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Entrevistas Nos hablan de su miniserie inspirada en un relato de Jack London

Mateo Gil y Willy Toledo quieren convertir en debate todo lo que tocan "Los favoritos de Midas"

Paga o muertes. Es el chantaje al que se enfrenta un empresario en “Los favoritos de Midas”, intrigante serie creada por Mateo Gil y Miguel Barros, con intención de suscitar debate. Charlo con Mateo Gil y uno de sus actores de conocidas inquietudes sociales, Willy Toledo.

El formato de miniserie parecía muy adecuado para adaptar una novela tan voluminosa como “Patria”. Los favoritos de Midas parte en cambio de un relato corto de Jack London, apenas unas páginas, y sin embargo ha escogido adaptarlo con este formato. ¿Por qué?

Mateo Gil: Precisamente la brevedad del relato de London me hacía más fácil el reto. No sé si me habría atrevido con alguna otras de las obras mucho más largas del escritor, y que hacen la adaptación más compleja. Aquí no tenía tanto miedo a no ser fiel al original, era más difícil caer en “la herejía”.

Llama la atención el cambio de contexto, trasladar el relato a la actualidad, mostrando la conflictividad social. Y aunque la idea de la serie es anterior a la pandemia del Covid-19, está claro que este hecho incrementa esa sensación de ser una historia tremendamente actual...

M.G.: Cuando hace casi 20 años Miguel Barros y yo nos pusimos a trabajar en Los favoritos de Midas, la idea era prácticamente la misma. Ha cambiado la subtrama periodística, porque entonces internet no había hecho el daño que actualmente observamos en los medios de papel. Al principio habíamos trabajado pensando en una naviera o en una siderúrgica, como la empresa del protagonista.

El marco económico era distinto, no había ocurrido la crisis financiera de 2008. Quizá por eso cuando tratamos de vender la idea, no era recibida con entusiasmo. La crisis actual ha hecho más fácil ahora que se diera luz verde a la producción. Abrimos los ojos a una realidad que resulta ser más turbia de lo que habíamos pensado entonces. Las aristas morales son mucho más afiladas.

La serie es un thriller, pero con un fuerte componente social. ¿Qué valores intenta transmitir?

M.G.: ¡Transmitir valores! [risas] ¡Transmitir valores! No, por favor, no pretendo transmitir ningún valor, no soy tan engreído. Pero sí quiero plantear muchas preguntas, que yo mismo me planteo. Una fundamental, es cómo debemos lidiar con la escalofriante frialdad emocional con la que nos enfrentamos a la injusticia social. Me tiene perturbado ahora mismo la despreocupación con que la gente recibe la noticia de más de 400 muertes diarias a causa del coronavirus. Mucha gente se muestra despreocupada a la hora de usar mascarilla, y me quedo helado. ¿Somos así? ¿Nos adaptamos de un modo tan terrible a una realidad atroz? ¿Está nuestro sistema democrático a punto de ser tumbado y convertirse en otra cosa, y nosotros permanecemos impasibles?

Guillermo, ¿cómo ha sido adaptarse al personaje del policía? ¿Cómo se ve en la adaptación de un relato escrito hace más de 100 años? ¿No ha cambiado nada desde entonces?

Guillermo Toledo: La buena literatura es atemporal. Cuando una producción habla de cosas que nos interesan a todos, un dilema ético tan interesante como el que plantea la serie... Nadie ha pasado por algo tan fuerte como lo que vemos en la serie, pero sí por situaciones ante las que había que optar entre ser fiel a las propias convicciones éticas o descuidarlas. Son situaciones universales.

Es cierto que han pasado 120 años desde la publicación del relato, pero la calidad de Jack London lo hace atemporal. Resiste al paso del tiempo, y encaja con el tiempo que nos ha tocado vivir. ¿Existe alguna asociación como “Los favoritos de Midas” en el mundo real? No lo sabemos, pero podría ser, no es descabellado. El ser humano puede llegar a extremos increíbles.

Luego está la situación de la Revuelta Española, de la gente que sale a las calles. Mateo se ha inspirado en los chalecos amarillos de Francia, que se han ido extendiendo por toda Europa. Engancha con la actualidad real.

La serie, al partir de London, tiene el componente del darwinismo social. Pero se añade el fondo de la pérdida de la conciencia, interesante en un país de tradición cristiana como el nuestro. Se habla del peso del pecado, de las líneas rojas que no se pueden traspasar. ¿Se ha perdido sensibilidad moral, la conciencia del bien y del mal?

M.G.: Los personajes cuando hablan de pecado lo hacen en un sentido ateo. Sí pretendo que tengan cierta categoría moral. No se plantean las cosas en términos de bien o mal, pero sí de líneas rojas que no deberían traspasarse, y que como dice la periodista cada vez desplazamos un poco más allá. Cada vez parecen más normales actitudes que no deberían parecer normales, como la de que unos gobernantes no atiendan la voz de sus parlamentos. Se pueden cruzar las líneas rojas de un modo que no debería permitirse en una democracia o en un estado de derecho. En Europa y América está ocurriendo.

Cuando habla de las líneas rojas, ¿sería únicamente la legalidad la vara de medir de lo que se puede o no hacer? ¿No hay algo más de fondo?

M.G.: Por eso está la subtrama del periodismo, que investiga las cosas más allá de que sean legales o no. Pueden plantear que algo sea cuestionable desde un punto de vista político o moral. Si se tratara solo de la legalidad, todos tendríamos que hacernos abogados.

G.T.: Creo que la gente tiene claro lo que está bien y lo que está mal, incluso cuando hace el mal. Los que explotan a los trabajadores son conscientes de lo que hacen, y seguramente saben que no hacen bien, y a pesar de todo lo hacen.

No se están perdiendo los valores, la moral, la conciencia. No creo que nuestra época sea peor que otras. Los seres humanos somos seres humanos, libres y con capacidad de decidir.

Sin embargo, las personas tienen una gran capacidad de autoengañarse, de decirse que obran bien, porque a nadie le gusta admitir lo contrario...

M.G.: Es uno de los problemas que se producen ahora. Se habla de que no hay una verdad, sino muchas, y es aquí donde el periodismo debe recuperar su fuerza y su legitimidad. Cuando hablo de líneas rojas que se desplazan me refiero justo a eso, el tomar como buenas o normales cosas que no lo son. Estamos en un momento muy delicado. Si a mí hace 20 años me hubieran dicho que la Unión Europea estaría en el punto en que está, y que habría algunos líderes que yo pienso que no tienen mucho aprecio por la democracia, no sé si me lo hubiera creído.

Mateo, ¿cómo ha sido trabajar con Carmelo Gómez?

M.G.: Casualidades de la vida, suerte. En realidad tenía ganas de volver a la ficción rodada, aunque como sabemos, donde se mueve sobre todo y es lo que más le gusta son los escenarios. De momento no le apetece hacer cosas grandes , por esa relación de amor y desamor con la ficción rodada. Aunque su aparición es breve, le encantó el papel.

Guillermo, ha compatibilizado cine y series de televisión. ¿Cómo cree que ha cambiado el panorama con la llegada de las plataformas digitales?

G.T.: Ha cambiado mucho, en dos aspectos fundamentales. Está dando mucho trabajo a mucha gente del audiovisual que se encontraba en una situación desesperada. La situación laboral de actores y actrices se ha aliviado, no hace tanto, según un informe que publicó “El País”, se hablaba de un 85% de paro. Y además, se tratan temas actuales, como en la serie Antidisturbios, o Los favoritos de Midas, que se entronca con la actualidad también, al describir las empresas, los medios, la policía, el suprapoder. Se abordan debates que están en la calle y en las redes sociales. Las plataformas han cambiado la situación.

Los “locos” dicen a veces grandes verdades. ¿Cuál es el virus de esta sociedad?

G.T.: Con respecto a los locos, a la acusación de “estás loco”, se suele decir que primero te desprecian, luego te atacan y finalmente puede que triunfes. Hay locos como Donald Trump, que no está ni de refilón cerca de la verdad pero que... Cuando alguien dice verdades incómodas se le desprestigia de mil maneras. Una con la locura. Yo esto lo he sufrido de mil maneras en mis propias carnes. Ah, y el virus de esta sociedad es el capitalismo.

M.G.: Hay un montón de causas que se entrecruzan, no es fácil hablar de “el” virus. Pero tal vez se podría hablar del exagerado tamaño que llega a adquirir el poder.

¿Qué reacción esperáis de los espectadores de la serie?

G.T.: Nunca se sabe. Muchas veces me han puesto en la mesa un guión diciéndome que iba a ser un pelotazo, y luego no se ha comido un rosco. Y otras pasa lo que con El otro lado de la cama, un musical con canciones de la movida, que parecía que iba a quedar en nada y sin embargo... Una gran película que me encanta, en cambio, After, de Alberto Rodríguez, se estrelló.

M.G.: No sé. En mi intención espero haberlo hecho lo bastante bien para que el espectador no se pregunte todo el rato quiénes son “Los favoritos de Midas”, y en cambio entre en los pequeños y grandes debates que están sembrados en la trama. La serie está terminada en todo caso, desde hace tiempo, así que la suerte está echada.

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