectivos cónyuges aprovechando la postración de Man y la distancia de la ciudad. La entrega del recién concebido será el precio a pagar por el accidente, pero claro, las cosas no serán tan sencillas.
El mérito de la directora y guionista Emily Tang es contar esta historia de culebrón con lo que se diría la versión china de la ley del Talión -donde en vez del “ojo por ojo” se aplica el “hijo por hijo”-, sin que parezca del todo disparatada. Además parecen aletear las secuelas de la política del hijo único en China, que tanto ha influido en la configuración social actual. Cierto que Tang suma demasiadas casualidades -una ligadura de trompas, justo, justo, justo, el día que muere el niño, o todo el cúmulo de circunstancias que permiten mantener el embarazo oculto a los otros dos cónyuges-, pero unas buenas interpretaciones y un sobrio final, invitan a pensar que encajar las contrariedades que conlleva la vida no es tan mala cosa, mientras que los atajos artificiales para arreglar problemas pueden convertirse en laberintos que encierran en nuevos y más complejos problemas.
Aguaceros y copias no certificadas
Para entretener al personal, nunca está de más un aguacero como el que cayó durante toda la tarde de ayer, que convertía el traslado de un cine a otro en una auténtica aventura, que sólo los más valientes emprendíamos. Y por otro lado, se nos cuenta que el kurdo iraní Bhaman Ghobadi ha suspendido la rueda de prensa para hoy de su película Rhino Season, porque dice que la copia que se va a proyectar dentro de un rato es horrible, y que él se va a traer otra nueva de Turquía. Según cuenta Gregorio Belinchón en El País, sólo después de proyectar la nueva copia comparecerá Ghobadi ante los medios. ¿Ganas de llamar la atención y publicidad adicional para la película? Ya la presencia de Monica Bellucci en el reparto hace pensar que el director desea llegar a un público más amplio que en sus trabajos anteriores. ¿Dejará de ser Ghobadi niño mimado del festival? ¿Cortina de humo para distraer en jornada de huelga? En fin, si la película es buena, todo lo demás se perdonará, si no...
Crónicas anteriores
San Sebastián 2012, día 21, "El fraude"
San Sebastián 2012, día 22, "Blancanieves" y "Argo"
San Sebastián 2012, día 23: "El muerto y ser feliz" y "En la casa"
San Sebastián 2012, día 24: "El artista y la modelo" y "Firefox"
San Sebastián 2012, día 25: "Volver a nacer" y "El atentado"
