1. Glenn Close en Hillbilly, una elegía rural. Nominada al Oscar este año porque la grandiosa actriz acumula ocho candidaturas infructuosas, así que ya toca que se lo den. En realidad, ella se esfuerza por darle entidad al personaje, pero con esas estrambóticas gafas y esa peluca que le han puesto resulta difícil que los miembros de la Academia le voten.
2. Gregory Peck en Moby Dick. Como bien comenta mi amigo Luis Miguel Carmona en su libro "Estrellas estrelladas", choca por la diferencia de edad, ya que por entonces el actor tenía cuarenta y su personaje, el capitán Ahab, pasaba de los 60, así que lo resolvieron con un curioso maquillaje que asemejaba al actor con Abraham Lincoln. John Huston... ¡tenemos un problema!
3. Jeremy Irons en La máquina del tiempo. Ya no se respeta ni al actorazo que había rodado Retorno a Brideshead y La misión, al que pintaron la cara y le pusieron una peluca blanca, y un traje de mamarracho para dar vida al líder de los morlochs, habitantes del futuro. Supongo que se justifica a sí mismo con aquello de “es que si no aceptas, no te llaman más”.
4. Robert De Niro en Stardust. Pero tío, que has sido Vito Corleone de joven, Jake LaMotta, Al Capone, Travis Bickle… ¿Cómo se te ocurre interpretar a un capitán travesti exageradísimo que lleva a cabo un numerito penoso con un abanico? Provocaba vergüenza ajena en el cine.
5. Marlon Brando en La casa de te de la luna de agosto. Interpretaba a un japonés, con una gran cantidad de maquillaje encima, que se convertía en traductor al servicio de un oficial estadounidense. Se pasa encorvado toda la película, no se sabe muy bien por qué. MGM le reclutó porque sus ejecutivos creían que ningún actor nipón era lo suficientemente conocido, se ve que no les sonaba Toshiro Mifune. Aunque hasta él reconoció su error (“mi esperpéntica presencia en esa película no fue más que una pobre decisión de casting”, afirmó), contra todo pronóstico a algunos espectadores les gusta, y hasta… ¡le nominaron al Globo de Oro!
6. Agustín González en Las aventuras de Enrique y Ana. Lo que hay que hacer para comer, debió decir el actor español cuando le pintaron de azul para encarnar a un absurdo extraterrestre, en esta estrambótica cinta para niños de otra época, que ya detestamos todos lo que éramos chavales entonces.
7. Arnold Schwarzenegger en Batman y Robin. No es que el musculoso austriaco despunte por sus habilidades interpretativas, pero no ayuda que le saquen pintado de azul y blanco, con una apariencia absurda, como enemigo del Hombre Murciélago. Lo peor, que le pusieron a decir ridículos juegos de palabras sobre el frío, a cual peor. “¿Sabes qué mató a los dinosaurios? ¡La edad de hielo!”, “permíteme romper el hielo, mi nombre es Frío, apréndetelo porque será el sonido helado de tu perdición”, “la predicción de esta noche es… ¡se avecina una helada!
8. Joan Crawford en Trog. Pese a haber sido una de las grandes damas del celuloide, con grandes trabajos en Johnny Guitar, o ¿Qué fue de Baby Jane?, la hicieron interpretar a una paleontóloga que descubre a un cavernícola inesperado que revive de forma inesperada. Éste resulta ser un tipo ataviado con una careta lamentable, así que la actriz se pasa toda la película con cara de asco, como si se estuviera preguntado "¿quién me ha visto y quién me ve?".
9. Humphrey Bogart en The Oklahoma Kid. Estaba considerado el tipo más duro del cine, por títulos como El sueño eterno y Casablanca, hasta que se les ocurrió vestirle de cowboy, un tanto delgado y bajito para haber sobrevivido en el oeste, pero además con un bigote que provoca que dé mucha risa.
10. John Wayne en La historia más grande jamás contada. Los productores querían grandes estrellas en pequeños papeles, así que al Duque le colocaron como uno de los soldados romanos que escolta a Jesucristo en el Calvario. Por desgracia, la faldita de centurión le sienta peor al cowboy que su estrambótico traje en Genghis Khan, que también tenía bemoles. No se podía poner al héroe por excelencia del western fustigando al Señor, así que se limita a acompañarle como si tal cosa, y por supuesto se mantiene al margen, cuando le crucifican. Después de que muera, suelta una frase lapidaria: “No cabe duda, este hombre era el hijo de Dios”. ¡Como vea esta versión poco seria de los Evangelios el perfeccionista Mel Gibson le da una lipotimia! También deja perplejo al espectador que de repente salga Sidney Poitier como Simón el Cirineo, pues la Pasión parece el Paseo de la Fama de Hollywood.
y 11. Sean Connery en Zardoz. No se entiende muy bien por qué tras haberse consagrado como icono de la elegancia interpretando a James Bond, el ilustre escocés se prestó a aparecer como un adefesio, con trenza y paña rojo, en este despropósito psicodélico que posiblemente sea lo peor de su filmografía.
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