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Zona friki

“Infierno azul”, se la llevó… ¡El tiburón! ¡El tiburón!

“Infierno azul”, se la llevó… ¡El tiburón! ¡El tiburón!

Llega a las carteleras la película del verano, Infierno azul, al menos para aquéllos que no tengan un euro para irse a la playa. Porque después de ver sufrir a la desdichada Blake Lively, perseguida por un escualo, se te quitan las ganas de volver a bañarte en el mar en la vida. ¡La mejor peli de surfista en apuros de la temporada!

Es curioso que cuando se hable de directores españoles, se mencione a Alejandro Amenábar, a Pedro Almodóvar, pero todo el mundo se olvide del director de esta cinta, Jaume Collet-Serra, porque como triunfa en Hollywood, se ve que no le consideramos de la patria, o tal vez por ser catalán, que andan los ánimos muy caldeados. O porque aquí somos muy envidiosos y como sus pelis funcionan, y dan dinero, nos cae fatal...

A mí estas pelis tipo Tiburón, de Steven Spielberg, me recuerdan siempre lo que me ocurrió una vez en la playa de San Lorenzo, en Gijón, hará unos quince años. Allí no siempre te puedes bañar, porque llueve bastante. No importa, porque te vas a beber sidrina. Pero un día resulta que sale el sol, así que aprovecho para irme a nadar, corriendo, antes de que se vuelva a ocultar.

Para mi sorpresa, descubro que el lugar está totalmente desierto. Ni un solo bañista por los alrededores. Y eso que era julio, cuando la zona a veces parece el metro en hora punta. Me extrañó un poco, pero pensé, iluso de mí, que nadie se había dado cuenta de que ya no caía lluvia.

Así que me olvido del todo y me zambuyo. Doy unas cuantas brazadas, me interno un poco hasta la típica boya, me recreo un rato sumergiéndome en las profundidades abisales cual Nemo y Dory, y luego doy media vuelta tranquilamente, y regreso a tierra. Para mi sorpresa, conforme me voy acercando a la orilla, descubro a un equipo de televisión, una chica y un cámara, ¡enfocándome a mí!

Cuando salgo del todo, ella se acerca con el micrófono, y yo no entiendo nada de nada. Pero pienso que están haciendo el típico reportaje de verano, sobre el calor que hace y todo eso. Me dispongo a contestar con una sonrisa a lo que sea, y la chica pregunta:

–¿Cómo es que se ha bañado usted? ¿No tiene miedo del tiburón?

the shallows 33352 g13Pero bueno, ¿qué me estaba diciendo aquella señorita?

–¿Puede usted repetir lo que ha dicho? Se ve que se me ha metido agua en el oído, y no se puede imaginar lo que he escuchado.

–Sí, perdón, decía que si no teme al escualo.

–Pues no –respondí tartamudeando–. No tenía ningún miedo, ¡pero porque ignoraba por completo la existencia del mismo! A partir de ahora creo que no vuelvo a meterme en el mar en la vida…

Sin dar mucho crédito todavía a lo que había escuchado, de vuelta a casa consulto en internet. Y leo que sí, que uno se ha acercado tanto que a pesar de que por lo visto era inofensivo, había aterrorizado a los bañistas (de hecho este año ha vuelto a suceder). Desde entonces tengo el  pelo blanco del todo.

Ahí está… ¡El tiburón! Ahí está… No pares, sigue, sigue…

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