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Biografía

Mark Boal

Mark Boal

Mark Boal

Premios: 1 Oscar

Oscar
2010

Ganador de 1 premio

Filmografía
Triple frontera

2019 | Triple Frontier

Santiago, miembro de las fuerza de élite de Estados Unidos en operaciones especiales, ha intervenido en varias operaciones contra el narcotráfico. Gracias a un contacto dentro de su organización, averigua la localización del cuartel general del jefe de un cártel Gabriel Martín Lorea, en plena selva en Brasil, en una zona fronteriza. En una operación privada con el visto bueno oficial pero sin que el gobierno asuma responsabilidades, Santiago reúne un grupo de asalto con antiguos compañeros, lo que incluye la recuperación de Redfly, retirado y con su hogar desestructurado. La operación consiste en liquidar a Lorea y arramblar con la fortuna que esconde en su casa. No faltarán dificultades en su ejecución. Entretenida cinta de acción dirigida por J.C. Chandor, aunque no alcanza el nivel de sus anteriores trabajos, Margin Call, Cuando todo está perdido y El año más violento. Maneja un guión coescrito con Mark Boal, que suele trabajar con la especialista en acción Kathryn Bigelow, para ella ha escrito los libretos de En tierra hostil, La noche más oscura y Detroit. De hecho ella figura en los créditos como productora ejecutiva, y el tipo de film se parece más a los realizados por esta directora. Funciona bien la idea de afán de aventuras combinado con la camadería masculina, bien representada por un estupendo reparto integrado por Oscar Isaac, Charlie Hunnam, Ben Affleck, Pedro Pascal, Adria Arjona y Garrett Hedlund. Y hay cierta habilidad en las escenas de acción, con marcos urbano, selvático y el montañoso de los Andes, y capacidad de sorprender, la trama no se reduce a describir el asalto de la casa-fortaleza de Lorea. No dejan de cuestionarse las actividades mercenarias, donde la pérdida de vidas sería lamentable pero incluible en los denominados "daños colaterales". Y es que aun revestidas del afán noble de terminar con un narcotraficante impresentable, no deja de señalarse el precio a pagar y el valor muy relativo del dinero, que a tantos ciega, un poco en la línea del clásico El tesoro de Sierra Madre. A veces quemarlo literalmente, o prescindir de él por una causa más noble, tiene un valor incalculable, mayor que el de vil metal. Y es que la amistad, los lazos humanos, el formar parte de una familia, vale más que todo el dinero del mundo.

6/10
Detroit

2017 | Detroit

23 de julio de 1967. Una redada de agentes de policía, en su mayoría blancos, en un club de un barrio negro de Detroit, desata disturbios y vandalismo generalizado. Los acontecimientos estropean la gran oportunidad de The Dramatics, un conjunto musical de jóvenes negros, pues desalojan la sala en la que van a actuar. Acabarán ocultándose en un motel, frente al cual un muchacho de color, Melvin Dismukes, ejerce como vigilante de seguridad privada, para evitar que saqueen un supermercado. Kathryn Bigelow retoma la violencia policial de tintes racistas, tema que sus más fervientes seguidores recordarán que tocó en el film de ciencia ficción Días extraños (1995), donde dos policías blancos liquidan a un rapero politizado, pero una prostituta graba un archivo de sus recuerdos que demuestra los hechos. Aquí se reconstruye una terrible historia real, la tragedia del Motel Algiers, con la que se intenta con la mejor de las intenciones indignar al espectador presentando hechos injustos y violencia desmedida. También se sugiere que la situación continúa igual hoy en día, pues se siguen desatando sucesos similares. Quizás todo resulta algo artificioso; lo mismo ocurre con una escena hacia el final donde se deja claro que no todos los servidores de la ley son unos salvajes. Conclusión acertada pero el momento se ha metido con calzador. La mujer que mejor ha filmado secuencias de acción del cine de Hollywood se luce con una vibrante planificación en los momentos violentos, a veces cámara en mano, reforzando el realismo, muy en la línea de sus películas de guerra, con imágenes entremezcladas de informativos de la época. El guión de Mark Boal, colaborador de la realizadora en sus dos filmes anteriores, En tierra hostil y La noche más oscura (Zero Dark Thirty) narra con claridad lo sucedido, pero le falta algo de profundización en sus personajes, sobre todo en los polis malos. Aunque el conjunto actoral logra resultar convincente, sobre todo John Boyega –el guardia de seguridad–, Will Poulter, cómplice de Tom Hardy en El renacido –como agente sin escrúpulos–, y Anthony MacKie –un huésped acusado de proxeneta–, queda la impresión de que se está viendo un documental. Todo muy creíble, pero el drama se ve desde fuera.

6/10
La noche más oscura (Zero Dark Thirty)

2013 | Zero Dark Thirty

El 11 de septiembre de 2001 el mundo cambió para siempre. Pero sobre todo cambió el modo en que Estados Unidos se iba a enfrentar al terrorismo a partir de entonces. Eliminar a los responsables de las masacres se convirtió en el primer objetivo de un país encolerizado y fuera de sí. Millones de dólares, de recursos y de agentes se pusieron manos a la obra. Diez años después las noticias del mundo entero se hicieron eco de la muerte de Osama Bin Laden, el jefe de Al Qaeda. Este film es una crónica de más de dos horas y media acerca de esos años. El hilo conductor es Maya, una joven agente de la CIA que es enviada desde Washington hasta Pakistán para obtener pistas acerca del paradero de Bin Laden. Una vez allí los esfuerzos de Maya se centrarán en la búsqueda de un hombre, Abu Ahmed, presumiblemente el correo de Bin Laden. Maya está segura de que encontrándole a él podrán llegar hasta su objetivo número uno. La noche más oscura tiene un comienzo discreto, quizá poco imaginativo, que remite a las típicas películas de denuncia, con esas primeras secuencias tan sucias, tan desagradables, de las torturas que los estadounidenses infligen a los presos para sacarles información; sin embargo, tal impresión inicial es un espejismo, porque poco a poco todo va adquiriendo una inusitada intensidad, una visión más amplia, más traumática, hasta llegar al impactante clímax final, ya en escenario bélico, visión nocturna de por medio, con el objetivo claro de abatir al hombre más buscado del mundo. Entre medias, muchos días, años, de pesquisas, de interrogatorios, de testigos, de decisiones, de muertes, de atentados en diferentes países. Después de En tierra hostil, la oscarizada Kathryn Bigelow vuelve a demostrar que se ha convertido en una directora muy, muy seria. Sigue buscando el hiperrealismo, que en este film está remarcado con la efusión con movimientos de cámara a menudo nerviosos y una planificación cuidadísima para que parezca “descuidada”, real, como si viéramos un trozo de lo que ocurre en el enorme puzzle de los conflictos bélicos, del terrorismo, del mundo de los agentes, de las cárceles secretas e inhumanas, de las reuniones de despacho, etc., con encuentres abiertos y una tendencia enorme a cambiar de localizaciones, no vaya a ser que la cosa resulte aburrida o previsible... En este aspecto destaca el buen uso temporal de la historia, que no acusa debilitamiento alguno pese a abarcar desde 2001 hasta 2011, y que va situando al espectador en numerosos lugares del planeta –aunque centre su base de operaciones en Pakistán y Estados Unidos–, mostrando los hechos que en ese momento suceden, sus investigaciones y avances en cuanto a las pistas que llevan hacia el posible paradero de Bin Laden. Para realizar el film, el equipo de Bigelow ha contado con información privilegiada acerca de los hechos reales que llevaron a la localización y muerte del jefe de Al Qaeda. Y parece bastante lógico que todo lo que se cuenta sea más o menos lo que ocurrió. Porque hay en La noche más oscura algo que llama mucho la atención: el poco interés que se presta a la investigación propiamente dicha. En el fondo, todo el film es una investigación, pero a Bigelow no le interesa mostrar las migas de pan que llevan al objetivo, ni trasladar al espectador una serie razonamientos que ofrezcan a lo Sherlock Holmes la solución matemática de la ecuación. Para Bigelow y su guionista Mark Boal (que ya trabajó con ella en En tierra hostil) cuenta la intensidad de esa investigación (que en realidad es la obsesión de todo un país, y así se enfatiza), las vivencias traumáticas de sus personajes protagonistas, la presión a la que están sometidos, sus tomas de postura, sus crisis, sus enfrentamientos, su frustración. Resulta genial el dibujo a trazo grueso que hace del organigrama de la CIA, donde cada uno cree una cosa, donde todo son dudas y la presumible infalibilidad del mejor sistema de espionaje del mundo se desmorona al revelarse simplemente como ineficiente. Y donde, al final, quien tiene el poder de decisión es capaz de doblegarse ante una sola persona con verdadera seguridad en sí misma. Jessica Chastain ofrece excelentes secuencias con este enfoque gracias a su portentosa interpretación de Maya, de una altura que raya la perfección. El Oscar llama a su puerta. Pero, lógicamente, para que La noche más oscura pueda ser tenida en consideración ha de poner en la picota toda la sucia realidad de la lucha contra el terrorismo. Aquí no hay casi nada para la galería. Todo es directo, despiadado, frío. No se esconden las intenciones inmorales, asesinas, de la CIA, a quien sólo interesa llegar a hasta su objetivo, da igual las vidas que siegue en su camino. Se muestra la falsedad de la Casa Blanca, pero Bigelow lo hace con enorme displicencia y a la vez sabe enfocar (o desenfocar) la mirilla para huir del puro maniqueísmo y, así, muestra, por ejemplo, cómo la inhumanidad de la tortura también acaba pasando factura a los verdugos. Visualmente el film está tan cuidado como todo lo demás aunque hay momentos destacados y de un atroz realismo, como en la escena del atentado del restaurante o en la incursión final en Abbottabad. Desde luego lo más llamativo es ese peculiar aire documental que se imprime a toda la narración, hecho que adquiere mayor entidad a la hora de sembrar la historia de numerosos personajes, sin que ninguno, salvo la Maya de Chastain, se lleve la gloria. Así, con un elenco de actores excelentes en papeles menores –Jennifer Ehle, Stephen Dillane, Mark Strong, James Gandolfini, etc.– la narración aumenta en verosimilitud a la hora de ofrecer una trama equilibrada que quiere acercarse lo más posible a lo que ocurrió en la realidad.

8/10
En tierra hostil

2008 | The Hurt Locker

La mejor película hasta la fecha sobre la guerra de Irak. Sigue las labores cotidianas en Bagdad de tres marines estadounidenses, que conforman una unidad de artificieros especialistas en desactivar bombas. Ellos son Will, muy individualista, que parece no conocer lo que es el miedo, y ha desarmado cientos de artefactos; Sanborn, un afroamericano muy racional, que piensa que la seguridad pasa por el trabajo en equipo; y Owen, el más joven, al que el conflicto está afectando, y que recibe ayuda psicológica de un coronel médico. Sus distintas misiones sirven para ahondar más en sus personalidades: tocamos su humanidad, también en lo que se refiere a los lazos familiares, buceamos en sus temores, y llegamos a atisbar un poco el daño tremendo que hace la guerra, en primerísimo lugar a los propios combatientes.Kathryn Bigelow es una excelente directora de escenas de acción, lo que atestiguan filmes como Le llaman Bodhi, Días extraños y K-19: The Widowmaker. Aquí suma a su talento para las secuencias adrenalíticas -todas sobresalientes, con una atmósfera de tensión casi insoportable, y sin maquillar jamás el horror bélico- el manejo de un sólido guión de Mark Boal, que ya había puesto previamente su granito de arena en el libreto de En el valle de Elah. Y el resultado de tal conjunción es muy notable. Ya la secuencia de apertura es modélica para explicar en qué consiste el infierno de Bagdad: soldados patrullando por todas partes y sus inevitables bromas procaces, civiles suspicaces, el pánico ante las amenazas de bombas, la desconfianza de unos y otros... y el traje de artificiero, que parece propio de un cosmonauta, y subraya la idea de que los marines están verdaderamente en otro planeta, cuyas claves de inteligibilidad se les escapan. Otros pasajes recuerdan al western, duelo al sol en el desierto bajo un calor infernal, lo que se subraya con la partitura de Marco Beltrami y Buck Sanders, suavemente evocadora de los filmes de Sergio Leone y Ennio Morricone. Gran mérito del film es su huida constante del tópico. No estamos ante el elemental heroísmo de tantas películas bélicas. Tampoco se cae en la simple desmitificación típica de los títulos sobre Vietnam, opción seguida por Redacted de Brian de Palma o la miniserie Generation Kill. Es todo más complejo, y por ello, más creíble. Con inteligencia, se deja de lado la cuestión política -no se menciona a Bush en ningún punto del metraje-, optando por entregar hechos harto elocuentes, que permitirán al espectador sacar sus conclusiones. Como la detención de un taxista con un arma apuntándole a la cabeza, con la ironía que explica en gran parte la tragedia de la ocupación americana, de que “o era insurgente, o ha pasado a serlo”. Tampoco se cae en la tentación de mostrar a unos mandos lerdos, que no se enteran de nada. Y los protagonistas están lejos de ser unos tarados: son personas normales, auténticos camaradas, con familia, capaces de congeniar con Beckham, un chaval nativo; no desprovistos de problemas, tal vez adictos a las emociones fuertes, o su contrario, intentan evitarlas, pero ni una cosa ni otra les llena de orgullo, simplemente procuran hacer lo que mejor saben, encajar en el puzzle iraquí. El reparto es perfecto, está hecho con inteligencia. El trío de actores principales resulta bastante desconocido -genial Jeremy Renner, que compone un personaje muy poliédrico; totalmente en su sitio Anthony Mackie y Brian Geraghty-, una astuta opción, como lo es la de apuntar a nombres que suenan para papeles pequeñitos -Guy Pearce, Ralph Fiennes-.

8/10

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