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Blog de Hildy

Hitchcock, Lincoln, Argo: Basadas en hechos reales... hasta cierto punto

“La realidad siempre supera a la ficción” puede sonar a frase hecha, pero lo cierto es que en muchas ocasiones las historias que

Hitchcock, Lincoln, Argo: Basadas en hechos reales... hasta cierto punto

“La realidad siempre supera a la ficción” puede sonar a frase hecha, pero lo cierto es que en muchas ocasiones las historias que nos fascinan en las pantallas de cine se basan en algo que ha ocurrido de verdad, “based on a true story” nos suelen decir, o “inspired by true events”. Incluso aquello de “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia” suele querer decir lo contrario, el mensaje correcto sería “basado en la realidad”, con la coda “pero no lo podemos decir, que se nos caería el pelo”.

Lo cierto es que ahora mismo podemos ver en cines, o podremos ver muy pronto, películas que cabe denominar como históricas, aunque sean de historia muy, muy reciente. Pero claro, ajustarse completamente a lo que en realidad ha ocurrido no es tarea sencilla. Si ni los historiadores ni los analistas se ponen a veces de acuerdo en determinados hechos, a ver qué van a hacer los peliculeros, que al final lo que quieren es entretener, que están limitados por el tiempo, y que su tarea de documentación no resulta todo lo exhaustiva que ellos mismos podrían desear.

Una dificultad con La noche mas oscura (Zero Dark Thirty), sobre la caza y muerte de Osama Bin Laden, es que atañe a hechos que implican a los servicios secretos, y que podrían afectar a la seguridad nacional de EE.UU.; o sea, reflejar todo lo que pasó es imposible. El personaje de Maya por el que Jessica Chastain podría ganar el Oscar se basaría en alguien real según publicó el Washington Post, pero el guionista, Mark Boal, se muestra cauto al declarar al Wall Street Journal que “no voy a dibujar una línea de puntos que distinga a alguien descrito en la película y alguien real”. Así que nos quedaremos sólo con el dato del Post de que la auténtica Maya se mosqueó cuando varios compañeros fueron condecorados por la investigación que llevó hasta Bin Laden, lo que manifestó con un explosivo correo electrónico; un aspecto de su personalidad que no pega a la Maya del cine.

Argo también atañe a hechos que se habían mantenido secretos, acontecidos durante la crisis de los rehenes en Irán en 1979, cuando fueron liberados varios ciudadanos de Estados Unidos simulando que formaban parte de un equipo de rodaje fílmico canadiense. En este caso Tony Méndez es un auténtico agente de la CIA, y hay bastante fidelidad a los hechos... pero también licencias en el emocionante clímax hollywoodiense en el aeropuerto, me hizo gracia escuchar a Ben Affleck que como en Occidente no conocemos cómo discurrió todo en el lado iraní, la alocada carrera final podría haber ocurrido (el actor-director pronto tendrá ocasión de conocer esa versión, pues las autoridades de Irán han anunciado una película, o serie, que no me aclaro del todo, sobre el tema).

Juan Antonio Bayona se basa en hechos reales, el tsunami de 2004, para Lo imposible, pero sin entrar en más vericuetos como mínimo ha cambiado la nacionalidad española de la familia protagonista, reparto de famosetes para lograr financiación y éxito internacional obliga. E incluso una cinta de tanto rigor como Lincoln, de Steven Spielberg, se permite especular con una relación íntima de Thaddeus Stevens y su ama de llaves negra, algo de lo que no existen evidencias históricas.

En tal tesitura nos llega Hitchcock, un retrato íntimo del matrimonio de Alfred Hitchcock con Alma Reville durante el rodaje de Psicosis. Como aquí hablamos de historia del cine, y de un personaje que servidor conoce razonablemente bien, pues te fijas. Te fijas más de lo normal. Y algo chirría... Reconozco el extraordinario trabajo de los actores, sobre todo de Helen Mirren. El maquillaje y el acento british de Anthony Hopkins están cuidados, pero uno ha visto tantas veces al mago del suspense, que no sé, no sé... No puedo dejar de pensar durante todo el metraje, “ahí va Hopkins disfrazado de Hitchcock, vaya papada, en este plano parece más Hopkins que Hitchcock, en este otro el parecido está más logrado...” O sea, que me distraigo con lo que no debiera.

Hay que recordar que Psicosis parte, a su vez, de un hecho real, los crímenes cometidos por Ed Gein, que hasta tuvieron una sanguinolenta versión fílmica tal cual, que se tituló Ed Gein. O sea que realidad al cuadrado. Pero, ¿realidad, realidad? Así como sobre el rodaje de la película existen montones de información, y lo que aportaba Alma al trabajo de Alfred también, mucho me temo que sobre la intimidad del matrimonio Hitchcock sólo se puede especular; el mismo director Sacha Gervasi lo admite cuando dice “en realidad, no sabemos mucho sobre Hitchcock”, y Hopkins declara que “la gente se pregunta a menudo si tenían relaciones íntimas. Bueno, probablemente no”, más claro, agua. No hay duda de que han corrido chorros de tinta sobre los tópicos “obsesión por las rubias”, “sadismo con las actrices” y “sexualidad reprimida por su educación católica”. Al menos hay que agradecer a Gervasi que haya dejado el elemento religioso fuera –sobre esta cuestión remito a un post que escribí hace mes y pico–, pero los otros puntos sí se incluyen con una mirada psicoanalítica algo elemental, que sólo hace creíble el trabajo de Mirren y Hopkins. Lo siento, pero el voyeurismo del “prota” se presenta toscamente, e igualmente el desahogo que ella se busca para escapar, siquiera un rato, del pesado (no sólo por kilos) de su marido. Y lo de las camas separadas, me hace pensar en el código Hays, la imagen resulta casi grotesca.

En fin la realidad puede ser muy elusiva, no hay más ver los casos Amy Martin y la portada de “El País” con Hugo Chávez entubado, glosados por mi inspirado compañero bloguero Juan Luis aquí, para constatarlo.

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