saltar al contenido principal

"Se me ocurrió rodar esta película cuando pasaba a diario por la casa de Billy Wilder"

Tenía una espina clavada con Juan José Campanella, pues cuando en 2002 se estrenó en España “El mismo amor, la misma lluvia” con retraso, a rebufo del éxito de “El hijo de la novia”, me encontré en el pase de prensa a Eduardo Blanco con un señor. No pude evitar comentarle al actor que me había conmovido la célebre secuencia de los polvorones en el segundo de los títulos citados, y felicitarle efusivamente. Mucho después me di cuenta de que iba acompañado del director del film, el tipo que había rodado la emblemática cinta, y no le dije ni pío...

Ahora, se me presenta la oportunidad de pedirle perdón en la entrevista que me ha concedido en el madrileño Palacio de Linares, célebre por sus fantasmas, con motivo del estreno de El cuento de las comadrejas, comedia muy eficaz escrita y dirigida por él, que rememora el cine clásico. Está protagonizada por una antigua diva del cine, su marido –actor secundario–, el guionista habitual de sus películas, y su director de cabecera. Su existencia se ve amenazada por unos agentes inmobiliarios, como la de las gallinas cuando entran en el gallinero las comadrejas.

Una vez felicité a  por una película suya; éste iba con usted, pero yo no le conocía físicamente y no le dije nada. Me arrepiento mucho de aquello.

No se preocupe, ya son muchos años de estar en la sombra. Es habitual que el reconocimiento se lo lleven los actores, pero esto no es malo. Si sale mal también le echan la culpa a ellos (risas).

el cuento de las comadrejas 40222 g4¿Por qué ha tardado diez años en volver a rodar una película de acción real, tras el Oscar a la mejor película extranjera logrado con El secreto de sus ojos? En todo este tiempo, ha sido autor de un film de animación, Futbolín, y de numerosos capítulos de series, pero sorprende una espera tan larga.

Tras cuatro años rodando Futbolín, terminé extenuado, por la complejidad de trabajar con la tecnología. Nunca antes había hecho nada con animación digital. Así que para oxigenarme, decidí dedicarme a algo muy distinto, y terminé poniendo en escena una obra de teatro. Descubrí un nuevo amor. De hecho, he acabado haciendo dos montajes, y estoy construyendo un teatro. Pronto estrenaré el primero de ellos, "Parque Lezama", en el teatro Fígaro de Madrid. Es mi nueva pasión, y me tomé unos años para dedicarme a ella; ahora pienso continuar. Pese a todo, de repente, me entraron ganas de volver a la gran pantalla, y me acordé de un guion que yo mismo había escrito muchos años antes, que adaptaba la película Los muchachos de antes no tomaban arsénico, de 1976, dirigida por José Martínez Suárez.

Entonces, ¿cuándo escribió esta película inicialmente?

Hace mucho, cuando estaba en Hollywood, durante el proceso de montaje de mi segunda película estadounidense, Ni el tiro del final, en 1997. Iba mucho a las salas que todavía hay en Los Ángeles, donde exhiben grandes clásicos en copias buenísimas. Pasaba todos los días por la casa de Billy Wilder, lo que me llevaba a pensar en las películas de antes, y en concreto en Ariane, que me parece la mejor comedia romántica de la historia, aunque no parece suya, casi parece más dirigida por Ernst Lubitsch, con el que colaboró como libretista, y al que rinde tributo en aquella cinta.

Pensaba que en algún momento tenía que rodar una película así, con esos diálogos tan ingeniosos, que te transportan a otro mundo, pero recogiendo emociones con las que te identificas. Me vino a la mente imaginar cómo sería una película de Wilder, si se la hubieran encargado los Estudios Ealing, especializados en humor negro. Y así surgió El cuento de las comadrejas.

Cuando redescubrí mi trabajo, me entusiasmó. Como lo había escrito en los 90, ahora he tenido que cambiar la generación de los protagonistas. En el original habían sido glorias en los años 30 y 40. Ahora han triunfado en los 60. Esto implicaba cambiarlos bastante, pues por ejemplo de escuchar música clásica pasaban al rock'n'roll, y en vez de jugar a la petanca, ahora practican el billar. Los he reconvertido en tipos que antes se dedicaban a los excesos nocturnos. Pero todo esto le ha dado mucho dinamismo a la película.

Lanza una crítica, quizás una mirada amarga, al lado oscuro de la fama, como en El crepúsculo de los dioses, también de Wilder.

Sí, despotrico contra esta realidad, aunque más que una mirada amarga, trato de describirla como algo absurdo. También trato de verlo con piedad. Los actores muy famosos reciben un reconocimiento que no alcanza nadie que esté detrás de las cámaras, en todo caso se puede comparar con el de algunos jugadores de fútbol. A algunos les cuesta adaptarse, cuando pierden ese nivel de adulación, lo viven con mucha tristeza.

¿Usa a los personajes de Óscar Martínez, el director Norberto Imbert en la ficción, y de Marcos Mundstock, el guionista Martín Saravia, para hablarnos de usted y de su mundo, en clave metacinematográfica?

Lo hago con humor autoparódico; no conviene tomarse a uno demasiado en serio [risas]. El director me sirve para desmitificar mi trabajo, e incluso odia su película La niña que gritó puta, título que recuerda a la mía El niño que gritó puta. Pese a todo, soy más similar en cuanto a gustos al libretista, me gusta el billar en lugar del ajedrez, y como él, adoro el Oporto. Es más carnal el personaje de Martínez, y más cerebral el de Mundstock, pero creo que he repartido mi personalidad entre ambos. En mí conviven los dos.

El personaje de Mundstock me sirve para establecer un juego de complicidad con el espectador. Anuncia que si lo que están viviendo fuera una película, en ese momento habría un punto de giro, y éste efectivamente se produje. Tuve cuidado para que pudieran entender todo los espectadores ajenos al mundillo del Séptimo Arte. Por otro lado, los entendidos podrán poner a prueba cuál es su nivel de cine.

el cuento de las comadrejas 40222 g3Encabezan el reparto cuatro grandes glorias del cine argentino. ¿Está satisfecho de trabajar con y los citados  y ?

La palabra "satisfecho" se me queda corta. Estoy "muy", "muy satisfecho". Ellos se conocen desde hace muchísimos años, por lo menos desde los 60. Varios han coincidido en alguna película, pero es la primera vez que el cuarteto se reúne en su totalidad en la pantalla. El resultado ha sido excepcional para ellos y para mí, pero pienso que también para la mayoría de los que han trabajado en la película, incluyendo a jóvenes técnicos, recién salidos de la escuela de cine, para quienes estar con ellos suponía un acontecimiento importante. Creo que transmiten muy bien en pantalla la complicidad que existe realmente entre ellos.

¿Cómo fue el trabajo con la española Clara Lago?

Una de sus virtudes es que no se deja intimidar frente a estos cuatro monstruos. Había que plantarse frente a ellos, lo que no resulta nada fácil. Ella tiene seguridad y aplomo, así como la capacidad de pasar de ser una joven ingenua a una auténtica arpía, bastante fría. Su trabajo ha sido monumental. Espero volver a trabajar con ella pronto.

¿Y por qué ha reclutado a Nicolás Francella, hijo de su habitual actor Guillermo Francella?

Era ideal para hacer frente a otro desafío, no menos meritorio. Su personaje en el fondo es menos malvado que el de Lago. Él no se da cuenta de que está haciendo una cosa fea, e incluso le da pena estar timando a los ancianos. Si él pudiera, seguiría yendo a tomar un café cada semana con ellos después de engañarles y les diría: “No se lo tomen a mal, esto es un negocio"”. Tocar esa cuerda también era difícil y este chico lo hace a la perfección, tiene un gran futuro.

¿Ha pretendido reivindicar el valor de la tercera edad?

Sí, aunque en realidad el film es más sobre los valores; se apunta que los jóvenes ni los conocen, y los veteranos sí, pero son capaces de renunciar a ellos para salvaguardar su unión y su amistad. Existe una lucha entre dos generaciones, pero sobre todo entre dos grupos, uno que representa a los que son capaces de todo por tener más, y otro que haría cualquier cosa por pasarlo mejor. La diferencia está en dónde considera cada uno de ellos que está la esencia de la vida.

Volviendo a la reivindicación del cine clásico, ¿cree que ya no se hace cine como el de antes?

Creo que no. Quizás la factura técnica de los antiguos títulos ha quedado envejecida, en comparación con lo que se hace ahora. Pero eran largometrajes que te hacían reír, te hacían llorar, te sorprendían, te emocionaban y te metían en el mundo de la película. Te olvidabas de tu vida durante dos horas.

Ahora, la mayoría de lo que se hace son películas para chicos. Los superhéroes y la animación suponen el 95 por ciento de los grandes estrenos. Lo que queda suele verse desde fuera, parece que tienen una mirada distanciada hacia el ser humano. Existen pocas, pero honrosas, excepciones de películas que son capaces de transmitir emociones. Muchas veces sales del cine diciendo "está buena, para pasar el rato". A mí no me gustan los estrenos "para pasar el rato". ¡Tienen que ser una experiencia de vida! Que no te olvides nunca cuándo la viste, por qué, dónde, y con quién estabas.

¿Cree que pocas veces vemos las películas modernas más de una vez? Yo confieso que he revisado algunos de sus títulos, sobre todo El hijo de la novia, y hasta me ha gustado más que en el primer visionado.

Me alegro que me diga eso, porque aspiro a ello. De hecho, lleno las películas de elementos que cuando los ves por primera vez no se aprecian del todo. Me encanta que la gente los hile cuando repite. “Ah, dice eso porque ahora viene aquella escena...”. Entras en una nueva dimensión cuando ya sabes lo que viene después. Mucha gente me ha dicho que El secreto de sus ojos y El cuento de las comadrejas se disfrutan más al volverlas a ver. Le agradezco que me diga eso también de El hijo de la novia.

¿Qué opina de que veamos tanto cine ahora en plataformas digitales?

Está bien para pasar el rato. Pero no es lo mismo. Ni te ríes tanto, ni te emocionas tanto, estando solo en tu casa, tirado en la cama, con molestias como la luz que entra o las llamadas de teléfono. Todo eso impide que te sumerjas en el mundo de la película. Todavía es imbatible la experiencia de asistir a una sala.

Hemos comentado antes que estrena la obra teatral "Parque Lezama" en Madrid. ¿Por qué recomendaría al público que fuera a verla?

Es una obra escrita originalmente por Herb Gardner que yo vi por primera vez en el año 85 en Broadway. Modeló todo mi estilo y mis películas. Es el mejor montaje que he visto en mi vida, es súper emocionante, es muy gracioso... Invertí treinta años en conseguir los derechos y que me dejaran adaptarla a mi estilo, y finalmente lo logré. Creo que los admiradores de mis películas van a encontrar el texto donde nació todo.

Compartir en Google Bookmarks Compartir en Meneame enviar a reddit

CALENDARIO ESTRENOS DE CINE