Es curioso, porque siempre había pensado que las películas dramáticas era las más apreciadas, las que se consideran que tienen más mérito, las más premiables. Pero ahora la directora catalana se descuelga con la idea de que “llorar en el cine sigue siendo sospechoso”. O sea que lo era, y lo sigue siendo.
Vamos a ver, una cosa es la vieja idea de otros tiempos que se resumía en la frase “los hombres no lloran”, con el corolario, "son las mujeres las que abren el grifo de sus lágrimas para gimotear a moco tendido", no ellos que aprietan los dientes y aguantan carros y carreras. El fin de semana pasada volví a ver más de 35 años después una película que en su día me encantó, y que provocó mi llanto adolescente, nada menos que Campeón, de Franco Zeffirelli. Yo era un chaval en esa “primera vez”, y puedo decir que aquella peli me conmovió, me ayudó a hacerme cargo del drama del divorcio, y cómo las primeras víctimas son los hijos. “Campeón, campeón, despierta, campeón”, Rick Schroder y su grito a Jon Voight me calaron en lo más hondo. Casi a la vez vi también Kramer contra Kramer, que toca el mismo tema, y también me impactó. Desde luego esas películas de 1979 hoy son políticamente incorrectas, porque reivindican la figura del padre que educa a sus hijos, frente a la madre que abandona el hogar y luego se arrepiente.
Isabel Coixet ha publicado un artículo en XL Semanal el pasado domingo 22 de marzo, en que saca a la palestra ideas interesantes como la de que “la emoción asusta” y “pone nerviosa a la crítica”. Y que a algunas películas como las suyas les ponen el sambenito de “películas sentimentales”, como si eso les restara valor –más peyorativo era tachar algunos filmes de “lacrimógenos”–; desde luego, nunca he pensado así, en mi opinión, si una película no te conmueve, algo está mal hecho. Por eso no me interesa mucho el cine de Pedro Almodóvar, porque a pesar de su tono de culebrón, y habilidad como cineasta, es todo muy cerebral y narcisista, no me llega. Amarga Navidad es más de lo mismo entregado sin pasión y con narcisismo, el manchego debería volver a Volver, para mí su última gran película. Y en la misma línea Una batalla tras otra y Los pecadores, no me emocionan lo más mínimo, cosa que sí logran hacer Valor sentimental o El agente secreto.
Lo que pasa es que conmover, emocionar, no sólo consiste en sufrir y que se dispare tu aparato lacrimal, es también provocar risas, hacerte vivir la dureza de una experiencia bélica, despertar sentimientos de venganza que luego son corregidos por la invitación a la redención y el perdón, darte ejemplos de comportamiento maravilloso, heroico, incluso de dar la vida, aunque no necesariamente, existe un heroísmo cotidiano que se ve en pequeñas cosas, en ese sentido me emociona, sí, me emociona, la madre de Christy Brown, maravillosa Brenda Fricker, en Mi pie izquierdo.
Me gustó lo que la Coixet le dijo a Broncano en su programa La Revuelta, cuando andaba de promoción de su última película Tres adioses: “Eres un tío listo”, le dijo, “pero te hace falta llorar”, ahí es nada, viene bien decir esto en tiempos de cinismo y de estar de vuelta de todo. Y tiene toda la razón la directora cuando en el mencionado artículo cuestiona el “tono levemente despectivo y circunspecto” de algunos perdonavidas hacia los que se emocionan en las películas, “como si emocionarte fuera una prueba de que te han manipulado y eres imbécil”.
