Blog de Hildy
Sana envidia a los que saben mirar a Victor Hugo, William Shakespeare, Charles Dickens, Jane Austen...
¿Cuándo el cine español será un poquito más "miserable" y redescubrirá a sus clásicos?
Hay historias que resuenan en la eternidad. El paso del tiempo no hace más que confirmar su belleza y vigencia, son universales, hablan a los hombres y las mujeres de todos los tiempos. Podemos mirar a la Biblia, a Homero, al Cantar del Mío Cid, a la saga de los nibelungos... El cine y las series de algunos países demuestran saberlo con adaptaciones recurrentes. En España, me duele decirlo, no ocurre así. Del mismo modo que tampoco apreciamos nuestra historia en todo lo que merece, como mucho llegamos... a la guerra civil, y ahí seguimos.
Yo confieso... haber pensado hace un par de semanas... ¡Vaya! ¡Otra adaptación de Sentido y sensibilidad, según la novela de Jane Austen! Yo confieso... decirme a mí mismo esta semana, ante la perspectiva de ver una nueva película de Los miserables, según la novela de Victor Hugo, tres horas de metraje por delante... ¡uf, qué pereza, pero si ya me sé la historia! ¡Si este año se estrenó también Los miserables: El origen! Mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa. ¿Cómo se puede ser tan simplón? Porque la verdad sea dicha, en todos los casos he disfrutado un montón, son fantásticas películas las entregadas por Georgia Oakley, Éric Besnard y Fred Cavayé. Las historias que manejan son tan buenas que hay que ser bastante cafre para malograrlas. En los casos que menciono, al contrario, se nota que aman el material que tienen entre manos, y el resultado final es más que notable. Al final me tengo que decir, que ojalá todos los años se hiciera una adaptación de “Los miserables”, no me importaría vivir en ese sentido “el año de la marmota”, porque la realidad es que disfruto mucho más de una de estas películas, aunque me sepa la historia de pe a pa, que de tantos bodrios que cineastas “modelnos” sin talento ni ideas propias, nos entregan casi a diario.
También debo decir que envidio a franceses, británicos, estadounidenses, que revisitan sus clásicos sin cansarse o los reinterpretan con frescura. El caso “miserable” es un botón de muestra de lo que hacen los galos, que también han ofrecido en los últimos tiempos nuevas versiones de El conde de Montecristo o Los tres mosqueteros, o incluso reinterpretan a Lupin, con merecido éxito. Y asoma Cyrano, que no deja de despertar fascinación. Por supuesto que los anglosajones están viviendo la fiebre Austen con motivo de los 250 años del nacimiento de la escritora, además del ya mencionado citaré títulos solo muy recientes que los demuestran, Jane Austen arruinó mi vida, La otra hermana Bennet y Miss Austen. Y Shakespeare siempre es motivo de gozo y alborozo, cada año cae al menos alguna adaptación de una obra suya, o al menos algo alrededor del bardo, como la reciente y estupenda Hamnet. Ello por no hablar de Charles Dickens, de quien nos llega con puntualidad una nueva versión de su cuento de Navidad, Scrooge y los fantasmas de la Navidad, o el año pasado una de sus historias menos conocidas, que dio pie a El Rey de Reyes. O de Oscar Wilde, o de...
Desgraciadamente en España no prestamos a nuestros clásicos la atención que merecen. Si hablamos de Don Quijote, hay que remontarse a... ¡1991! cuando Manuel Gutiérrez Aragón hizo la serie El Quijote que luego tuvo una especie de pobre secuela una década después, El caballero Don Quijote, con otros actores, a Fernando Rey y Alfredo Landa les sucedieron Juan Luis Galiardo y Carlos Iglesias. Después nada, más allá de algunas pelis de dibujos, muy lejos de la estupenda serie infantil Don Quijote de la Mancha de Cruz Delgado; la única adaptación “reciente” de algo escrito por Miguel de Cervantes es La española inglesa, un interesante telefilm impulsado por TVE a partir de una de las novelas ejemplares. No quiero decir gran cosa de El cautivo, porque ya hablé en tiempos, y me parece fallida y que falsea la historia, su director quiere mirarse en el espejo cervantino y no es eso. ¿No va siendo hora de desempolvar al caballero de la triste figura, quitar las telarañas de los molinos vientos y dejar que don Quijote cabalgue de nuevo?
En cualquier caso, echo en falta adaptaciones de nuestro teatro, Lope de Vega –ay, los tiempos de Pilar Miró ya tan lejanos–, Calderón de la Barca, Federico García Lorca –La bola negra es otra cosa–, Tirso de Molina, Antonio Buero Vallejo... No sé por qué no se hace nada a partir de Benito Pérez Galdós, Miguel Delibes, Carmen Laforet, Emilia Pardo Bazán, Pío Baroja, Miguel de Unamuno... No quiero ser injusto, Paula Ortiz se acercó a Lorca con La novia, y a Teresa de Jesús a través del filtro de Juan Mayorga en Teresa; pero es más la excepción que la regla.
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