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Entrevista con Paco Plaza, director de "Quien a hierro mata"

Ya estaba considerado uno de los grandes directores españoles especializados en terror, pues fue coautor de “{Rec}”. Pero ahora Paco Plaza alcanza la madurez, dando un salto de gigante en su filmografía, demostrando que puede rodar un thriller de primera. Ya se comenta que “Quien a hierro mata” podría convertirse en la película española del año. Luis Tosar vuelve a apasionar, esta vez como Mario, enfermero jefe de la residencia de ancianos que acoge a Antonio Padín, patriarca de una banda de narcotraficantes que sufre una enfermedad degenerativa.

 

Como se indica desde su título, Quien a hierro mata se centra en las consecuencias del rencor. ¿Eso diferencia el film de otros thrillers sobre la venganza?

Pienso que sobre todo se distingue del resto porque el espectador nunca sabe dónde posicionarse moralmente. No se tiene muy claro si estar a favor de que el protagonista consiga su objetivo o no. Me decidió a decantarme por dirigir este largometraje sobre todo que no tiene personajes buenos o malos.

Ya el nombre está insinuando que cada acción tiene una consecuencia. “Quien a hierro mata, a hierro muere”, decía el refrán. Todo lo que hagas acaba rebotando en ti mismo. El personaje que interpreta Luis Tosar tiene la posibilidad de abandonar el camino del odio, para tener una vida familiar. Pero decide alimentar esa parte oscura de sí mismo.

Pienso que siempre que odias, o generas negatividad hacia alguien, en realidad estás viéndote a ti mismo. Ves reflejado en la otra persona una parte de ti que no te gusta, por eso se reacciona con desprecio o violencia.

quien a hierro mata 39205 g2Están de moda las películas dinámicas e incluso apresuradas. Pero usted ha preferido un ritmo lento. ¿Cree que le pueden caer críticas negativas por esta elección?

Cada historia requiere su tiempo. Parte de mi trabajo consiste en saber cuál es el que requiere cada una, igual que debo escoger el tono. Son elecciones que prefiguran la naturaleza intrínseca del film. Ahora mismo escucho a mucha gente que asegura que Érase una vez en… Hollywood, la última de Quentin Tarantino, se le ha hecho larga. Pues sí, es que es larga. ¡A mí se me hizo súper corta!

En este caso, para llegar a entender las atrocidades que comete el personaje de Tosar necesitaba ese tiempo. Pienso que de buenas primeras el espectador no se creería lo que hace, se tiene que sentir el peso del tiempo, para darle el espacio de evolucionar y tomar las decisiones que tome. El ‘tempo’ debe ajustarse a las necesidades para entender al personaje. Si hubiera sido más rápido, el espectador pensaría “¡cómo se pone éste enseguida!”. Si vives poco a poco al nacimiento de esa sensación de angustia que le invade le puedes llegar a entender. Esa cocción lenta ayuda mucho a que vayas viendo… ¡cómo se le hinchan las narices!

Los mafiosos no son elegantes como los de El padrino, sino más bien unos brutos, sobre todo los hijos del narco principal. ¿Tenía muy claro que debía quitarle el ‘glamour’ a los narcotraficantes?

Por un lado, queríamos ser muy fieles a la realidad del narcotráfico en Galicia. Por otro, el film se posiciona en el reverso, tiene como protagonista a un personaje en cuya vida la droga ha hecho estragos. Tendemos a ignorar estas realidades en el cine, cuando se ve a los gangsters con cierta simpatía, inevitable por otro lado, pero se corre el riesgo de olvidar que este problema ha traído como consecuencia una generación perdida en Galicia. Ha muerto mucha gente, y ha causado muchos daños sociales. El personaje de Tosar viene herido por los efectos colaterales de este negocio criminal. Por eso no queríamos dar una visión amable o idealizada de lo que es un sector realmente muy turbio.

Comenta que quería lograr el mayor realismo posible. ¿Llevó a cabo una labor de documentación? Sorprenden detalles, como por ejemplo que los narcos se comunican a través de llamadas perdidas a móviles.

Ya de por sí el guión original de Juan Galiñanes tenía esos detalles auténticos, porque él nació en la zona, concretamente en Cambados. Creció en el epicentro del narcotráfico en pueblos muy pequeños, donde los traficantes son tus vecinos, o incluso el padre de algún amigo. Forman parte del tejido social de donde vives. Para él, muchos elementos eran muy familiares.

Por mi parte, cuando preparaba la filmación, viajé varias veces a Rías Baixas para hablar con gente de todo tipo. Conocí a gente dedicada al narcotráfico, pero también a quienes se dedican a perseguirlo. Un pequeño bloque del film muestra cómo se desmonta una operación de narcotráfico, y pretendía que pareciera real.

Se trata del primer guión ajeno que usted dirige. El film tiene un plano final muy potente que no se puede desvelar. ¿Ya estaba en el libreto original?

Sí, precisamente cuando terminé de leerlo tomé la decisión de rodar la peli. Rara vez encuentras una imagen que en un solo encuadre resuma tan bien lo que tiene la trama por debajo. De hecho llamé a Emma Lustres, productora, para decirle que aceptaba el encargo siempre y cuándo pudiera llegar a filmar esa toma, que después no pondrían problemas o vendría alguien a decir que se trata de un plano demasiado explícito. Si lo quitamos, estamos traicionando la historia. Creo que no ha sido el germen de los guionistas, pero para mí sí ha sido un motor para involucrarme en el proyecto.

¿Piensa que su carrera quedará marcada con ese impresionante plano, como Alfred Hitchcock por la ducha de Psicosis?

No lo sé (risas). Creo que es una de las imágenes más fuertes que he rodado. En cada película intento encontrar otras similares, por ejemplo en [Rec] 3 Génesis una pierna con un liguero rojo y una sierra mecánica, en Verónica, un eclipse proyectado sobre el pecho de la protagonista. Siempre intento encontrar metáforas visuales de toda la película al concreto. Ésta cumple este requisito y además lo que se ve en la pantalla resulta especialmente espeluznante.

quien a hierro mata 39205 g3¿Qué ha sido lo más complicado a la hora de rodar?

Lograr empatizar con todos los personajes. Se tenía que entender qué lleva a actuar de una forma determinada al protagonista, pero también qué lleva a un capo a recluirse en una residencia, una decisión insólita. Sus vástagos pueden parecer a priori un par de alimañas, pero yo acabé viéndoles como unos chicos que en el fondo están mendigando una palmadita en el hombro de su padre. Necesitan amor. Entender esa complejidad de cada personaje para transmitírsela a los actores fue posiblemente lo más difícil, pero por otro lado también lo más interesante. Me parece un elemento fundamental para que el film no fuera un thriller más, sino que dejara un poco de poso.

Se trata de una película muy gallega, con personajes típicos de allí, etc. ¿Costó mucho encontrar actores con el acento de allí?

Era muy importante. Estoy convencido de que las películas que son más locales conectan más con el público universal. Soy apasionado del cine coreano, que está muy enraizado en su cultura. Se muestra por ejemplo lo que comen, o se ve que su forma de comportarse y su humor es distinto.

Para conseguirlo estaba arropado por un equipo cien por cien gallego. Salvo en el caso de los dos hijos del narco… ¡pues ninguno de los dos es gallego! Nadie lo ha notado, así que han debido hacer un trabajo muy bueno, de mimetización del acento y de la forma de hablar.

Quien a hierro mata contiene elementos del cine de terror, pero se trata de un thriller dramático. ¿Le costará a su público habitual aceptar su nuevo trabajo, que se aparta del género al que se le asocia y del que prácticamente no se ha movido a lo largo de toda su carrera?

He metido algún otro guiño (risas). Por ejemplo, la empresa de los narcotraficantes se denomina Mariscos Taboada, por Carlos Enrique Taboada, director mexicano de grandes títulos fantaterroríficos, como Veneno para las hadas, que me apasiona especialmente. Por otro lado, la residencia de ancianos se llama Residencia Argento, por el italiano Dario Argento.

Aunque no se trate de un film de terror, quizás sea el más aterrador que he hecho. Cuando la amenaza viene de zombies o fantasmas son accidentes que ocurren. Pero aquí estamos hablando de la oscuridad que llevamos dentro. Más aún, de cómo una buena persona puede cometer actos repulsivos. Nadie está a salvo. Por muy bueno que creas ser, puedes llevar dentro de ti algo que te lleve al lado oscuro. Me están comentando mucho que algunas imágenes del film recuerdan al cine de terror, pero pienso que eso es inherente a mi caligrafía propia, por el cine que consumo, el que me gusta y el que he hecho siempre. Me expreso así: con ramalazos del cine de terror.

El enfermero Mario tiene gran intensidad. ¿Ya estaba en el guión o la ha adquirido gracias al actor que le interpreta, Luis Tosar?

Buena pregunta. Sin desmerecer a ningún actor con el que haya trabajado, Tosar es como Messi (risas). Impresiona.

Reescribimos algunas escenas cuando confirmamos que él estaba en el reparto, porque ya sabíamos que él iba a llegar a donde hiciera falta. Por ejemplo, en una escena aparece viendo la tele con su esposa, primero está riéndose, pero al final no se sabe si se carcajea o está llorando. Con otro actor había que inventar otra cosa, pero él con sus propias herramientas consigue transmitirlo. El personaje ya era intenso desde el principio, porque le pasan cosas terribles, pero Luis ha conseguido llevarlo más lejos.

Ya se habla de que el film competirá con fuerza en los Goya. ¿Qué espera de la temporada de premios? Se da incluso por hecho que ya tiene un galardón asegurado, el de Actor Revelación para Enric Auquer, que encarna a Kike, el hijo más impulsivo. Yo lo pensaba, pero ahora más… ¡después de que haya dicho que no es gallego!

En este momento sólo estoy preocupado por el estreno, por saber cómo reaccionan los espectadores. Voy por fases. En cualquier caso, nunca trato de pensar en los galardones, lo importante es conectar con el público y que la recomienden. Luego Dios dirá.

Por último, me gustaría preguntarle por “La vida sigue igual”, de Julio Iglesias. Suena en la película, y el público se sorprenderá de la fuerza que le da a los planos del segmento en el que sale.

Existe un motivo personal para incluirla. Mi padre no pudo estar en el parto, cuando nació mi hermano mayor, porque tenía que trabajar. En aquella época era bastante habitual que los hombres no fueran hasta que no acababan su jornada. Después le cantó a mi madre esa canción.

Cuando hicimos el casting teníamos que encontrar a la actriz ideal para interpretar a Julia, la pareja de Mario. Usé esa tema musical. Cuando apareció María Vázquez bailó “La vida sigue igual" con Tosar, y se produjo un instante de magia, así que no me quedó duda de que tenía que contratarla a ella.

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