Significado de “empacho”, según la RAE. Tres acepciones: 1) Cortedad, vergüenza, turbación. 2) Dificultad, estorbo. 3) Indigestión de la comida. Las tres le van al pelo a la saturación de películas y series de superhéroes, ya sean de Marvel o DC.
Me encantan los cómics franceses y belgas, la bedé o bande dessinée. No tanto los cómics estadounidenses de superhéroes, aunque los toleraba en mi infancia y adolescencia, mi hermano Rafa nos surtía de historietas de “La patrulla X” y “La masa”, antes de que tuviéramos que llamarlos “X-Men” y “Hulk”. En las dosis justas los podía disfrutar, aunque nunca fueron mis favoritos.
Cuando llegaron las películas, confieso que a diferencia de otros amigos, no vibré con el Superman de Christopher Reeve, llegado a las pantallas después de La guerra de las galaxias, que jugaba en una división muy superior. En cambio he disfrutado con los Batman de Tim Burton y Christopher Nolan, con alguna de Capitán América o Los Vengadores, y también con los Spider-Man de Sam Raimi. Pero hubo un momento en que salían pelis de superhéroes en pijama hasta en la sopa. Se abusó de las reuniones de superhéroes, de títulos basados en villanos, de series spin-off o lo que sea que se llamen, y en fin, ya de traca, llegó el multiverso para acabar de marearme y tomar la decisión creo que sabia de abstenerme del subgénero, no degustarlo a no ser por motivos estrictamente profesionales. Y todo lo que he dicho aquí sirve en parte para hablar de las pelis y series de Star Wars, salvo excepciones y no todas las temporadas, me gustaron The Mandalorian y Andor, pero a cambio hubo algún que otro horror.
Cuando fue un estreno en Netflix, disfruté con Daredevil porque no era una de superhéroes al uso, teníamos a un protagonista ciego y católico, preparado para la pelea, con el oído muy afinado y además... ¡abogado! Aquello parecía más cine negro, como también algunas series de los alrededores, como Jessica Jones. Por eso tenía esperanzas con Daredevil: Born Again, que no han sido defraudadas. Tenemos a un Matt Murdock en posición de duelo tras un enfrentamiento con un villano, que se ha prometido; y a un antiguo villano Wilson Fisk, reconvertido en alcalde de Nueva York, que no soporta a los vigilantes enmascarados, y que parece que se ha vuelto razonablemente armado. Pero uno y otro quizá no puedan mantener sus decisiones.
Tenemos tramas entretenidas, con personajes bien desarrollados, dilemas morales, y cuando toca, peleas muy vistosas, eso sí, bien insertadas en la trama, no tienes la sensación de un relleno. El capítulo del atraco a un banco en el día de San Patricio, al más puro estilo La casa de papel, es como una parada en el camino narrativo muy, muy disfrutable, qué maravilla. En fin, que series como esta me reconcilian un poco con los superhéroes, al final todo es cuestión de contar con buenas historias y no lanzar títulos contando con un público fan prisionero y cautivo de cualquier cosa más o menos bien empaquetada que le lances.
