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Zona friki

“El dictador”, de Sacha Baron Cohen, fracasa en América y triunfa en España

Tengo que confesar algo que va a dañar bastante la imagen que tenéis sobre mí. Este fin de semana me puse una gabardina, unas

Tengo que confesar algo que va a dañar bastante la imagen que tenéis sobre mí. Este fin de semana me puse una gabardina, unas gafas de sol y un sombrero (llamaba mucho la atención pues hacía un calor insoportable) y me fui a la taquilla de un cine que sabía que estaba un poco escondido. Mire a un lado y a otro, y cuando tuve constancia de que no pasaba nadie por los alrededores pedí discretamente una localidad y entré rápidamente. Pronto comenzó la proyección, yo imaginaba que tendría escenas fuertes, y efectivamente, lo que salía en la pantalla no era apto para espectadores sensibles.

La película era El dictador, la nueva locura protagonizada por Sacha Baron Cohen. Sí, ya, estaréis pensando que cómo se me ocurre ir a ver eso, pero es que este verano ha dado títulos de interés, pero no hay mucho producto atractivo, así que el film de este cómico salvaje era de lo poco que me quedaba por ver. Llevaba algún tiempo estrenada y traté de evitarlo, pero al final he abonado un ticket por él.

Me sorprende que el británico Sacha Baron Cohen esta vez no ha triunfado en Estados Unidos. Debutó allí en el tercer puesto del Box Office y lo consideraron un fracaso, porque ha sido la película más cara del actor hasta el momento (65 millones de dólares) y sólo consiguió 17 en su primer fin de semana, la mitad que Brüno. Y sin embargo, cuando llegó a España arrasó, colocándose la primera por encima de Ice Age 4: La formación de los continentes y The Amazing Spider-Man, y recaudando 1,48 millones de euros, el doble que Brüno en su día. ¡Spain is different! Entiendo que se debe a las críticas del film hacia la democracia americana, pues aquí gusta especialmente que alguien se meta con los yanquis, no en vano Mars Attacks!, que fue un descalabro allí, arrasó por nuestros lares. ¡Pero si convertimos un documental, Bowling for Columbine, en casi un fenómeno de masas! Por lo más sagrado, ¡un documental! ¿Alguien había pagado una entrada de cine por ver un documental antes?

Contra todo pronóstico, El dictador me interesó mucho más de lo que esperaba y hasta tiene hallazgos brillantes, lo reconozco. Pienso que en Estados Unidos, Sacha Baron Cohen ha sido un poco como Pedro y el lobo, los espectadores tragaron con Ali G anda suelto (“sí, sí, id a verla que es buena”) con la insoportable Borat (“sí, sí, id a verla que es buena”), volvieron a vaciarse los bolsillos con la infumable Brüno (“sí, sí, id a verla que es buena), pero ya no ha colado El dictador (que paradójicamente es la buena, o al menos la mejor de la tetralogía de la burricie).

También pienso que aunque parezca incomprensible, el film no ha ido tan bien en USA porque tiene menos animaladas que sus ilustres predecesoras. Una vez a Jim Carrey se le ocurrió poner muchas muecas, pero unas cuantas menos que en sus films anteriores, en Un loco a domicilio, y supuso su mayor descalabro comercial. Dice con bastante acierto la crítica de decine21.com, escrita por uno de mis compañeros (no sé cuál), que “para los baremos de zafiedad que habitualmente maneja Sacha Baron Cohen, probablemente El dictador es una película “fina”. Aunque claro, resulta difícil igualar, incluso para él mismo, los “logros” de Borat”.

No nos engañemos, el angelito se recrea (en su línea) en la escatología (atención al parto, a la defecación aérea o al momento en el que aprende lo que es la masturbación) y en el salvajismo (chistes que sugieren sexo con niños que me resultan bastante preocupantes). O sea que si lo tuyo es el ‘toque Lubitsch’ o la comedia sofisticada, mantente alejado de las salas.

Atención al discurso final

Pero por una vez, no sólo se queda en tontadas, sino que aporta alguna cosa más. Por ejemplo, le saca punta a uno de esos tópicos inevitables del cine. Siempre que en la pantalla a alguien que se pretende ocultar le preguntan cómo se llama, mira un cartel próximo y toma lo que allí ponga como nombre (Si pone “Beba Coca Cola” dirá “Me llamo ¨Beba, Beba Cocacola”). Pues bien, Baron Cohen le saca punta muy bien a eso. Además, resultó que es cierto que tiene una enorme carga de profundidad anti-yanqui, que en realidad viene a ser una más que acertada apología de la democracia a pesar de sus graves defectos, aplicable a cualquier país que se rija por este sistema. El discurso final comete la herejía de pretender recordar a la inigualable El gran dictador, de Charles Chaplin (que no me hagan comparar), pero es ingenioso (cuidado Spoilers, no lo leas si no has visto la peli):

“¿Por qué se oponen tanto a los dictadores? Imagínense que Estados Unidos fuera una dictadura (...). El 1% de la población podría acaparar toda la riqueza del país. Enriquecerían más a sus amigos ricos bajándoles los impuestos y rescatándoles cuando corren riesgos y fracasan. Podrían ignorar las necesidades médicas y educativas de los pobres. Sus medios parecerían libres pero realmente los controlaría una persona y su familia. Podrían intervenir los teléfonos, torturar a reos extranjeros (...). Podrían mentir sobre por qué van a la guerra. Podrían llenar sus cárceles con un solo grupo racial y nadie se quejaría. Podrían usar los medios para espantar al pueblo y hacer que apoye políticas contra sus intereses. Sé que esto es difícil de imaginar para los americanos, pero por favor, inténtenlo”. Pero a pesar de todo se trata del mejor sistema que se ha inventado, así que no queda otra. “La democracia tiene axilas peludas y podría bajar unos kilitos. La democracia tiene defectos, no es perfecta, pero democracia.. I Love You”. Ole, por una vez tengo que reconocerle a Baron Cohen algún acierto.

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