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Recibe el Premio Donostia en el Festival de San Sebastián

Tiene 84 años, pero muestra una lucidez sorprendente. Quizá porque tuvo una experiencia cercana a la muerte durante el rodaje de “Los violentos de Kelly”, uno de los temas que Donald Sutherland trató en la rueda de prensa que dio en San Sebastián, con motivo del Premio Donostia que recibirá está noche en el Kursaal.

Con más centenar y medio de películas y series de televisión, se entiende que Donald Sutherland no se moje cuando se le pide que señale cuál es su título favorito. “Es como si me pidieran que escoja a mi hijo favorito. No es posible, los quiero a todos”, dice quien es padre de cinco hijos, uno de ellos también una celebridad en el cine, Kiefer Sutherland. De todos modos tiene unas palabras para mencionar a Federico Fellini, con quien trabajó en Casanova.

Sutherland está encantado con San Sebastián y el Premio Donostia que honra toda su trayectoria. A la hora de hablar de su carrera profesional, el actor canadiense recuerda cómo sorprendió en casa su intención de ser actor de teatro, sin haber ido nunca al teatro ni haber visto una obra en vivo. Su padre le recomendó que estudiara ingeniería y, recuerda, “se me daban bien las matemáticas”, pero al final serían los escenarios y luego el plató de cine, los lugares donde se ganaría la vida.

donald shuterlandSutherland vivió un cambio en Hollywood en los 60 y 70, el sistema de estudios se transformó, y también en la actualidad advierte cambios con el cambio de los sistemas de rodaje, del celuloide se ha pasado digital. Y menciona algo que un actor advierte, y es que han terminado las esperas en que había que cambiar el rollo de película para seguir rodando, las antiguas latas no permitían filmar más de veinte minutos de película.

Un joven periodista abarca con su pregunta las películas que ha disfrutado la juventud de distintas generaciones, al mencionar Los violentos de Kelly, que vio con su padre siendo niño, y la saga de Los juegos del hambre, concebida cuando se rodó para gente de su edad. En este momento Sutherland recuerda un suceso de su vida, precisamente durante el rodaje en la antigua Yugoslavia, una experiencia en que se vio como flotando, y asomando el famoso túnel que anticipa el final. Padeció entonces una meningitis, y en el hospital no tenían la medicación que necesitaba, de modo que entró en coma. Asegura el actor que se daba perfectamente cuenta de lo que pasaba, pero que alrededor le trataban prácticamente como si estuviera muerto. “Si tienen algún ser querido en coma, por favor, tóquenlo, háblenle”, aconseja. En ese estado tuvo que escuchar como aconsejaban a su mujer por teléfono que no se desplazara hasta ahí, que ya le enviarían el cuerpo. “Y aquí estoy, hasta hoy”, dice con una sonrisa de satisfacción.

Sobre Los juegos del hambre, donde compuso el personaje del presidente Snow, afirma que le interesó el guión, y que le parecía interesante lo que tenía que decir a las nuevas generaciones. Alaba además a la entonces aún prometedora actriz Jennifer Lawrence, que luego se consolidaría como una las mejores de su generación.

Podía haber sido un momento tenso, pero no. Alguien arroja al actor una pregunta extracinematográfica, su opinión sobre la crisis de los refugiados en Europa, y la moderadora de la rueda de prensa recuerda que las cuestiones deben versar sobre su carrera cinematográfica. Pero Donald Sutherland no quiere eludir nada, aunque admite que no sabe muy bien qué le quiere preguntar su interlocutor. De modo que señala que la situación de los refugiados le parece muy triste, que en Canadá acogen a refugiados, igual que hicieron en su caso con sus antepasados. Y entonces se refiere a lo que le parece el gran problema de la humanidad, el cambio climático. “Me preocupa el mundo que les vamos a dejar a los jóvenes”, y asevera que en China ya no hay abejas para hacer la polinización de las flores, y que son trabajadores los que deben hacer esa tarea en los cultivos. De un modo muy expresivo, aludiendo a la cumbre internacional que transcurre estos días en Nueva York, dice que “la postura de Naciones Unidas es una mierda”.

En el festival se va a proyectar fuera de concurso la última película de Donald Sutherland, Una obra maestra, un thriller que se ambienta en el mundo de la pintura, los artistas, los marchantes y los críticos, y que según su director Giuseppe Capotondi está armada alrededor del concepto de la verdad, que se nos escurre. El italiano recuerda el primer encuentro con Sutherland en la suite de un hotel, en que iba muy serio dispuesto a ganarse al actor con mucha palabrería, pero el otro enseguida le frenó para lograr una relación más cercana y cordial.

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