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“Para preparar un personaje, no puedes juzgarle”

Quienes pasamos los cuarenta años, consideramos a Emma Suárez todo un icono, el rostro más visible de una generación del cine español. La actriz saborea un buen momento de su carrera, tras el espaldarazo que le dio Pedro Almodóvar convirtiéndola en protagonista de “Julieta”. Ahora se adentra en terrenos inéditos con la sobrecogedora "La influencia", ópera prima de Denis Rovira van Boekholt, donde interpreta a Victoria, posesiva matriarca de una familia que sobrevive conectada a una máquina, pero que aún así parece controlar el destino de sus dos hijas. Uno tiene en mente la sobrecogedora caracterización que exhibe en la película cuando se encuentra con la intérprete de títulos como “El perro del hortelano”, pero luego resulta que en persona… ¡derrocha simpatía!

 

Se trata de su primer acercamiento al terror sobrenatural típicamente puro. ¿Cómo llega al proyecto?

Cuando me enviaron el guión, precisamente me intrigó el hecho de que se tratara de una película de terror, porque nunca había rodado ninguna, así que pensé “qué ganas de aceptar”. Me lo leí, y me gustó mucho. No voy habitualmente a ver los estrenos de este género, porque paso miedo. Algunas veces me recomiendan alguno que otro, pero pese a todo, me cuesta. Así que me leí el guión a las doce del mediodía, con la luz entrando en el salón, y con mi hijo sentado al lado. En caso contrario no habría podido ni terminarlo. Iba pasando las hojas y me decía “prueba superada”. Me gustó mucho, y como suponía la oportunidad de adentrarme en terrenos desconocidos, decidí aceptar.

Ha sido una experiencia gratificante. He podido comprobar cómo se rueda una película de género. Se trata de un proceso laborioso por parte de todo el equipo. Me he dado cuenta de que tenemos todos un imaginario terrorífico, así que como te sugestiones, un pequeño movimiento de manos te puede inquietar. Cuidado porque el miedo puede invadirnos en cualquier momento.

emma suarez entrevista 2En La influencia, sorprende que no se trate sólo de un film de terror, sino que se tratan temas de interés. ¿Aceptó protagonizar la cinta por eso?

Me interesaba que mostrara que una víctima podía convertirse en verdugo, cuando no es capaz de asumir una situación trágica en su vida. Además, el libreto hablaba de la soledad, de la enfermedad, del miedo a la muerte y de la necesidad de permanecer, de dejar rastro en el mundo. Trata sobre todo los conflictos que pueden darse en una familia; el germen de la maldad puede nacer en un hogar, y se queda ahí durante mucho tiempo. Y lo que vives durante tu infancia te puede acompañar toda la vida. En cierta forma me comprometí con el proyecto porque no tenía un argumento vacío.

¿Se ha documentado mucho para preparar esta cinta?

Sí, hice un esfuerzo para ello. Vi películas que me recomendó el director, como Babadook, Hereditary, La posesión, de Andrzej Zulawski, con Isabelle Adjani, y revisé El resplandor, que es una película icónica.

A través de algunos libros que también me sugirió él, como “El libro de las sombras” y otros que compré en la librería Pasajes, que tengo cerca de casa, me adentré en el mundo de la brujería, y los rituales ancestrales. Me documenté bastante en lo referente a símbolos como los círculos, que se usaban mucho antiguamente en hechicería. Poder investigar territorios desconocidos me motivaba bastante para mi trabajo como actriz. Antiguamente, todas estas mujeres que utilizaban esencias, aceites o plantas de la naturaleza, como medicinas o como drogas, eran rechazadas por la sociedad. Se les quemaba en las hogueras, porque la sociedad no aceptaba el poder de lo femenino. Toda esta información me ha hecho ponerme en situación de lo que piensa mi personaje.

¿Cuál ha sido el secreto para que su villana resulte tan humana?

Se trata de entender sus motivaciones. Ha sido un proceso muy entretenido, aunque algo aterrador. ¡Tras ver la película me metí en la cama con miedo de mí misma!

Para preparar un personaje, no puedes juzgarle. Tienes que encontrar elementos que te acerquen a él, y que te hagan comprender por qué reacciona de determinada manera. Suele ser porque algo le ha pasado. Detrás de personajes extremos o malvados que provocan rechazo en el espectador hay un dolor, algún tipo de trauma. Como actriz siento que tengo que explorar ese lugar, descubrir qué le ha sucedido. Me di cuenta de que mi personaje en La influencia, Victoria, padece un sufrimiento terrible. No se siente capaz de cargar ella sola con la angustia.

En cualquier momento te puede llegar la inspiración para encontrar elementos que ayuden a darle personalidad propia a cada personaje. Un día encontré un palo al lado del lugar de rodaje, y lo incorporé como si fuera una especie de varita mágica, y casi por casualidad me di cuenta de que podía rascar superficies con el dedo, porque resultaba inquietante. Me movía un poco como las arañas.

¿Fue fácil trabajar con maquillaje protésico?

Se necesitaban cinco horas para ponerme el maquillaje. Y dos horas para quitarlo. Trabajar con prótesis me hizo tomar conciencia de la dificultad de encarnar a monstruos. Admiro a todos los actores que han hecho ese tipo de trabajos, porque no es sencillo. Una de mis películas favoritas de todos los tiempos es El hombre elefante, de David Lynch, con un buen trabajo de este tipo de John Hurt. Tuve que preparar mucho el movimiento de las manos y los gestos.

He tenido que reinventarme como actriz. Es un trabajo más teatral, más físico. Además, para dar miedo, hay que buscar cierta oscuridad en la voz, en la mirada, y en el movimiento, y expresar cierta violencia. Todo eso sin olvidarse de que se trata de una interpretación. Ser mala ha sido muy cansado, pero también divertido porque no lo había hecho nunca. Lo que no creo que haga es repetir, ha sido un esfuerzo descomunal.

¿No le resultaba incómodo estar mucho tiempo con las prótesis?

Algunos días he llevado once horas todas las prótesis encima. Entraba al set con energía, pero acababa agotada. Algunos compañeros no querían ni acercarse. De hecho, tenía amigos a los que conozco desde hace muchos años que en esta ocasión ni me han hablado. Me pedían que no les mirase. ¡Al final tenía que comer sola en un camerino! Nadie quería estar conmigo. Pero ha merecido la pena formar parte de este género.

Volvería a repetir algo similar, pero sin caracterización. Ya lo he probado, ¿no? ¡Pues no hace falta que lo vuelva a hacer! Además, creo que te puede alterar la piel. Admiro a Gary Oldman [que ha hecho películas con personajes que precisaban de mucho maquillaje como Drácula o El instante más oscuro, interpretando a Churchill]. Pero yo terminé el rodaje y me fui a la playa, donde acabé dando saltos.

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