Uno se imagina que el duro Clint Eastwood no bebe otra cosa que bourbon, sin hielo no se vaya a aguar.
Pese a todo me ha sorprendido que hace unas semanas se publicó que la estrella jamás bebería una Coca-Cola, aunque fuera por el desierto con su poncho mexicano, y lo único a mano fuera una máquina que vendiera el popular refresco. En Hollywood abundan este tipo de manías, como la de Steven Spielberg, que se ausenta cuando se rueda la última escena de sus películas, o la de Martin Scorsese, que no lleva reloj de pulsera en el set.
Según The Game of Nerds, hace más de cuatro décadas que Clint Eastwood no sólo ha dejado de consumir Coca-Cola, sino que prohíbe la presencia de esta bebida en todos sus rodajes. Como pases por allí y se te ocurra abrir una lata, te puedes encontrar con que el divo te saque la Magnum 44 y te la coloque en las narices. Además, se rumorea que ha exigido la eliminación de cualquier referencia o aparición de la marca en sus películas desde 1984.
¿La razón? Al parecer, esto se debe a una gran frustración que habría experimentado con una empresa relacionada con la famosa bebida, debido a un incidente con su hijo. En los 80, Coca Cola poseía Paramount, que preparaba la película Karate Kid. Kyle Eastwood, segundo hijo de Clint, que trataba de seguir los pasos como actor de su progenitor, habría sido considerado como uno de los candidatos más "aptos" para interpretar a Daniel LaRusso, el personaje principal. Sin embargo, después de una serie de pruebas, no le seleccionaron porque en su lugar, el director John G. Avildsen optó por el actor neoyorquino Ralph Macchio.
Según Sondra Locke, ex de Clint, en su autobiografía, The Good, the Bad, and the Very Ugly, éste habría ofrecido a Paramount dirigir la cinta si la protagonizaba su niño. Pero ni por ésas. Resulta difícil imaginar Kárate Kid dirigida por él, pues imagino que en el combate final dejarían lisiado a Danny LaRusso, así que a Miyagi le tocaría desconectar a su pupilo de las máquinas que le mantuvieran con vida.
A raíz de esta situación, Clint Eastwood le cogió tirria a la multinacional, por lo que ha evitado que cualquier botella de Coca Cola aparezca en sus películas. La última vez que salió una caja de esta bebida en uno de sus filmes fue en Bronco Billy, del ya lejano 1980. Que en 1989 la empresa vendiera Paramount a Sony no ha calmado al cowboy, al que cuarenta años después todavía le dura el cabreo.
Clint puede albergar resentimiento por todo este jaleo, pero su hijo ciertamente no lo hace. En todos estos años, Kyle se ha convertido en un músico de jazz talentoso, lanzando una multitud de álbumes aclamados que le han permitido librarse de una carrera llena de comparaciones diarias con su padre, al que ha compuesto temas para algunas peliculas, como Banderas de nuestros padres y Gran Torino. Cuando se le preguntó si se sentía frustrado por no haber protagonizado Karate Kid dijo que no. “Ni me preocupa, porque la música siempre fue mi verdadera pasión”.
En cualquier caso, yo quiero vivir hasta los 93 años estando en plena forma como Clint Eastwood, por lo que a partir de ahora… ¡también dejaré la Coca Cola! Ahí debe estar la clave de su longevidad.
